domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Quién controla a Internet?


Le Monde

Traducción Susana Merino_04-09-2011

Dada su naturaleza descentralizada, internet no está controlada por ningún organismo de Estado ni empresa. Pero contrariamente a una idea muy difundida, la red no es una “jungla” absolutamente libre en todos sus niveles, muchos organismos ejercen o pueden ejercer control o censura sobre las informaciones que en ella circulan.

Mapa de los países “enemigos de internet” o “bajo vigilancia”según la organización Reporteros sin Fronteras. (RSF)

Luego de la publicación de nuestro artículo dedicado al proyecto Conmoción que permite la creación de redes informáticas no censuradas y fáciles de difundir en países con gobiernos dictatoriales, muchos lectores nos han preguntado quién controla hoy en día a internet.

A nivel mundial

Las estructuras básicas de Internet están bajo el control del ICANN, la corporación de Internet que asigna nombres y números. Se trata de un organismo con un estatuto muy particular, porque se trata de una sociedad sin fines de lucro, sometida al derecho californiano. Se halla conformado por muchas comisiones que administran aspectos estructurales, el ICANN se ocupa especialmente de los nombres de los dominios o del funcionamiento de las direcciones IP (Protocolo de Internet) las “direcciones” de las máquinas y de los sitios en la red.

El gobierno de este estratégico organismo es objeto de numerosos debates: varios países le reclaman especialmente la super representación de los usamericanos en las distintas comisiones. Europa y China piden desde hace muchos años una mayor apertura en la administración de la función IANA, la “raíz” de Internet que administra por ejemplo los nombres de los dominios.com. El poder del ICANN es fundamental, puesto que la organización puede suspender íntegramente los nombres de los dominios como lo hizo con el .iq iraquí o con el dominio afgano.

Con el objeto de asegurar el buen funcionamiento de la red, existe un organismo diferente del ICANN encargado de fijar las normas técnicas de las tecnologías más comunes en Internet como el lenguaje HTML: el Worl Wide Web Consortium (W3C) cuya gestión realizan conjuntamente expertos usamericanos, europeos y japoneses.

A nivel nacional

Aunque descentralizada la red depende sin embargo, para su buen funcionamiento, de cables: cuando no existen “tubos” lo suficientemente grandes, el tráfico puede ser muy lento. Pues bien hay muchos países que son dependientes de esos cables submarinos o subterráneos, para acceder a la red. En Africa muchos países dependen de las decisiones de sus vecinos o de la elección de empresas privadas.

Algunos países, tiene en consecuencia, la posibilidad técnica de bloquear o de censurar Internet en todo o en parte. Durante las manifestaciones que precedieron a la caída de Mubarak, Egipto pudo cortar casi instantáneamente el acceso a la red presionando a los proveedores de acceso a Internet (FAI) Bloqueando dos protocolos vitales de intercambio de información se cortó en pocas horas el acceso a la red.

Sin llegar a esos extremos, muchos países ejercen también un muy fuerte control sobre la red. En los países autoritarios se bloquean así contenidos contrarios a las leyes nacionales, pero también en las democracias: en Francia, la ley de juegos en línea por dinero permite ordenar el filtrado de sitios que no han sido aprobados. En Australia un extenso proyecto de filtrado ha sido rechazado en varias oportunidades por dificultades técnicas y políticas. Estos sistemas de filtrado no son totalmente infalibles, pero las formas de evitarlos suelen ser de utilización bastante compleja.

La organización de defensa de la libertad de expresión Reporteros sin Fronteras publica anualmente la clasificación de los países que censuran internet. Diez países han sido clasificados por RSF como “enemigos de Internet” debido a la draconiana censura que ejercen sobre la red. Entre ellos se encuentran, China, Birmania e Irán en los que las actividades de los internautas son igualmente espiadas.. Rusia y Francia han sido clasificados como “países bajo vigilancia” debido a leyes vigentes que permiten filtrar sitios web.

Para cada ordenador

En el seno de cada país varios actores pueden ejercer control sobre la forma como los usuarios acceden a Internet. Los proveedores de acceso disponen teóricamente de importantes poderes: pueden por ejemplo bloquear o desacelerar alguna clase de tráficos, por ejemplo la telecarga en P2P. Desde la creación de la Web, una reglamentación no escrita, denominada como “neutralidad de la red” prevé que los operadores no discriminen los contenidos que circulan en la red; cualesquiera fueren el usuario o la clase de datos, todas las informaciones deben circular teóricamente a la misma velocidad.

Pero los FAI se quejan de la saturación debido al desarrollo exponencial de la red, deseando en ciertos casos ignorar esta regla- Para la mejor administración de la red, estiman, sería deseable poder dar prioridad a ciertos “paquetes” de información en detrimento de otros, como por ejemplo, los videos en línea. En algunos países y especialmente en los EE.UU. y en Canada los FAI controlan igualmente la velocidad de las conexiones y la cantidad de datos telecargables por los internautas.

En las cabeceras de la cadena, el internauta esta igualmente sometido al control de su red local, si no está conectado directamente a Internet. En la práctica son a menudo las empresas las que mantienen mayor poder sobre las conexiones de los internautas. Es efectivamente más simple filtrar una red pequeña que hacerlo a escala de todo un país

sábado, 3 de septiembre de 2011

Venezuela
Software Libre como opción política

Revista Infocentros_03-09-2011


Un corto análisis histórico desde la aparición del Software Libre en nuestro país hasta estos días, nos hace refleccionar sobre el ímpetu de su comportamiento como acción política de transformación del statu quo.

El Software Libre se consolida a través de la manifestación de inconformidad ante la privación del conocimiento. Nace con cierta inconsciencia política pues, hasta el momento, los movimientos más importantes que lo impulsan no profundizan en los elementos políticos e históricos que cultivaron las condiciones de su aparición. Así, solo se mantiene su filosofía y uso bajo una serie de reglas denominadas “Las cuatro libertades” que manifiestan el libre uso, modificación, mejora y distribución del código fuente de las piezas de Software que se produzcan.

Políticamente, el Software Libre es un modelo que actúa como un medio de producción, obedece principalmente al sistema imperante, en el Capitalismo reproduce las relaciones de explotación y maquinaria comercial. Los detractores del pensamiento de su utilización bajo este esquema “abierto” plantean la profundización política de su uso como un medio de producción posible en el socialismo.

La visión “altruista” del Software Libre no debe confundirse con el concepto de “gratuidad”, pues es necesario que el modelo se establezca como un medio productivo que genere economía. La diferencia principal entre el Software Libre funcionando en el Capitalismo y el que funcionaría en el Socialismo, es el tipo de intercambio no especulativo generado a partir del esfuerzo por intercambiar conocimiento, ampliarlo, masificar su distribución y garantizar su uso aplicado -fundamentalmente al bienestar de la sociedad en su conjunto-.

En nuestra realidad, la utilización del Software Libre avanza con las comunidades y la fuerza del Estado a través de sus políticas públicas de soberanía e independencia tecnología, pero indefectiblemente debe trascender la profundización política enfocada al Socialismo, de otra forma, el riesgo de perpetrarse como una herramienta innocua contribuye a la inercia contrarevolucionaria que detiene el verdadero proceso transformador dpabloel modelo productivo.

La derecha estableció la apolítica como un sistema eficaz de dominación de masas que instrumenta y agrupa a los “desinteresados políticos” colocándolos convenientemente a merced del consumo y propiciando la falta de conciencia y pensamiento crítico para no entorpecer sus intereses fundamentales. Subvertir este orden es clave para el modelo del Software Libre que aspiramos en el Socialismo. Esta conciencia política no es comprendida por muchos lideres de los movimientos de Software Libre, y se transmite un mensaje superficial que no aporta sustancia a una propuesta seria que plantea un modelo productivo distinto y justo. Es necesario dar esta discusión política y masificarla en las comunidades organizadas para enderezar el objetivo principal del Software Libre en nuestra política nacional, que no es más que un aporte materialista a la construcción de una sociedad Socialista.

http://www.pablo.web.ve/revista-infocentros/software-libre-como-opcion-politica/pablo-romero/linux/software-libre

viernes, 2 de septiembre de 2011

República Dominicana
La industria de medicamentos rechaza la medida sobre el otorgamiento de marcas

Hoy.com.do_02-09-2011


La Asociación de Industrias Farmacéuticas Dominicanas (INFADOMI) manifestó su preocupación y rechazo ante el anuncio de la Oficina Nacional de Propiedad Industrias y de la Dirección General de Drogas y Farmacias (Onapi) de que estarán elaborando directrices para el otorgamiento de marcas. En ese orden, INFADOMI explicó que los criterios de otorgamiento de marcas de fábrica se encuentran definidos exclusivamente en la Ley 20-00 sobre Propiedad Industrial, por lo que dichos criterios son los que aplicables para las solicitudes de marcas en cualquier clase.

Laura Castellanos, directora ejecutiva de la entidad, explicó que cualquier disposición de naturaleza sanitaria en torno a un signo distintivo debe ser aplicada en el Ministerio de Salud Pública y no en ONAPI. Explicó que “ONAPI se encuentra obligada a aplicar las condiciones establecidas claramente en la Ley 20-00. La inclusión de requisitos ajenos a la propiedad industrial, como aquellos propios del ámbito sanitario, constituiría una clara violación a dicha legislación y una lesión importante a los avances institucionales que ha habido en materia marcaria en el país”. En ese sentido, advirtieron que la confusión entre las competencias y los criterios de cada ámbito pueden convertirse en injerencias técnicas que ponen en riesgo la seguridad jurídica en materia de marcas. INFADOMI también manifestó su preocupación frente a la creciente influencia que la Oficina Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) está ejerciendo en la ONAPI.

En ese orden, Castellanos explicó que “la OMPI responde a una agenda influenciada por los países más desarrollados. En consecuencia, sus políticas y recomendaciones no responden a las necesidades de países en vías de desarrollado como República Dominicana. Nos preocupa poderosamente que esa cercanía afecte la objetividad de los criterios a aplicar por la oficina, en perjuicio de las empresas nacionales. La imposición de agendas foráneas a nivel de ONAPI sería muy perjudicial a nivel técnico y a nivel de temas tan esenciales para la población dominicana como el patentamiento farmacéutico”. INFADOMI señaló que una muestra de dicha influencia ha sido el interés de la ONAPI en promover la ratificación en el Congreso Nacional del Tratado del Arreglo de Madrid, el cual ha recibido rechazo generalizado de múltiples sectores vinculados a la propiedad industrial a nivel nacional. El Tratado del Arreglo de Madrid es un acuerdo internacional impulsado por la OMPI que ha sido asumido por ONAPI sin realizar consultas a los sectores interesados en el país.

http://observadorpatentesur.blogspot.com/2011/08/republica-dominicana-industria-de.html

jueves, 1 de septiembre de 2011

Entrevista con Stefano Liberti, autor del libro "Land grabbing. Come il mercato delle terre crea il nuovo colonialismo"
Cuánta tierra necesita el Mercado


Rebelión_01-09-2011


¿Cuánta tierra necesita un hombre? es el título de uno de los mejores cuentos de la literatura universal. Lo escribió Tolstoi en 1886 y es una parábola sobre la codicia humana. Land grabbing. Come il mercato delle terre crea il nuovo colonialismo (Minimum fax, 2011) es un reportaje sobre el acaparamiento de tierras realizado con perspectiva global con el fin de alertar sobre acumulación de tierras con fines especulativos. Lo ha escrito tras varios años de viaje por cuatro continentes Stefano Liberti (1974), periodista de Il Manifesto experto en África, autor del excelente A Sud di Lampedusa (Minimum fax, 2008), otro viaje periodístico-literario de cinco años por las rutas de los migrantes africanos.

Land grabbing está compuesto en forma de mosaico. El lector va uniendo teselas y recompone un puzzle pasando de Etiopía, El Dorado de los inversores, a Arabia Saudí, donde los jeques del Golfo intervienen en subastas a la baja de la tierra africana. Entra el lector en los palacios institucionales de Roma (FAO) y ve los malabares dialécticos que justifican estas políticas mientras oye el ruido de los movimientos de agricultores resistentes; vuela hasta el Chicago Board of Trade, la Bolsa mundial que fija el precio de los alimentos; se pierde en los maizales de Iowa; desciende a Brasil, reino del agrobusiness, y regresa a Tanzania, frontera de los biocarburantes. Pieza a pieza, el puzzle va revelando un perfil, una figura y un fondo muy inquietantes, y no debido a esa facilona obsesión por la sombra del Dragón chino, sino porque uno tiene la sensación de leer una crónica de un mañana hambriento y depredador: ante la noticia de que la cosecha de maíz en EEUU será escasa, hoy hay gente que aplaude. Este libro nos cuenta otro episodio de ese choque brutal entre concepciones antropológicas, tan bien descrito por John Berger en Puerca Tierra. De un lado, el tiempo único del Capitalismo, que carece de límite y que roba promesa a promesa -¡Progreso!- el presente; del otro, el tiempo circular y resistente de los campesinos, que se asienta en la tradición para asegurar día tras día la supervivencia, el futuro presente.

En aquel cuento magistral, Lev Tolstoi nos enseñaba que la tierra que necesita un hombre es poca, muy poca; en este libro-mosaico, Liberti nos revela que el Capital, si le dejan, requiere toda, toda, toda.

- ¿Con qué fin se acaparan las tierras? ¿De cuánta tierra hablamos?

- Stefano Liberti: El fenómeno del land grabbing –literalmente, acaparamiento de tierras- empezó por 2008, después de la crisis alimenticia, al subir los precios de los géneros alimentarios. Desde entonces, algunos países ricos de liquidez pero pobres de tierras como los países de la Península Arábiga comenzaron a lanzar medidas para adquirir tierras en el extranjero, preferentemente en África, para garantizar la seguridad alimenticia de su población. Adquirieron millones de hectáreas para producir alimentos que luego se exportaban. Resulta difícil realizar un cálculo preciso, pues no existe una base de datos exacta y porque estos acuerdos los negocian directamente las compañías privadas con los gobiernos de los países que ceden las tierras. Según un cálculo a la baja, en los últimos tres años se han cedido a entes privados unos 60 millones de hectáreas anteriormente públicas, una superficie que equivale a la de toda Francia.

- ¿Quiénes son los protagonistas de este neocolonialismo?

- Los protagonistas de esta carrera por la tierra no sólo son las compañías privadas de esos Estados que mencionaba sino también grupos que normalmente operan en el mercado financiero. Muchos de éstos que antes invertían en el mercado accionario se han desplazado a la tierra, ya que la consideran un bien más seguro y menos sujeto a los vaivenes de las bolsas. Gran parte de estos grupos, que dirigen antiguas estrellas de los grupos financieros como Morgan Stanley o Goldman Sachs, son private equity fund, sociedades no cotizadas en Bolsa cuyos inversores privados apuestan por la buena andadura de la inversión a corto plazo. Las ganancias pingües de estas inversiones quedan garantizadas, sobre todo, por dos aspectos: los cánones de alquiler de las tierras, que son bajísimos, y el insignificante coste de la mano de obra.

- ¿Por qué considera que los mayores culpables de este fenómeno son los gobiernos locales? ¿Acaso no son igualmente culpables las instituciones occidentales, cómplices del fenómeno?

- Los gobiernos locales son los que en último término ceden la tierra a cambio de vagas promesas de desarrollo, cuando no es a cambio de alguna mordida. Aunque quisieran, los gobiernos occidentales no tendrían mucho que decir al respecto en esta cuestión. Otra cuestión bien distinta es la responsabilidad de las instituciones internacionales –como la Banca Mundial o la FAO-, que tienen en sus estatutos el objetivo de reducir la pobreza y aliviar el problema del hambre en el mundo. Estas organizaciones han promovido activamente estas inversiones en agricultura sosteniendo que debían considerarse motores para el desarrollo de un sector que en los últimos veinte años había recibido muy pocas inversiones. El problema es que el beneficio en los países en los que se hacen estas inversiones es muy escaso: en las tierras que se alquilan se cultivan productos destinados a la exportación o cultivos para agrocarburantes. Así pues, no se incrementa la soberanía alimenticia de los países implicados, sino que se ataca. Pongamos por ejemplo el caso de Etiopía, donde actualmente algunas regiones están sufriendo una carestía, cuando resulta que Etiopía es uno de los Estados africanos que con mayor afán ha intentado alquilar porciones de su tierra a inversores extranjeros, como los saudíes, que luego exportan la gran mayoría de esos productos.

- “La tierra es mercancía”, dice uno de los entrevistados. ¿Este fenómeno que describe abre una nueva fase del capitalismo financiero?

- Sin duda. Como señalaba antes, la carrera por la tierra comenzó tras la crisis de los créditos subprime y el derrumbe de la bolsa de Wall Street en 2007. En ese momento enormes cantidades de capital se desplazaron del mercado accionario clásico a los bienes refugio alimenticios, productos alimentarios básicos como el trigo, el maíz, el azúcar y la soja, lo cual hizo que aumentara el valor de estos productos. El acaparamiento de tierras es, en parte, consecuencia de esta sacudida a nivel financiero desde el momento en que grandes grupos del capitalismo financiero están hoy implicados en la carrera por la tierra.

- Este es el primer reportaje en el mundo acerca del fenómeno alarmante del acaparamiento de tierras, que se expande. ¿Por qué se presta, según usted, tan poca atención mediática a este fenómeno?

- Porque es un fenómeno que hay que investigar a fondo, y con los tiempos rápidos del periodistmo de hoy resulta difícil comprenderlo de forma exhaustiva. Tal vez por ello aún no sea objeto de atención mediática. Yo tuve que viajar por varios países en los cuatro continentes para dar una visión de conjunto del problema. Además, se ha de considerar otra cuestión: es un asunto relativamente nuevo.

- En su libro precedente, A Sud di Lampedusa, usted trataba de la inmigración africana. ¿Cómo incide el acaparamiento de tierras en los flujos migratorios?

- No hablaría de una incidencia directa. Está claro que el acaparamiento de tierras produce inevitablemente una reducción de los recursos y de las tierras a disposición de las poblaciones locales y acelera el éxodo de las poblaciones rurales hacia los centros urbanos. Hablaría, pues, más de migraciones internas en los países que de flujos internacionales, cuyos protagonistas suelen ser personas que pertenecen a las clases medias urbanas.

- Robert Rodrigues, antiguo ministro de Agricultura brasileño y cofundador, junto con Jeb Bush, del Comité Interamericano para el Etanol, le plantea con frialdad en el libro un nuevo escenario geopolítico. Dice Rodrigues: “El biocombustible, la agroenergía, se desarrollará entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio, una franja que comprende toda América Latina, toda el África Subsahariana y buena parte del Asia pobre. Cambiará el paradigma agrícola mundial. Pero cambiará también la geopolítica mundial porque estos países tropicales son más pobres, con menos trabajo, con menos riqueza. Entre los dos trópicos tenemos tierras, agua, sol y mano de obra disponible. No tenemos el capital. El capital vendrá del Norte, donde se consumirá gran parte de la energía”. Según usted, ¿está terminando la era del petróleo y comenzando la batalla global por los agrocombustibles?

- El petróleo es, por definición, una fuente finita de energía. Los agrocombustibles jugarán un papel en el futuro energético del planeta, a la par que otras formas de energía renovable. El problema de los agrocombustibles, sobre todo de los que se utilizan actualmente, es que sustraen tierras a los cultivos destinados a la alimentación, haciendo que disminuya el espacio para la agricultura tradicional y que aumente el precio de los géneros alimentarios y de las tierras.

- Su libro da cuenta de una batalla antropológica por la agricultura. Dos modelos contrapuestos luchan. Por un lado, el modelo incentivado por la Banca Mundial y las grandes organizaciones internacionales (grandes extensiones, monocultivos, términos como “oportunidad, desarrollo, productividad”); por el otro, las organizaciones de pequeños agricultores que resisten calificando el modelo anterior de “rapiña”, “neocolonialismo”, “derechos violados”. Después de haber profundizado en el debate entre ambos puntos de vista, ¿a qué conclusiones ha llegado?

- Mi conclusión es que estos dos modelos no son conciliables. Compiten entre sí porque luchan por un recurso finito, como es la tierra. El primer modelo, que es el de las grandes empesas comerciales, tiene como punto de referencia la cantidad, los mercados extranjeros, las llamadas “economías de escala”. El segundo, el de los pequeños agricultores tiene con la tierra un vínculo más hondo, que va más allá de la pura explotación. No está demostrado que, a la larga, el primero asegure una mayor cantidad de alimentos que el segundo, porque el primero, que emplea pesticidas de modo extensivo y tiende a exprimir la tierra al máximo, empobrece los terrenos y los vuelve a largo plazo menos productivos.

- A lo largo del libro se oyen las voces de Via Campesina, Sem Terra y también las de los campesinos etíopes o tanzanos. ¿Cuál es la mayor dificultad que afrontan estos movimientos y estos individuos? ¿Cuál cree que es el mejor modo de luchar contra este cambio que quieren imponernos en la agricultura?

- La mayor dificultad de estos movimientos es la falta de medios para que prevalga su punto de vista oponiéndose a la visión de los impulsores de este modelo de desarrollo basado en la granja comercial y el acaparamiento de tierras. Pese a ello, estos grupos se están asociando y en parte han conseguido afirmar sus propuestas. En la última cumbre del Comité para la seguridad alimentaria mundial, órgano de la FAO, lograron moderar la posición de partida de la organización, que se inclinaba claramente a favor de ciertas inversiones extranjeras y del acaparamiento de tierras.