lunes, 12 de septiembre de 2011

El ataque militar contra el clima global


Truthout_12-09-2011

Desde todo punto de vista, el Pentágono es el mayor usuario institucional de productos de petróleo y energía… Sin embargo, el Pentágono tiene una excepción general en todos los acuerdos climáticos internacional… Cualquier discusión de cambio climático que no incluya a los militares no es más que palabrería, según Sara Flounders.

Es un agujero [en la Convención de Kioto sobre Cambio Climático] bastante grande como pasar por él con un tanque, según el informe “Un clima de guerra”.

En 1940, los militares de EE.UU. consumieron un 1% del uso total de energía del país; al final de la Segunda Guerra Mundial, la parte de los militares aumentó a un 29%. [1] El petróleo es indispensable para la guerra.

En la misma medida, el militarismo es la actividad más consumidora de petróleo en el planeta, y crece más rápido con aviones más grandes, más consumidores de carburante, tanques y navíos empleados en guerras aéreas y terrestres más intensivas. Al comenzar la guerra de Iraq en marzo de 2003, el Ejército calculó que necesitaría más de 151 millones de litros de gasolina para tres semanas de combate, excediendo la cantidad total utilizada por todas las fuerzas Aliadas en los cuatro años de la Primera Guerra Mundial. Como parte del armamento del Ejército para la guerra pusieron en marcha 2.000 pesados tanques M-1 Abrams que quemaban 1000 litros de carburante por hora. [2]

La Fuerza Aérea de EE.UU. (USAF, por sus siglas en inglés) es el mayor consumidor de carburante jet en el mundo. Imaginad, si podéis, el astronómico consumo de los aviones de guerra de la USAF: El caza F-4 Phantom quema más de 6.000 litros de carburante jet por hora y un máximo de 54.500 litros por hora a velocidades supersónicas. El B-52 Stratocruiser con ocho motores a reacción, se traga 1.900 litros por minuto; ¡diez minutos de vuelo usan tanto combustible como el conductor promedio usa conduciendo en un año! Un cuarto del carburante jet del mundo alimenta la flota de máquinas volantes asesinas de la USAF; en 2006, consumieron tanto carburante como los aviones de EE.UU. usaron durante la Segunda Guerra Mundial (1941-1945) – sorprendentes 6.000 millones de galones. (3)

Barry Sanders señala con una carga de ironía trágica que, mientras muchos de nosotros reducimos asiduamente nuestra huella de carbono a través de una vida más simple, comiendo localmente, reciclando y reutilizando, conservando energía, usando transporte público, instalando paneles solares, etc., el mayor contaminador institucional y contribuidor al calentamiento global –los militares de EE.UU. – son inmunes a las preocupaciones por el cambio climático. Los militares no informan sobre emisiones de cambio climático a ningún organismo nacional o internacional gracias a presión estadounidense durante las negociaciones de 1997 del primer acuerdo internacional para limitar las emisiones de calentamiento global: el Protocolo de Kioto sobre Cambio Climático. Para proteger a los militares de toda limitación de sus actividades, EE.UU. exigió y obtuvo la exención de límites de emisión a combustibles “búnker” (combustibles pesados para barcos de guerra) y todas las emisiones de gases invernadero de operaciones militares en todo el mundo, incluidas las guerras. Por si fuera poco, George W. Bush extrajo a EE.UU. del Protocolo de Kioto, en uno de los primeros actos de su presidencia, afirmando que pondría una camisa de fuerza a la economía estadounidense con controles demasiado costosos de emisiones de gases invernadero. Lo siguiente fue que la Casa Blanca inició una campaña neoludita contra la ciencia del cambio climático. Al investigar para The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism [La zona verde: los costos medioambientales del militarismo] Sanders estableció que obtener estadísticas sobre las bajas en la guerra del Departamento de Defensa (DoD) es más fácil que obtener datos sobre el uso de carburante.

Solo hace poco ha salido a primer plano el trascendental tema del uso de combustible militar y su masivo, pero oculto, papel en el cambio climático, gracias a un puñado de perspicaces investigadores. Liska y Perrin aseveran que, aparte de emisiones de los tubos de escape, nuestro uso de gasolina provoca una inmensa contaminación por gases invernadero “ocultos”. Este impacto en el cambio climático debería ser calculado sobre el análisis del ciclo vital completo de la gasolina. Cuando la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA) compara la gasolina y los biocombustibles por su respectiva contaminación atmosférica, las emisiones de gas invernadero calculadas para la gasolina deberían incluir actividades militares relacionadas con la obtención de petróleo crudo extranjero, del cual se deriva la gasolina. (Pero no es así, gracias a la exención militar a los Acuerdos de Kioto). La seguridad petrolera comprende tanto la protección militar contra el sabotaje a oleoductos y buques cisterna y también guerras dirigidas por EE.UU. en regiones ricas en petróleo para asegurar el acceso a largo plazo. Cerca de 1.000 bases militares estadounidenses trazan un arco desde los Andes al Norte de África a través de Medio Oriente hasta Indonesia, las Filipinas y Corea del Norte, que se extiende sobre todos los principales recursos petrolíferos – todo relacionado, en parte, con la proyección de fuerza a favor de la seguridad energética. Además, las emisiones propias de procesos colaterales al del ciclo de vida de los productos (“upstream emissions”) de gases invernadero de la fabricación de equipamiento militar, infraestructura, vehículos y municiones utilizados en la protección del suministro del petróleo y guerras impulsadas por el petróleo también deberían ser incluidas en el impacto medioambiental general del uso de gasolina. Agregando estos factores a sus cálculos, los autores concluyen que cerca “de un 20% del presupuesto convencional del DoD… es atribuible a los objetivos de seguridad petrolera”.

Un análisis correspondiente de investigadores en Oil Change International cuantifica las emisiones de gases invernadero de la guerra de Iraq y los costes alternativos involucrados en esa guerra, en lugar de invertirlos en tecnología limpia, durante los años 2003-2007. Sus resultados cruciales son inequívocos sobre la vasta contaminación del clima por la guerra y la inflexible política bipartidista de renunciar a la futura salud global a favor del militarismo de nuestros días.

  1. Los costes totales proyectados de la guerra de Iraq (calculados en 3 billones [millones de millones] de dólares) cubrirían “todas las inversiones globales en generación de energía renovable” necesitadas entre ahora y 2030 para revertir las tendencias al calentamiento global.

  2. Entre 2003 y 2007, la guerra generó por lo menos 141 millones de toneladas métricas de equivalente de dióxido de carbono (CO2e) (4), más cada año de guerra que lo que 139 países del mundo liberan anualmente. (5) La reconstrucción de escuelas, casas, negocios, puentes, carreteras y hospitales de Iraq pulverizados por la guerra, y nuevos muros y barreras de seguridad requerirán millones de toneladas de cemento, una de las mayores fuentes industriales de emisiones de gases invernadero.

  3. En 2006, EE.UU. gastó más en la guerra en Iraq que lo que gastó todo el mundo en inversión para energías renovables.

  4. En 2008, el gobierno de Bush gastó 97 veces más en las fuerzas armadas que en el cambio climático. Como candidato presidencial, el presidente Obama había prometido gastar 150.000 millones de dólares durante diez años en tecnología e infraestructura de energía verde – menos que lo que EE.UU. estaba gastando en un año de la guerra de Iraq.

Uno de los secretos mejor guardados por el gobierno es cuánto petróleo consume el Pentágono. Lo más probable, señala Barry Sanders, es que nadie en el DoD lo sepa con exactitud. Su esfuerzo incansable por averiguar las cifras es uno de los más exhaustivos hasta la fecha. Sanders comienza con cifras para obtención anual de petróleo para todas las ramas de las fuerzas armadas suministradas por el Centro de Apoyo Energético de la Defensa. Luego combina otros tres factores de consumo militar de petróleo sobre los que no se informa: un cálculo de “petróleo gratuito” suministrado en el extranjero (del cual Kuwait fue el mayor proveedor para la guerra de Iraq en 2003), un cálculo del petróleo utilizado por contratistas militares privados y vehículos alquilados por los militares y un cálculo del combustible búnker utilizado por barcos de guerra. Según su cálculo, los militares de EE.UU. consumen hasta un millón de barriles de petróleo por día y causan un 5% de las actuales emisiones de calentamiento global. Hay que considerar que los militares tienen a 1,4 millones de personas en servicio activo, o sea un 0,0002% de la población, que generan un 5% de la contaminación climática.

Sin embargo, incluso esta comparación subestima el extremo impacto militar en el cambio climático. El combustible militar es más contaminante por el tipo de combustible utilizado por la aviación. Las emisiones de CO2 por el carburante jet son mayores –posiblemente el triple– por litro que las del diesel y del petróleo. Además, los gases del tubo de escape de aviones tienen efectos contaminantes singulares que llevan a un mayor efecto de calentamiento por unidad de carburante utilizado. Los efectos radioactivos de los gases del tubo de escape de jets, incluidos el óxido nítrico, el dióxido de azufre, hollín y vapor de agua exacerban el efecto calentador de las emisiones de CO2 de los gases de tubo de escape. (6) De un modo perverso, por lo tanto, los militares de EE.UU. consumen combustibles fósiles en cantidades incomparables con cualquier otro consumo institucional y per cápita a fin de preservar el acceso estratégico al petróleo – una locura instigada por una serie de decisiones del ejecutivo.


Breve historia de la militarización de la energía

Diez de 11 recesiones de EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial han sido precedidas por aumentos repentinos del precio del petróleo… Mantener precios bajos y estables del petróleo es un imperativo político asociado con las economías modernas basadas en el petróleo. En 1945, EE.UU. construyeron una base aérea en Dhahran, Arabia Saudí, el comienzo de la garantía de acceso permanente de EE.UU. a petróleo de Medio Oriente recientemente descubierto. El presidente Roosevelt había negociado un quid pro quo con la familia real saudí: protección militar a cambio de petróleo barato para los mercados y militares de EE.UU. Eisenhower poseía gran presciencia sobre el crecimiento en la posguerra después de la Segunda Guerra Mundial por el dictado de política nacional por una industria permanente basada en la guerra y la necesidad de vigilancia y participación ciudadana para controlar el complejo “militar industrial”. Sin embargo, tomó una decisión desafortunada sobre la política energética, que colocó a EE.UU. y al mundo en un camino del cual tenemos que encontrar la manera de salir.

El excelente informe de la Comisión Paley de 1952 propuso que EE.UU. basara su economía sobre fuentes de energía solar. El informe también presentó una fuerte evaluación negativa de la energía nuclear y llamó a realizar “investigación agresiva en todo el terreno de la energía solar” así como investigación y desarrollo de energía eólica y de biomasa. En 1953, el nuevo presidente Eisenhower hizo caso omiso de la recomendación del informe e inauguró “Átomos por la Paz”, pregonando la energía nuclear como el nuevo milagro energético del mundo que será “demasiado barata como para ser medida”. Esta decisión no solo lanzó al país (y al mundo) por un camino aciago de energía nuclear, sino también ancló la centralidad de petróleo, gas y carbón dentro de la economía de EE.UU.

A fines de los años setenta, la invasión soviética de Afganistán y la Revolución Iraní amenazaron el acceso de EE.UU. al petróleo de Medio Oriente, lo que llevó a la doctrina belicista del presidente Carter en su mensaje sobre el Estado de la Unión de 1980. La Doctrina Carter sostiene que cualquier amenaza al acceso de EE.UU. al petróleo de Medio Oriente enfrentará resistencia “por cualesquiera medios necesarios, incluida la fuerza militar”.

Carter reforzó su doctrina al crear la Fuerza Conjunta de Tareas de Rápido Despliegue, cuyo propósito era emprender operaciones de combate en el área del Golfo Pérsico cuando fuera necesario. Ronald Reagan intensificó la militarización del petróleo con la formación del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), cuya razón de ser era asegurar el acceso al petróleo, disminuir la influencia de la Unión Soviética en la región, y controlar a regímenes en la región en función de los intereses de seguridad nacional de EE.UU. Con la creciente dependencia del petróleo de África y de la región del Mar Caspio, EE.UU. ha aumentado desde entonces su capacidad militar en esas regiones.

En 2003, la doctrina de uso de fuerza cuando fuera necesaria de Carter fue realizada con “conmoción y pavor”, en lo que fue el uso más intensivo y derrochador uso de combustible fósil que el mundo haya presenciado. Hay que recordar, también, que cuando cayó Bagdad, las tropas invasoras de EE.UU. hicieron caso omiso del saqueo de escuelas, hospitales y de una instalación de energía nuclear, así como de museos nacionales y el incendio de la Biblioteca y Archivos Nacionales donde había una documentación sin par, irremplazable, de la “cuna de la civilización”. Los militares de EE.UU., sin embargo, se apoderaron y protegieron de inmediato la sede del Ministerio del Petróleo iraquí y colocaron a 2.000 soldados para salvaguardar los campos petrolíferos. (7) Primero lo más importante.

Muchos factores han convergido y se han aclarado con el pasar del tiempo, que apoyan la afirmación de que, esencialmente, la guerra de Iraq fue una guerra por petróleo. La eliminación de armas de destrucción masiva, el derrocamiento de un dictador tiránico, la eliminación de terrorismo vinculado al 11-S, el empleo de la diplomacia de cañonera para instalar la democracia y los derechos humanos – fueron en gran parte pretextos para el petróleo. Alan Greenspan lo dijo sinceramente: “Me entristece que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todos saben: la guerra de Iraq tiene que ver en gran parte con petróleo”. (8)

A medida que nos acercamos al pico en la producción de petróleo, es decir, el punto de disminución de los resultados de la exploración y producción de petróleo y de mayores precios del petróleo, la parte de la producción global de los países de la OPEC “aumentará de 46% en 2007 a un 56% en 2030. “Iraq tiene las terceras reservas por su tamaño de petróleo; Iraq y Kazajstán son “dos de los cuatro principales países con los mayores aumentos de producción [de petróleo] pronosticados de 2000 a 2030. Medio Oriente y Asia Central son, previsiblemente, epicentros de las operaciones militares y guerras de EE.UU. Un informe de 2006 sobre seguridad nacional y dependencia del petróleo de EE.UU. publicado por el Consejo de Relaciones Exteriores concluyó que EE.UU. debe mantener “una fuerte postura militar que permita despliegues de una rapidez adecuada a la región [del Golfo Pérsico]” durante por lo menos 20 años. Los militares profesionales de EE.UU. están de acuerdo y se preparan para la perspectiva de una “lucha armada en gran escala” por el acceso a recursos energéticos.


Dónde estamos

La seguridad nacional de EE.UU. ha sido reducida en gran parte a seguridad energética, lo que nos ha llevado a militarizar nuestro acceso al petróleo mediante el establecimiento de una presencia militar en las regiones poseedoras de petróleo del mundo y la instigación del conflicto armado en Iraq, sosteniéndolo en Afganistán y provocándolo en Libia. La guerra aérea en Libia ha otorgado alguna atención y fuerza al nuevo Comando África (AFRICOM) de EE.UU. –en sí otra extensión de la Doctrina Carter–. Unos pocos comentaristas han concluido que la guerra de la OTAN en Libia es una intervención militar humanitaria justificable. El juicio más penetrante, considero, es que la guerra aérea violó la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, la Constitución de EE.UU., y la Ley de Poderes de Guerra; y que establece un precedente y “modelo para cómo EE.UU. utiliza la fuerza en otros países donde sus intereses son amenazados”, para citar a funcionarios del gobierno. La guerra aérea en Libia es otro revés para la diplomacia no militarizada; marginó a la Unión Africana y estableció un camino para más intervención militar en África cuando estén en juego intereses de EE.UU. ¿Es un modelo para futuras guerras la guerra aérea? Si es así, sería un golpe mortal para el planeta. Este insaciable militarismo es el mayor contribuidor institucional a los crecientes desastres naturales intensificados por el cambio climático global.


Postdata

En agosto de 2010, mientras concebía esta serie “La guerra y la verdadera tragedia de los ejidos”, fuegos incontrolados causados por la sequía y olas de calor consumían amplias áreas de Rusia y asfixiaban a Moscó con contaminación del aire. Un miembro de la Academia Rusa de Ciencias advirtió que los vientos inducidos por el fuego podrían transportar partículas radioactivas a cientos de kilómetros del bosque en fuego alrededor de Chernóbil, llegando a ciudades en Rusia e incluso en Europa Oriental. El mismo riesgo existe en regiones en otros sitios contaminadas con desechos radioactivos y puestas en peligro por incendios incontrolados. Mientras ocurrían los incendios rusos, más de uno de cada diez paquistaníes fueron desarraigados, convertidos en dependientes de ayuda alimentaria y puestos en peligro por enfermedades por las peores inundaciones en la historia escrita, inundaciones que afectaron a un quinto del país, desde la región noroeste al sur. Pakistán –una potencia nuclear altamente militarizada con tensas relaciones con su vecino nuclear, India, cuya área fronteriza con Afganistán es una zona de guerra, y dentro de cuyas fronteras la CIA realiza una guerra de drones – da prioridad al militarismo por sobre el desarrollo. Se encuentra en el sitio 15 en fuerza militar global y 141 de 182 países en el Índice Global de Desarrollo Humano.

En el verano de 2011, mientras completaba la serie, incendios forestales quemaron casi 21.230 hectáreas en, y alrededor de, las instalaciones de producción de armas nucleares y de almacenamiento de desechos en el Laboratorio Nacional Los Álamos. Entre los materiales radioactivos y desechos en peligro había hasta 30.000 tambores de 208 litros de desechos contaminados con plutonio almacenados en carpas de tela, esperando su transporte a un vertedero de baja radiación en el sur de Nuevo México. Dos meses después, Vermont sufrió sus peores inundaciones y los daños resultantes de todos los tiempos, sin que ninguna parte del Estado dejara de ser afectada por la Tormenta Tropical Irene – considerada una de los diez más costosas en la historia de EE.UU.

En coincidencia con estas tragedias ecológicas intensificadas por el calentamiento global, se encuentra el continuo trueque en el presupuesto federal de EE.UU. entre la defensa militarizada y la auténtica seguridad humana y medioambiental. EE.UU. contribuye más de un 30% de los gases de calentamiento global a la atmósfera, generados por un 5% de la población del mundo y el militarismo de EE.UU. Los trozos de la torta presupuestaria federal de EE.UU. que financian educación, energía, medioambiente, servicios sociales, vivienda y creación de más empleo, reciben en conjunto menos financiamiento que el presupuesto militar, de defensa. El ex secretario del Trabajo, Robert Reich, ha calificado el presupuesto militar de programa de empleo apoyado por el contribuyente y argumenta a favor de volver a priorizar los gastos federales en empleos en la energía verde, la educación y la infraestructura – la verdadera seguridad nacional.

EE.UU. tiene la riqueza (que rellena actualmente el presupuesto de defensa) y la capacidad técnica para revolucionar su economía energética y convertirla en unas pocas décadas en una economía basada en la eficiencia y en fuentes renovables de energía, eliminando así un factor crítico de demanda de nuestro Goliat militar. ¿Hasta qué punto sería costoso eliminar causas subyacentes de guerra e injusticia, como ser la pobreza y la desigualdad de género, y restaurar el entorno natural? En su libro más reciente: Plan B 4.0: Mobilizing to Save Civilization, Lester Brown estima que la erradicación de la pobreza, la educación de mujeres, el suministro de recursos reproductivos y la restauración de bosques en todo el mundo costaría un tercio del presupuesto de defensa de 2008 de EE.UU. El problema no son los dineros públicos.

Otro feroz factor de demanda es el pulpo de las compañías de la industria de la defensa que extiende sus tentáculos a casi todos los Estados y que controla a la mayoría de los congresistas. Por lo tanto, otro recurso vital escaso –algún mineral en un lecho marino en disputa, por ejemplo– podría reemplazar al petróleo y convertirse en el próximo punto álgido para más fortalecimiento y reacción militar, a menos que se cape al complejo militar-industrial.

Tal vez el factor más escurridizo de la guerra son los valores que subyacen a la tradición y a la costumbre de soluciones militarizadas. La guerra refleja la cultura de un país. El militarismo de EE.UU. –desde su entrenamiento, tácticas y logística a sus motivos para ir a la guerra y sus armas de guerra– está claramente conformado por elementos clave de la identidad estadounidense. Esas fuerzas culturales determinantes son, según el historiador militar Victor Davis Hanson: destino manifiesto; mentalidad de vaqueros del lejano oeste; individualismo extremo y lo que llama “independencia agresiva”; capitalismo de mercado descontrolado; el ideal de meritocracia (no importa de qué clase se sea, uno puede ascender a la cúspide de las fuerzas armadas de EE.UU.); y una fascinación por las máquinas, la modernidad y la movilidad. Todo converge para generar una tecnología bélica mayor, mejor y más destructora. Agrega que la integración de los militares a la sociedad es facilitada por el derecho a portar armas según la Segunda Enmienda.

Esta competencia cultural por la guerra de alta tecnología, con sus orígenes en nuestra pasada aniquilación de los americanos nativos, puede ser el némesis de nuestra sociedad a menos que realicemos una introspección crítica sobre nuestros valores culturales y personales y nos comprometamos activamente con su transformación. Hay una multitud de contracorrientes en nuestra sociedad que han cuestionado profundamente el perfil cultural dominante pintado en palabras por el militarista Hanson: los movimientos feministas y por los derechos civiles, los movimientos contra la guerra y por la paz, los medios públicos intelectuales y progresistas, los estudios de justicia y paz, los trabajadores progresistas sindicales y de la salud, los movimientos cooperativos y de las comunidades de transición y el puñado de políticos progresistas, entre otros. El desafío es ahora construir influencia vocal, de cohesión social e influencia pública para nuestros valores compartidos de un sentido de comunidad, conexión con la naturaleza, preocupación por los explotados y sed de equidad y justicia contra los mensajes dominantes del mercado de riqueza, prestigio social, imagen, poder a través de la dominación y el enfrentamiento de conflictos con la fuerza.

“Una nación que sigue, año tras año, gastando más dinero en defensa militar que en programas de progreso social se acerca a la muerte espiritual”. – Martin Luther King


Notas:

1. Barry Sanders (2009), "The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism," Oakland, California: AK Press, p.39.

2. Barry Sanders (2009), "The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism," Oakland, California: AK Press, p.51.

3. Barry Sanders (2009), "The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism," Oakland, California: AK Press, pps.50, 61 para datos en esta sección.

4. Unidades de dióxido de carbono equivalentes a las emisiones de gas invernadero en su conjunto.

5. Esta cifra es conservadora porque no existen cifras creíbles del consumo militar de combustibles búnker navales para el transporte de combustible y soldados. Tampoco hubo datos sobre el uso o liberación de productos químicos de gases invernaderos intensivos en la guerra, incluidos halón, un químico extinguidor de incendios agotador de ozono prohibido en EE.UU. desde 1992 para producción y uso civil, pero permitido para uso en “misión crítica” por el DoD.

6. George Monbiot (2006), "Heat: How to Stop the Planet from Burning," citado en Sanders, p.72.

7. Chalmers Johnson (2010), "Dismantling the Empire: America's Last Best Hope," New York: Metropolitan Books. pp.40-51.

8. Citado en Liska and Perrin, p.9.

…………

H. Patricia Hynes es profesor de salud medioambiental en retiro en la Escuela de Salud Pública de la Universidad y Presidenta del consejo de Traprock Center for Peace and Justice en Massachusetts occidental.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

domingo, 11 de septiembre de 2011

Piratas de aire, mar y tierra


La Jornada_11-09-2011


El Reino Unido anunció que en octubre de 2011 comenzará un experimento unilateral de geoingeniería, es decir, de manipulación climática. Es la primera parte de un proyecto mucho mayor para inyectar partículas azufradas en la estratósfera, creando una especie de nube volcánica artificial, para desviar parte de la radiación solar que llega a la tierra, supuestamente para bajar la temperatura.

El experimento contradice el espíritu de la moratoria que estableció Naciones Unidas contra la geoingeniería en 2010 y muestra claramente la intención del Reino Unido, al igual que Estados Unidos y unos pocos países más, de avanzar unilateralmente la manipulación climática, algo que aumentará más el caos climático global, con impactos potenciales muy graves sobre otros países.

Pese a ello, los promotores de la geoingeniería defienden estos remiendos tecnológicos a mega escala, argumentando que aunque no se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, ellos pueden resolver técnicamente el problema, bajando la temperatura global a la fuerza. O sea podrían seguir calentando el planeta, evitar cumplir con compromisos internacionales de reducción y crear nuevos negocios basados en tecnologías extremadamente peligrosas.

El experimento que plantea el Reino Unido consiste en colocar una manguera de un kilómetro de largo que apunta al cielo, sostenida en el aire por un enorme globo inflado con helio por la cual arrojarán agua de mar. Afirman que ahora no van diseminar partículas azufradas, porque la prueba es para ver si el mecanismo funciona. El objetivo es luego hacer lo mismo a mayor altura y entonces sí, diseminando compuestos químicos tóxicos. Es parte del proyecto SPICE Stratospheric Particle Injection for Climate Engineering (Inyección estratosférica de partículas para la ingeniería del clima) financiado por el Consejo de Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas con 1.6 millones de libras esterlinas, coordinado por la Universidad de Bristol con participación de científicos de esa universidad y las de Cambridge y Oxford.

Aunque por ahora el experimento parece más ridículo que peligroso, no hay nada de gracioso en que se estén usando recursos para avanzar la manipulación climática, a despecho de las preocupaciones de la vasta mayoría de los países, particularmente los del Sur, que son los que más sufren los impactos de la crisis climática y ahora sufrirán los de la manipulación climática. El clima es un sistema global, del que dependemos todos y todo, no de los que tienen el dinero y la falta de escrúpulos para manipularlo.

La manipulación climática en pequeña escala ya tienen gravísimos impactos. En varios países de América Latina (además de otros continentes) hay empresas que manipulan el tiempo atmosférico, produciendo sequías o lluvias, según los intereses de lucro de industrias y grandes hacendados que compran el servicio.

Hay casos dramáticos por todo el continente, de empresas agrícolas que usan cañones con químicos y otros métodos para producir sequía, con consecuencias devastadoras para las comunidades aledañas. Por ejemplo, la empresa Nintanga, SA, en Ecuador produce intencionalmente sequía por más de ocho meses para beneficiar sus cultivos de brócoli en Cotopaxi, Ecuador, dejando a varias comunidades campesinas sin las bases mínimas para su sustento. Casos similares ocurren en México, Chile, Argentina, Colombia y muchos otros países, sin ningún control y solamente por el lucro que consiguen grandes hacendados y empresas exportadoras de hortalizas. También, inspirados en los métodos usados por Estados Unidos en la guerra de Vietnam (como la operación Popeye, ahora conocida por documentos desclasificados), se siembran nubes, inyectando ioduro de plata en las nubes para provocar lluvia, para eliminarla de ciertos lugares o precipitarla en otros donde no caería. En todos los casos, la disrupción del equilibrio natural de las lluvias tiene impactos sobre muchos otros que no decidieron sobre ello y dependen del equilibrio del clima para su subsistencia. Como lamentablemente este método se usa hace ya tiempo, la Organización Meteorológica Mundial ha observado que en ciertas zonas están cambiando permanentemente los patrones de lluvia, vientos, temperatura, con consecuencias regionales y globales.

El experimento actual del Reino Unido, es una forma de geoingeniería que llaman manejo de la radiación solar, no dirigida a lugares focalizados, sino con la intención (indescriptiblemente arrogante) de manejar los efectos del sol sobre la tierra. Sobre este tipo de propuestas, existen análisis de meteorólogos y climatólogos reconocidos, que advierten que la caída de las partículas usadas tendrá efectos tóxicos en fauna y flora de extensas áreas y en cientos de miles de humanos, con efectos similares al descenso de partículas de las nubes volcánicas. Además, aseguran que para lograr desviar la radiación solar en forma permanente y en la dimensión para afectar la temperatura global, se desequilibrarán los regímenes de lluvia y viento, afectando las bases de sustento de 2000 millones de personas en Asia y África.

No existe ninguna forma de geoingeniería que sea tan pequeña que no tenga impactos sobre otros que no decidieron sobre su uso. En todos los casos se trata de que los que tienen dinero, la usarán a su favor, a costa de los intereses de los demás. Urge profundizar la moratoria, convirtiéndola en una prohibición global a la geoingeniería.

*Investigadora del Grupo ETC

Más información en el informe Geopiratería (www.etcgroup.org)

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/09/10/opinion/028a1eco

sábado, 10 de septiembre de 2011

5 recursos online ideales para estudiantes


Bitelia_10-09-2011

Con la llegada de Septiembre, nos encontramos cara a cara con el regreso a clases. Personalmente, como estudiante recurro mucho a internet, pero no soy la única que, ante alguna asignación especial, lo primero que escucha de boca de sus profesores es “por favor, no recurran a Internet como fuente para sus trabajos”. Sin embargo, existen algunas fuentes online que pueden ser muy prácticas y que nos pueden ahorrar un viaje a la biblioteca.

Esta semana también les presentamos las diez formas para aprender idiomas online, y recursos para trabajar colaborativamente con los compañeros de clase. Esta lista, espero, puede servir para encontrar fuentes que son confiables. Pero recordemos, por supuesto, que lo importante siempre es la producción propia, y que simplemente “copiar” el contenido de estos sitios no nos asegura un buen aprendizaje.

  • Google Books: este recurso de Google es ideal para encontrar libros completos online. Nada más tenemos que ingresar una palabra clave, como si fuera un simple buscador, y nos dará los resultados de cientos de libros disponibles en el catálogo. A mí me ha servido muchísimo para diferentes disertaciones pues tiene una buena cantidad de libros específicos que son difíciles de conseguir en librerías. No todos los libros pueden accederse totalmente, pero gracias al buscador se nos resaltan las palabras claves dentro del mismo texto.

  • Google Scholar: similar a las búsquedas que realiza Google Books, Google Scholar nos ofrece una búsqueda limitada en las páginas donde aparecen publicados artículos relacionados con el tema. A diferencia del buscador normal de Google, que usualmente sería nuestra primera opción, Google Scholar tiene un sistema de ranking basado en el peso académico del documento, dónde fue publicado, quién lo escribió, y cuántas veces se lo ha citado en otras publicaciones. Es una herramienta interesante para acceder a textos que aún no fueron publicadosen volúmenes específicos, como ensayos, entre otras cosas.

  • Academic Resources: este blog funciona con otro formato pero también puede ser útil en otras formas. Dentro de este portal encontraremos artículos interesantes orientados a la vida académica, como puede ser escribir contenido original sin el uso del plagio (algo importante cuando usamos Internet como fuente), consejos para la vida académica, y muchas cosas más. El sitio está concentrado en ayudarnos a ser buenos estudiantes, más que a proveernos información. Lamentablemente sólo se encuentra disponible en idioma inglés.

  • Project Gutenberg: otro sitio interesante (aunque también en inglés), es este proyecto dedicado a ofrecer ebooks totalmente gratuitos. Esta puede ser una buena fuente de artículos y libros raros, también ideal para estudiantes de historia que deseen. Los libros de Project Guttenberg fueron digitalizados por sus voluntarios, y aquellos interesados en que el sitio siga adelante pueden hacer una donación a través de PayPal. Se trata de una iniciativa para poder poner al alcance de todos el placer de la lectura, pero también puede servir como fuente de información.

  • Wikiteka: este proyecto colaborativo es interesante pero en cierta forma tiene que ser tomado entre pinzas. Puede utilizarse como una guía donde encontrar información y seguir buscando a través de métodos un poco más confiables, porque, como todas las cosas, Wikiteka está sujeta al error humano de las personas que colaboran en ella. Dicho esto, pienso que es un recurso genial para obtener información primaria a través de la cual se puede ir desprendiendo ideas y fuentes de información más elaboradas y específicas. Los artículos están rankeados de acuerdo a un “karma”, la puntuación que los usuarios del sitio le asignan a cada información.

http://bitelia.com/2011/09/5-recursos-online-ideales-para-estudiantes

viernes, 9 de septiembre de 2011

Madres contra el modelo sojero


Ecologista_09-09-2011

Gracias a las exportaciones de soja, Argentina experimentó ocho años consecutivos de crecimiento económico. Un colectivo de madres del barrio de la ciudad de Córdoba consiguió mostrar al país las nefastas consecuencias para la salud que traía aparejado ese modelo.

Sofía Gática comenzó a darse cuenta de que algo iba mal en Ituzaingó Anexo, un barrio obrero de la ciudad de Córdoba, rodeado de plantaciones de soja y fábricas contaminantes. Pañuelos blancos en la cabeza de las mujeres, niños con mascarillas, bebés con malformaciones... Algo les estaba enfermando. Su propia hija había muerto al nacer por una rara malformación en el riñón.

Como ninguna autoridad iba a hacerlo, Sofía comenzó en 2001 a investigar el origen del problema. “Empece a llamar casa por casa y las madres me contaban su situación. Nos conocimos así, llamando puerta por puerta. Poco a poco se fueron sumando”. No necesitaban ser médicas para saber lo que estaba pasando. “Era el saber común”, dice Corina Barbosa. “Yo empecé por defender a mi hijo, que estuvo internado. Ahora todavía tiene cuatro agroquímicos en la sangre”. Pero entonces no sabían qué estaba provocando esa epidemia.

La encuesta reveló 60 casos de cáncer, bebés con malformaciones de riñón, de intestinos, sin maxilares, 14 casos de leucemias, enfermedades respiratorias y dermatológicas, entre una larga lista de afecciones, cuenta Sofía. Tiempo después, cuando se elaboró una cartografía completa del barrio, los casos de cáncer entre una población de 5.000 habitantes ascendían a 200.

A principios de 2002, con un mapa del barrio donde se detallaban los nombres y las enfermedades de cada vecino, las Madres de Ituzaingó, llamadas así en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, consiguieron que el municipio realizara una serie de análisis ambientales para encontrar el origen de la contaminación. Los resultados revelaron la causa: los agroquímicos que los productores sojeros fumigaban por tierra y aire a escasos metros del barrio.

“Nosotros vivimos enfrente del campo”, cuenta Corina Barbosa, “pasaban las avionetas y bañaban con agroquímicos a nuestros chicos”. El enemigo al que se enfrentaban no podía ser más poderoso: un modelo económico basado en la producción de soja transgénica.

Pioneras

En 1996 el Gobierno aprobó la introducción de la soja transgénica, diseñada para resistir la acción de herbicidas como el glifosato o plaguicidas como el endosulfán. Desde entonces, se ha convertido en el principal cultivo del país. Según un informe del Grupo de Reflexión Rural (GRR), 22 millones de héctareas están sembradas con soja, el 50% de las tierras cultivadas. En la provincia de Córdoba, la principal productora de Argentina, estos cultivos transgénicos destinados a la exportación ocupan entre el 80% y el 85% de la superficie agrícola.

Cuando las Madres empezaron a denunciar los efectos secundarios de las fumigaciones, no existían en Argentina estudios médicos ni ningún tipo de desarrollo jurídico ni control sobre agrotóxicos. Eran pioneras en terreno desconocido. “Al principio nos llamaban las locas”, recuerda Sofía Gática. Actualmente cada vez son más los informes de científicos, médicos y genetistas, tanto en Argentina como en el resto del mundo, que confirman la relación entre agroquímicos, cánceres, leucemias, enfermedades respiratorias, malformaciones y daños en el material genético. En agosto de 2010 se produjo el Primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados, con representación de todas las provincias afectadas. Multitud de profesionales de la salud confirmaron sobre el terreno y con análisis médicos el “saber común” de las Madres. “El Gobierno sabe lo que está pasando, pero no le interesa, únicamente se preocupa por sus negocios”, denuncia María Godoy.

A mediados de 2002, entre cortes de ruta, marchas al centro de la ciudad y plantes frente a las máquinas mosquito que fumigaban cerca de las viviendas, la lucha de las Madres comenzó a dar sus primeros frutos. “Éramos pocas, pero hacíamos mucho ruido. Llamaba la atención que mujeres comunes salieran a la calle a hacer tanto barullo”, recuerda Corina Barbosa. Hasta la CNN retrasmitió alguna de sus marchas.

Después de que se encontrara en el agua restos de endosulfán, las Madres lograron que Ituzaingó Anexo fuera conectado con la red de agua corriente. Poco después las autoridades declaraban el barrio en emergencia sanitaria ante la “altísima tasa de casos de leucemia” y prohibían con una ordenanza la fumigación aérea a una distancia de 2.500 metros de Ituzaingó Anexo mientras durara la emergencia. Otra ordenanza establecía la prohibición de fumigar en toda el área urbana de la ciudad de Córdoba.

Y los frutos seguían cayendo. Entre querellas, cortes y petitorios, las Madres consiguieron que en la provincia de Córdoba se debatiera y aprobara a mediados de 2004 la Ley de Agroquímicos, que establece la frontera de las fumigaciones en 500 metros para las terrestres y 1.500 para las aéras. Unas distancias, sin embargo, muy inferiores a las solicitadas por las Madres.

Pero las fumigaciones continuaban. Y los vecinos seguían enfermando. Ese mismo año las Madres comenzaron un interminable recorrido por las instituciones del Gobierno nacional, sin obtener respuesta. “Pareciera que los derechos humanos son sólo los de la dictadura militar”, denuncia María Godoy.

La lucha de las Madres visibilizó un conflicto silenciado que afectaba a miles de localidades de la Argentina sojera. “Diez años después podemos hablar de múltiples focos de resistencia y de colectivos de pueblos fumigados”, señala Berger. Como coordinadoras en Córdoba de la campaña Paren de Fumigar, las Madres comenzaron a recorrer en 2006 los pueblos fumigados de la provincia. Al igual que Ituzaingó Anexo, ante la falta de controles de la administración, multitud de pueblos fumigados y movimientos campesinos comenzaban a realizar sus propios “relevamientos”, sus propias encuestas epidemiológicas. Decenas de pueblos conseguían después de prolongados conflictos declarar sus municipios libres de agrotóxicos o adherirse a la ley de agrotóxicos de 2004 ante la oposición de los alcaldes. “Muchos intendentes son productores sojeros o trabajan directamente para los productores sojeros”, afirma Berger. La lucha de los pueblos fumigados no se limitó a Córdoba, sino que se propagó a otras provincias sojeras como Santa Fe, Buenos Aires o Entre Ríos, y a provincias con gran presencia de cultivos transgénicos de arroz, como el Chaco.

Sojeros en el banquillo

En febrero de 2008, la ley de agroquímicos de la provincia de Córdoba volvió a dar de qué hablar. Tras ser avistado un avión fumigando sobre las viviendas de Ituzaingó Anexo, la Secretaría de Salud de la municipalidad de Córdoba denunció por envenenamiento a dos productores de soja y a un fumigador. Los tres acusados fueron detenidos y procesados. En marzo de 2011 deben comparecer en un juicio oral y público, el primero en Argentina por fumigaciones ilegales.

“Lo importante es que esto sea el principio”, dice Corina Barbosa, “que al menos uno sea juzgado y condenado por evenenar a la gente”. Para María Godoy las responsabilidades no se limitan a los sojeros. “Los que tendrían que ir también presos son los funcionarios que permitieron que esto pase y los que implementaron la soja en el país”, denuncia.

“Ahora todos dicen lo bueno que era Kirchner y resulta que nos dejó Argentina llena de soja y un montón de gente peleando y defendiéndose como puede”, dice Sofía Gática. Las Madres de Ituzaingó, al igual que las Madres de Plaza de Mayo, hablan de genocidio, de un “genocidio silencioso”. Ellas no han conseguido frenarlo, pero han sido las primeras en darle un nombre, el primer paso para lograrlo.