Unos meses después del terremoto en Haití, el ex presidente estadunidense Bill Clinton, ahora enviado especial de la ONU en ese país, reconoció lo que muchas organizaciones ya habían denunciado. Clinton llamó ‘un error’ a las políticas que implementó responsables de provocar la ruina de miles de pequeños productores locales de arroz, y con ella la pérdida de buena parte de la autosuficiencia alimentaria del país. En 1994, después de favorecer el retorno de Jean Bertrand Aristide al poder en Haití, el gobierno de Clinton –con unos programas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial como zanahorias en el extremo de un palo– forzó la reducción de los aranceles en frontera que protegían la entrada barata de arroz importado. Supuestamente arrepentido, Clinton añadió que "he tenido que vivir todos los días con las consecuencias de la pérdida de la capacidad de producir una cosecha de arroz en Haití para alimentar a esa gente, debido a lo que yo hice, nadie más".
Pero sí, hay más culpables que el presidente de entonces. Como también hemos podido conocer, a los pocos días del terremoto, con el presidente de ahora, entre la ayuda alimentaria tan necesaria para esos primeros momentos llegaron cargamentos de arroz facilitados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (la USAID) y distribuidos por el Programa Mundial de Alimentos. Otra vez una fórmula que sólo favorece a los grandes cerealistas de Estados Unidos, mientras que los productores locales disponían de arroz en los graneros que no habían sido destruidos por el terremoto. ¿No habría sido preferible dedicar el dinero de las donaciones a comprar el arroz local?
Pero Haití, ese país invisible durante tantos años, parece determinado a mostrarnos todo el catálogo de perversos mecanismos que, en este caso Estados Unidos y sus multinacionales –un buen ejemplo de los Estados corporativos que gobiernan a los pueblos– utilizan en el avance por el control de la alimentación. Y aquí entra en escena Monsanto, la corporación conocida por su dominio en el sector de las semillas, y especialmente las modificadas genéticamente. A principios del mes de mayo se hizo pública la voluntad de Monsanto de colaborar con Haití. Las primeras informaciones indicaban que la empresa había acordado, con el respaldo de la embajada de Estados Unidos en Haití, entregar gratuitamente 475 toneladas de maíz transgénico (junto con sus fertilizantes y pesticidas asociados) y 2 toneladas de semillas de hortalizas, todo en el contexto del programa WINNER (ganador), liderado por la USAID y dirigido por Jean Robert Estime, que ejerció como ministro de Relaciones Exteriores durante los 29 años de la dictadura de Duvalier en Haití. Finalmente, bien por las presiones ciudadanas, bien por decisión propia, el Ministro de Agricultura de Haití ha explicado que el acuerdo se ha cerrado exclusivamente con semillas híbridas de maíz. La donación –dice el Ministro– forma parte de una campaña para reactivar el sector agrícola después del terremoto del 12 de enero y ya está siendo efectiva.
Aunque en Haití no están verificando si las semillas entregadas son o no transgénicas, la diferencia entre donar semillas híbridas o transgénicas, para los intereses de Monsanto no es significativa. En ambos casos estamos hablando de unas semillas mejoradas en los laboratorios muy exigentes en el uso de fertilizantes y pesticidas (productos incluidos en la donación). Además, el grano de la cosecha no se puede aprovechar como semilla para nuevas cosechas, con lo que el campesinado se verá obligado a comprar nuevas semillas. Y aquí radica el altruismo de Monsanto. Si bien durante los años 2007 y 2008 (curiosamente durante la crisis alimentaria) los beneficios de Monsanto no dejaron de crecer, la crisis parece haber llegado también a sus cuentas de resultados. Según el director ejecutivo de la trasnacional, Hugh Grant, el principal motivo de esta caída fue la disminución en las ventas de herbicidas y productos químicos. ¿Estamos entonces delante de una estrategia para ganar mercados? Si seguimos el consejo del periodista brasileño Thalles Gomes, estos días en Puerto Príncipe, y revisamos la definición de la USAID, observaremos –al igual que pasa con algunos fondos de cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores español– que navegan en la dualidad de conseguir con la ayuda exterior “apoyar los intereses de la política exterior americana, expandiendo la democracia y el libre mercado y, al mismo tiempo, mejorar la vida de los ciudadanos de los países en desarrollo”. Con estos fondos y estas semillas el doble propósito viene a ser como un oxímoron.
La colaboración con el campesinado haitiano en estos momentos es, desde luego, muy necesaria. Pero la urgencia de hoy no puede convertirse en dependencia para mañana. Por ello, desde las organizaciones campesinas locales tienen previstas movilizaciones y marchas estos próximos 4 y 5 de junio contra esta sutil invasión, mientras desarrollan planes propios para aumentar la producción y reproducción de semillas locales y buscan conseguir semillas naturales de lugares con climas similares (en la propia República Dominicana, por ejemplo). Pero parece que estos programas no cuentan con empujones ganadores.
Gustavo Duch Guillot. Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas y autor del libro Lo que hay que tragar
El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de autorreplicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y lograron que el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.
Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida artificial, desde éticos a bélicos —por su alto potencial como armas biológicas— así como por los graves impactos ambientales y económicos que tendría.
Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida. Según él, la construcción de vida artificial será la solución para problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud. Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que identifican su propiedad.
Un macabro ejemplo que muestra el tipo de solución al que se refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de la cual es cofundador (con capitales y participación de los mexicanos Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar combustibles a partir de su producción con microbios construidos artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.
Con el reciente megaderrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas más contaminantes e irresponsables del planeta.
Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación de vida artificial, ya que en realidad Venter introdujo un genoma en una bacteria preexistente, ello no disminuye los riesgos que significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma mínimo que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma, un chasis al que agregarle diferentes genes según la función que se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos: dependería de los genes que se les agregue.
Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme colección de genes con características extremas para sus fines comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación sin fines de lucro. Poco después declaró que si lograba construir un microbio artificial para producir combustibles, valdría billones de dólares y sin duda patentaría todo el proceso.
Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran, es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y comercialización de la biomasa del planeta, de los cultivos y bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales. Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.
Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio son mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida artificial en laboratorio puede funcionar, pero no hay duda de que violenta los largos procesos coevolutivos naturales de los organismos y el ambiente, con impactos impredecibles sobre ellos.
Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a la liberación de organismos vivos artificiales a la próxima sesión del Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro sigan actuando en la impunidad.
Unos pocos instrumentos de Internet para seguir lo que está pasando "ahí abajo", o sea, en el Golfo de México. Comencemos por las buenas noticias para los apasionados de webcam: hay ya doce disponibles. Se encuentran en esta página que ha montado la BP. En realidad, ahora todas las webcam están conectadas a los ROV, los robotitos que están trabajando a 1.500 metros de profundidad.
Luego, tienen aquí este piloto de la PBS (televisión pública estadounidense) que, además de ofrecer en directo las grabaciones de la webcam las 24 horas del día, nos da la posibilidad de seguir con angustia la cantidad de petróleo que se vierte al mar minuto a minuto. Como no se conoce todavía la cantidad exacta, hay un cursor abajo con el que se puede aumentar el flujo según los distintos estudios que se publican todos los días. El flujo se refleja en galones, pero les daré la conversión por comodidad: 1 barril = 42 galones= 150 litros aprox.
Nueva Orleáns – La ira se puede sentir en todo el Delta del Mississippi. Mientras el géiser de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon, casi un kilómetro y medio bajo el agua, continúa intacto, la peor parte de esta catástrofe ambiental, la mayor en la historia de Estados Unidos, se expande hacia la costa, con impactos sobre el medio ambiente, la economía y todas las formas de vida.
Recorrí los pantanos y las ciudades de la costa de Luisiana para conocer a la gente que se encuentra directamente afectada por la llegada de la marea negra de BP. Están enfadados, sin trabajo y leen en los periódicos noticias de personas que se están enfermando.
Una persona que conserva su trabajo —al menos por ahora— es el Presidente Ejecutivo de BP, Tony Hayward. Hayward, que ganó un sueldo de más de 4,5 millones de dólares en 2009, el domingo dijo lo siguiente: “Nadie quiere más que yo que esto se termine. Me gustaría recuperar mi vida”. Con cada una de sus nuevas declaraciones, que claramente pretenden minimizar la percepción del impacto del desastre de BP, Tony Hayward resulta más desprestigiado. Probablemente sea cada vez más cauto en sus comentarios, ya que el Fiscal General de Estados Unidos, Eric Holder, acaba de recorrer el área y en una declaración pública, dijo: “Hemos iniciado tanto una investigación penal como civil, ya que es nuestra obligación por ley. Nuestras leyes ambientales son muy claras, tenemos la responsabilidad de cumplirlas, y lo haremos”.
En Grand Isle, Louisiana, conocimos a Dean Blanchard, propietario del mayor negocio de camarones de la zona. Nos llevó en su bote, donde dijo lo que pensaba sobre el Presidente Barack Obama, alguien a quien en un momento apoyó: “El Presidente debería estar avergonzado. Él es, lo responsabilizo en este momento. El Presidente, yo voté por él. Fue uno de los peores errores que cometí. Pensé que era un hombre y que iba a traer cambio. Pero si esto es cambio, no es cambio para mejor. El Presidente debería estar avergonzado”. Los padres y abuelos de Blanchard eran pescadores de camarón. Con su fuerte acento cajún, explicó el efecto de las mareas sobre el derrame de petróleo:
“Me gané la vida observando las mareas. Nosotros capturamos camarones. No es posible ver a los camarones. ¿Ud. sabe cómo nos enteramos de donde está el camarón? Por las mareas. Cuando la marea se aleja, cuanto más baja es la marea, más agua regresa y cuando el agua regresa trae todo consigo. Generalmente trae el camarón, pero esta vez va a traer el petróleo”.
Dean Blanchard dice que los pescadores son como los agricultores: “Es preciso entender cómo funciona nuestro negocio. Ellos no solo nos dejaron sin negocio en medio de una semana. Somos como agricultores. Perdemos dinero en enero, febrero, marzo y abril, y nos preparamos para sembrar nuestro cultivo en mayo, junio y julio. De manera que gastamos mucho dinero preparándonos para tener todo listo en mayo, y cuando llegó mayo estábamos totalmente clausurados, de manera que ni siquiera llegamos a empezar”. Le pregunté cuánto dinero perdió: “Casi un millón y medio de dólares” me dijo.
Muchos propietarios de botes camaroneros fueron contratados por BP para trabajar en la limpieza del derrame. Un pescador local, John Wunstell Jr., fue llevado de apuro al hospital con problemas respiratorios que atribuyó al medio ambiente nocivo.
Él y otros afirman que BP les prohibió utilizar máscaras, y presentó un pedido de actuación judicial para obligar a BP a que proporcione máscaras y otros equipos de protección para los trabajadores de la limpieza. ¿Cuál fue la respuesta de Hayward, de BP? “Estoy seguro de que realmente están enfermos, pero no se sabe si eso está relacionado con los dispersantes y el petróleo, o si se trató de intoxicación por alimentos o hubo otro motivo para que se enfermaran. La intoxicación por alimentos es claramente un gran problema cuando tienes una concentración de este número de personas en campos de trabajo temporal, en alojamientos temporales. Es algo que debemos tener muy en cuenta. Es uno de los grandes problemas de mantener a un ejército funcionando. Los ejércitos marchan en base a sus estómagos”.
Dean Blanchard estaba furioso. ¿Por qué, preguntó, BP confiscó la ropa que vestían los trabajadores luego de que se pusieran las batas que les dio el hospital? Y se respondió: “Simplemente está buscando una excusa. Si le preocupaba tanto la comida, ¿por qué confiscó la ropa de la gente que fue trasladada al hospital? Una vez que les pusieron las batas del hospital, BP se llevó su ropa, eso es lo que tengo entendido. Así que no creo que se necesite verificar las prendas de la gente para examinar la intoxicación por alimentos. La vestimenta de alguien se necesitaría sólo en caso de tener que examinar una intoxicación por químicos”.
Dean Blanchard nos llevó hacia el Golfo para ver las operaciones de limpieza. Los dueños de las embarcaciones se negaron a hablar con nosotros. Blanchard dijo que tenían motivos, “Temen hablar y temen ser vistos, porque BP los amenazó de que si hablaban con los medios, serían despedidos”.
Otro pescador, Glenn Swift, a quien conocimos en Buras, Louisiana, confirmó que firmó un contrato con una cláusula que afirma que hablar con los medios es motivo de rescición del contrato. Cuando le pregunté por qué estaba hablando conmigo, dijo: “No creo que sea correcto callar a las personas solo porque trabajas para ellos. Se supone que vivimos en Estados Unidos y se supone que hay libertad de expresión”.
Muy cerca de donde vive Blanchard y de Grand Isle, una familia levantó 101 cruces enfrente de su casa, cada una en conmemoración de algo que aman, como los “pelícanos marrones”, los “atardeceres en la playa” y la “arena entre los dedos de los pies”. El cartel apostado junto al cementerio de los sueños dice: “En memoria de todo lo que se perdió, cortesía de BP y de nuestro gobierno feder
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
El derrame de petróleo en el golfo de México pasará a la historia como uno de los peores desastres ambientales a escala mundial. Por más que la empresa British Petroleum (BP) anuncia nuevas maniobras para controlar la situación, la inyección de crudo en las aguas del Golfo seguirá hasta agosto. El petróleo llegará a costas cubanas y saldrá al Atlántico al incorporarse a la corriente del Golfo.
Se habla de un accidente en la plataforma Deepwater Horizon, pero sería más adecuado hablar de negligencia criminal. El desastre se debe a la arrogancia corporativa y la ambición de los operadores de BP. Claro, también están involucrados la empresa Transocean, dueña y operadora de la plataforma (por cuenta de BP) y Halliburton, responsable de la cimentación del pozo. ¿Qué fue lo que pasó el 20 de abril?
A las 12:35 de la madrugada los técnicos de Halliburton completan la operación de cimentación del pozo. En las horas siguientes se realizan pruebas de presión para asegurar que el pozo está bien cimentado. A las 11 horas se lleva a cabo un acalorado debate entre ejecutivos de BP y de Transocean sobre cambios en los planes relacionados con la fase siguiente en la cimentación.
Esa tarde, a las 17:05 horas se observa una pérdida de fluido en el tubo que conecta el cabezal del pozo con la plataforma. Este hecho revela que hay pérdida de presión en el cabezal que se supone debe controlar el pozo y estabilizarlo en caso de cambios repentinos en el flujo de crudo o de gas. El cabezal se supone está diseñado para cerrar el pozo en caso de una emergencia.
Entre las 17 y las 19 horas se realizan más pruebas para corroborar que la presión corresponde a las especificaciones de la cimentación. Los instrumentos indican una pérdida total de presión en la tubería de emergencia que va del pozo a la plataforma. Esta tubería sirve para cortar el flujo de crudo. En contraste, la tubería principal utilizada en la perforación acusa un aumento de presión hasta las mil 400 libras por pulgada cuadrada, lo que es señal inequívoca de un incremento extraordinario de gas natural.
A las 20 horas los técnicos de BP dan por concluidas las pruebas y comienza la operación de extracción de lodos de perforación para remplazarlos con agua de mar. Estos lodos son en realidad una combinación de barro y minerales utilizados para sellar. En tanto no se coloque el tapón de cemento para cerrar provisionalmente el pozo, la presencia de estos lodos es la única forma de restringir la expansión de gases y fluidos que están a grandes presiones en el subsuelo.
Hacia las 21 horas hay más fluidos saliendo del cabezal de los que están siendo bombeados hacia dentro y a las 21:10 la presión en la tubería principal de perforación aumenta espectacularmente. A las 21:50 surge una primera burbuja gigante de gas natural y las válvulas del cabezal son incapaces de controlarla. La primera explosión sobreviene unos segundos después. La plataforma Deepwater Horizon, titular de la marca mundial de perforación en aguas ultraprofundas, estaba condenada. A las 21:52 se da la orden de abandonarla. De sus 126 tripulantes hay 11 desaparecidos.
Hay varios problemas con el cabezal. Su diseño no siguió las especificaciones originales. Las baterías que debían hacer funcionar varios de sus aditamentos estaban defectuosas. Finalmente, uno de sus piezas medulares fue destruida semanas antes de la explosión. Es una abrazadera gigante que fue sometida a presiones superiores a las de su nivel de tolerancia. Pedazos de la abrazadera aparecieron en la cubierta de la plataforma, indicando un grave daño en el equipo. Los técnicos de BP no dieron importancia a esta señal de alarma. En adelante las lecturas de presiones en el cabezal del pozo a mil quinientos metros de profundidad serían inexactas.
La falta más grave de BP fue ordenar a los operadores de Transocean retirar los lodos pesados de perforación. Ésos son la línea clave de protección en caso de una surgiente de gas y deben ser retirados sólo después de colocarse el tapón de cemento. Pero BP estaba más interesada en acelerar el ritmo de las operaciones y decidió invertir la secuencia de operaciones.
La ley federal que limita la responsabilidad para reparación de daños de 75 millones de dólares ya no se aplica en caso de negligencia. BP va a tener dificultades en demostrar su inocencia.
El jefe de electrónica en la plataforma Deepwater Horizon, Mike Williams, hizo una declaración extraordinaria: Se nos dijo que esta era la tecnología más sofisticada y que nada de lo que ocurrió debía suceder. Es lo mismo que dijeron los ingenieros nucleares después de Isla de Tres Millas y Chernobyl. Eso dirán los técnicos de las empresas transnacionales que producen y comercializan cultivos de organismos genéticamente modificados. Les acompañará el coro de burócratas cómplices que solaparon sus actos en el campo mexicano. Pero al igual que en el Golfo de México, las cicatrices ambientales durarán generaciones.
Para la producción a gran escala de la palma aceitera, las empresas palmicultoras necesitan grandes superficies de tierras. La palma aceitera crece en clima tropical. Para abastecer a las industrias de alimentos, cosmética, química y de agrocombustibles, selvas están siendo deforestadas ,árboles milenarios que se ven sustituidos por monocultivos industriales. Para el negocio palmicultor, se hace además necesaria la construcción de refinerías, molinos, vías y otras infraestructuras para el su procesamiento, transporte y distribución. Al mismo tiempo, la producción demanda gran cantidad de agua que resulta acaparada por las empresas trasnacionales y requiere del elevado uso de agrotóxicos. Según avanza este modelo, pueblos indígenas y campesinos son despojados de las tierras donde producen su alimento y de las que dependen para su subsistencia. Las consecuencias no extrañarán a nadie: aún más empobrecimiento de la vida y de las condiciones de existencia de los pueblos y el enriquecimiento de las empresas transnacionales y los políticos de turno.
Caso de México: expropiación de tierras indígenas para la siembra de agrocombustibles El programa de agrocombustibles del Estado mexicano está siendo impulsado desde tiempos relativamente recientes. Fue sonada la que se conoció como la “crisis de la tortilla”. Las tortillas constituyen alimento básico de los mexicanos. A principios de 2007, el precio del maíz que constituye la base de su elaboración, se disparó más de un 40%, hasta sus niveles más altos en 10 años, generando una fuerte reacción social de rechazo. Esto fue debido a que los Estados Unidos empezó a destinar gran parte de su propia producción para el biodiesel. Además, las políticas del estado mexicano favorecen a los importadores y a las transnacionales, quienes acaparan el mercado y lo manejan a su antojo. Pero como el maíz es un tema muy sensible en México, se ha optó por promocionar otros cultivos como el de la palma africana, y en menor escala la jatrofa y el ricino.
El discurso del Estado mexicano hay que tomarlo con pinzas. Desde fuentes oficiales hablan de “reconversión productiva”. Pero el significado que se esconde tras esa expresión positiva, es en definitiva que los pequeños campesinos se ven obligados a abandonar su actividad, y la agricultura pasa a convertirse en un gran negocio, el agronegocio, y a concentrarse en pocas manos de unos terratenientes y grandes empresas multinacionales. Existe también un programa de desarrollo financiado por la Unión Europea (llamado PRODESIS) con fondos de cooperación al desarrollo, y que promueve ampliamente la siembra de Palma Africana en la Selva Lacandona, sin el conocimiento de l as comunidades indígenas y campesinas acerca de los reales riesgos ecológicos y sociales que los monocultivos de palma tienen en otros países como Indonesia, Malasia, Papua Nueva Guinea, Perú, Ecuador o Colombia.
Para hacerse una idea, el plan estratégico de agrocombustibles sólo para el estado de Chiapas, establece un potencial de 900 mil !!! hectáreas como superficie potencial en el Estado, lo que significa la séptima parte de la superficie estatal. El gobierno chiapaneco ha llegado a hablar de alcanzar al menos las 500 mil hectáreas en un plazo de diez años. Por lo pronto, ya se han establecido al sur de la Selva Lacandona hasta seis viveros de palma africana, los más grandes de América Latina, dicen.
Se mire como se mire, las ventajas para la población campesina no existen. Además de los estragos que ya hemos mencionado más arriba propios de los monocultivos de palma aceitera en cualquiera de los países en que se produce, para impulsar estos grandes planes en México, incluso se modificaron previamente artículos constitucionales para permitir la titulación individual y la posterior privatización de las tierras y territorios de pueblos indígenas y comunidades campesinas (en México, ejidos y bienes comunales).
La forma en cómo está diseñada la expansión de los cultivos de palma, los campesinos no son dueños de ninguna etapa del proceso. Como mucho, participan en la producción y venta del fruto a acaparadores ó, en el mejor de los casos a la extractora de aceite. El monocultivo está sobreexplotando la mano de obra barata de inmigrantes ilegales centroamericanos.
Para peor, finales de enero 2010, se produjo el desalojo violento de dos comunidades en la Reserva Montes Azules, en la Selva Lacandona. En el trasfondo del conflicto se encuentra la necesidad de despejar el territorio de sus pobladores para dejar lugar a la expansión de la palma (al respecto, ver: http://www.salvalaselva.org/protestaktion.php?id=535). El desalojo tiene como fin eliminar a la resistencia por parte de quienes viven en y del territorio, para dar paso las nuevas actividades que se aspiran a implementar. Ya se está denunciando la previsión de que habrá más desalojos muy próximamente en otras comunidades [1] . Los medios de comunicación hablan de “reubicación mediante el diálogo” y de la “intención de proteger los recursos naturales”, pero nadie ha sido más efectivo que los pueblos indígenas para conservar la integridad de los ecosistemas.
Todo este conflicto se da en un área donde la rebelión zapatista luchó contra la discriminación y por conseguir reconocimiento legal y de derechos, dignidad, autonomía y paz en un intento pionero por defender un modo de vida tradicional frente al avance de la globalización, y con el telón de fondo de la entrada en vigor del TLC al que han seguido múltiples acuerdos comerciales y acuerdos de asociación con Latinoamérica cada uno de los cuales constituye una nueva sentencia de muerte a los indígenas y a su modo de vida. También el negocio de la palma saldrá con toda seguridad beneficiado de este tipo de tratos comerciales.
Un monocultivo exótico como la palma no es una selva La especie exótica se está expandiendo en los límites de zonas de altísima biodiversidad, áreas Naturales Protegidas como la Reserva de Biosfera Montes Azules y otras, y el temor es que se continúe avanzando sobre la selva, como sucede en todos los otros países.
Y en este sentido, un gran peligro es que se llegue a imponer la intención velada de los defensores de los agrocombustibles, y para la que se está trabajando muy activamente desde las altas esferas: re-definiendo los monocultivos o cultivos de una única especie (como la palma) como bosques. Recientemente saltó a la luz que la Unión Europea está trabajando en un absurdo documento donde las plantaciones de palma son definidas como “bosques” ( http://www.salvalaselva.org/protestaktion.php?id=538 ). De acuerdo a esta idea impuesta, no habría ningún problema en eliminar un bosque milenario para implantar una plantación de palma, ya que el bosque no se destruiría sino que se sustituiría por otra cosa llamada también bosque. En este caso, se ve muy claramente a qué nivel de políticos tenemos como gobernantes. El problema es que las corporaciones son muy poderosos y el apoyo político debe estar muy bien pagado.
Prohibido olvidar: Una selva es un ecosistema increíblemente biodiverso y un monocultivo es tan sólo un desierto verde, donde sólo hay una especie vegetal, y donde no puede sobrevivir ninguna biodiversidad, ni animal ni vegetal.
Consecuencias sobre las costumbres alimentarias o soberanía alimentaria de los pueblos indígenas Las consecuencias de la expansión de la agricultura industrial son dramáticas tanto para indígenas, como para toda la población rural. El modelo de producción agrícola de los países del Sur está experimentando una transición muy acelerada. Si los cultivos tradicionales cuyo fin es alimentar desaparecen para dar paso a monocultivos industriales para la exportación, faltarán alimentos. En el proceso de transformación del modo de producción los derechos de la población resultan violentados. Con el pretexto de la creación de empleos, los campesinos son despojados de sus tierras, sus bosques, su agua, de donde obtienen el alimento. Al perder su modo de sustento, los campesinos se ven arrojados a las grandes ciudades u obligados a emigrar a los Estados Unidos o a Europa, donde se verán obligados a trabajar mal asalariados y enfrentan todas las problemáticas asociadas a la emigración. Donde antes crecía el alimento de la población, crecen ahora plantas para alimentar automóviles. Y esto en un mundo donde ya previamente había 800 millones de hambrientos, cifra que “gracias” a los agrocombustibles según el propio director de la FAO -entre otras causas- ya se eleva a los 880 millones.
Más casos de expropiación forzosa de tierras y sustitución de selva Salva la Selva documenta continuamente casos de expropiación forzosa de tierras y de deforestación de selvas tropicales. Pero no sólo en selvas tropicales, sino también de otros ecosistemas primarios fundamentales como los humedales, las turberas, los manglares, la mata atlántica, y un largo etc. Todos estos ecosistemas están habitados por grupos humanos que dependen de ellos para su subsistencia. Su preservación también es fundamental para la estabilidad del clima, la conservación de la biodiversidad, del agua, del suelo.
En estos momentos se hacen evidentes amenazas al medio y a la integridad de la población no sólo el caso del desalojo de las dos comunidades en Montes Azules, en Chiapas, México, sino también el caso de la deforestación de la Amazonía peruana por las empresas de un poderoso grupo empresarial local llamado Romero; y el controvertido caso de Las Pavas, en Colombia, donde una empresa que provee aceite de palma supuestamente sostenible a productores de productos biológicos también a Europa ha estado directamente involucrada en desalojo violento de una comunidad campesina; comunidades de la Provincia Oro, en Papua Nueva Guinea piden al Banco Mundial que no financie más proyectos de palma africana, ya que proyectos financiados por esta institución han causado estragos en la región; y en Indonesia se dan innumerables casos, donde además de que la palma desplaza a pobladores, impacta también sobre la integridad de los orangutanes, especie en alto peligro de extinción. Así se ve que no se trata de casos aislados ni de excepciones, sino de la regla general. Todos ellos son casos muy recientes y se siguen acumulando más y más.
Políticas de la Unión Europea de promoción y fomento del uso de agrocombustibles impactan en países del Sur Además de inventar ingeniosos juegos de palabras al calificar a los monocultivos o “desiertos verdes” como bosques, la Unión Europea juega un importante papel en la amenaza a las selvas del planeta. A finales de 2008, la Unión Europea estableció su Directiva de Energías Renovables. La Directiva determina que cada estado miembro deberá alcanzar para el año 2020, un porcentaje obligatorio de energías renovables para el transporte del 10%. Este porcentaje se refiere a la cantidad de agrocombustibles con la que se mezclarán los combustibles fósiles tradicionales. A pesar de que la Directiva habla de “energías renovables”, la única opción realmente desarrollada para cumplir con este objetivo son los agrocombustibles. No existen, ni existirán para 2020 otras fuentes renovables de energía en las cantidades demandadas por el mercado. Lo paradójico es que como dentro de las fronteras de la UE no existen suficientes superficies de cultivo, los cultivos para agrocombustibles se establecerán sí o sí en los países del Sur, como está pasando. Y la carrera ya ha comenzado.
Lamentablemente, la decisión de los objetivos de agrocombustibles de la UE hizo caso omiso de las advertencias de cientos de organizaciones ambientales, grupos y movimientos sociales, científicos y autoridades de varios organismos internacionales. Todos ellos coincidieron en denunciar que la demanda que dispararía esta decisión, provocaría una carrera desenfrenada por el acceso al control de tierras y territorios. Esto ya está sucediendo. Los campesinos que usan la tierra para vivir y producir sus alimentos se están viendo obligados a dejar paso a las multinacionales, que sustituyen la diversidad poblacional, cultural y biológica por un gigantesco mono: los monocultivos.
¿Qué se puede hacer? Todas las semanas Salva la Selva lanza alertas de acción por email en defensa de las selvas tropicales y sus habitantes, y un gran porcentaje de las alertas giran en torno al tema de los agrocombustibles. No en vano es uno de los mayores causantes de deforestación y destrucción de ecosistemas primarios en la actualidad. Cualquier persona que lo desee, puede entrar en http://www.salvalaselva.org y participar en las protestas firmando cartas. Las cartas son un método efectivo de mostrar a las autoridades que los ciudadanos están pendientes y preocupados por las consecuencias negativas de las decisiones políticas sobre el medio ambiente.
Documentación crítica sobre el tema de la expansión de los agrocombustibles se encuentra reunida en un blog y a clasificada por temas y países:http://www.stop-agrocombustibles.nireblog.com
Más info:
Junto con Maderas del Pueblo, una organización chiapaneca hemos elaborado unos folletos informativos en lenguaje popular para ayudar a encender el debate sobre la problemática específica de los agrocombustibles y la expansión de la palma en el Estado de Chiapas, México:
[1] Los poblados amenazados de desalojo son Salvador Allende, Ranchería Corozal, San Gregorio, Nuevo Limar, Agua Dulce, Ojo de Agua La Pimienta y Nuevo Villaflores.
martes, 1 de junio de 2010
Puede que salvaran a millones de personas sacrificando sus vidas, y ya nadie se acuerda
Los tres superhéroes de Chernóbil
lapizarradeyuri.blogspot.com...01/06/2010
Es una de las historias más conocidas de nuestro tiempo: el día 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbil estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada, a consecuencia de 24 horas de manipulaciones insensatas y más de doscientas violaciones del Reglamento de Seguridad Nuclear de la Unión Soviética. Estas acciones condujeron al envenenamiento por xenón del núcleo, llevándolo a un embalamiento neutrónico seguido por una excursión de energía que culminó en una gran explosión a las 01:24 de la madrugada.
Sobre Chernóbil se han contado muchas mentiras. Y las han contado todos, desde las autoridades soviéticas de su tiempo hasta la industria nuclear occidental, pasando por los propagandistas de todos los signos y la colección de conspiranoicos habituales. Hay una de ellas que me molesta de modo particular, y es esa de que los liquidadores –el casi millón de personas que acudieron a encargarse del problema– eran una horda de pobres ignorantes llevados allí sin saber la clase de monstruo que tenían delante. Y me molesta porque constituye un desprecio a su heroísmo.
Y porque es radicalmente falso. Una turba ignorante no sirve para nada en un accidente tecnológico tan complejo. Los equipos de liquidadoresestaban compuestos, sobre todo, por bomberos, científicos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su amplia experiencia en la manipulación de estas sustancias. Es necio suponer que esta clase de personas ignoraban los peligros de un reactor nuclear destripado cuyos contenidos ves brillar ante tus ojos en un enorme agujero.
Los liquidadores acudieron, sabían lo que tenían ante sí, y a pesar de ello realizaron su trabajo con enorme valor y responsabilidad. Cientos, miles de ellos, de manera heroica hasta el escalofrío. Los bomberos que se turnaban entre vómitos y diarreas radiológicas para subir al mítico tejado de Chernóbil, donde había más de 40.000 roentgens/hora, para apagar desde allí los incendios (la radiación ambiental normal son unos 20 microrroentgens/hora). Los pilotos que detenían sus helicópteros justo encima del reactor abierto y refulgente para vaciar sobre él los buckets de arena y arcilla con plomo y boro. Los técnicos y soldados que corrían a toda velocidad por las galerías devastadas cantándose a gritos las lecturas de los contadores Geiger y los cronómetros para romper paredes, restablecer conexiones y bloquear canalizaciones en turnos de cuarenta o sesenta segundos alrededor de la sala de turbinas (20.000 roentgens/hora). Los mineros e ingenieros que trabajaban en túneles subterráneos, inundándose constantemente con agua de siniestro brillo azul, para instalar las tuberías de un cambiador de calor que le robase algo de temperatura al núcleo fundido y radiante a escasos metros de distancia. Los miles de trabajadores y arquitectos que levantaban el sarcófago a su alrededor, retiraban del entorno los escombros furiosamente radioactivos y evacuaban a la población. Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibía coger el petate e irse si no quería seguir allí; casi nadie lo hizo. Es más: muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda la URSS, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de física e ingeniería nuclear. Esta fue la clase de hombres y no pocas mujeres que algunos creen o quieren creer una turba ignorante y patética. Esto fueron los liquidadores.
Un helicóptero Mi-8 toca los cables de una grúa utilizada en la construcción del sarcófago y cae mientras intenta descargar arena con boro sobre el reactor abierto, el 2 de octubre. Las operaciones de liquidación se extendieron durante más de un año. Les llamaban, y se llamaban a sí mismos, los bio-robots, que seguían funcionando cuando el acero cedía y las máquinas fallaban. No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de lo que tuvieron bien poco. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer el maldito trabajo. Hoy quiero hablar de tres de ellos, que hicieron algo aún más extraordinario en un lugar donde el heroísmo era cosa corriente. Por eso, sólo se me ocurre denominarlos los tres superhéroes de Chernóbil.
El monstruo del agua que brilla en azul.
Lo único que hay de cierto en estas suposiciones sobre la ignorancia de los liquidadores es que, en las primeras horas, no sabían que había estallado el reactor. Pero no lo sabían porque nadie lo sabía. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que había estallado el intercambiador de calor, no el reactor; y así lo informaron tanto al personal que acudía como a sus superiores. Hay una historia un tanto chusca sobre cómo los aviones que llevaban al lugar a destacados miembros de la Academia de Ciencias de la URSS se dieron la vuelta en el aire por órdenes del KGB cuando éste descubrió, a través de su equipo de protección de la central, que había explotado el reactor (además de sus atribuciones de espionaje por el que es tan conocido, el KGB "uniformado" desempeñaba en la Unión Soviética un papel muy parecido al de nuestra Guardia Civil, exceptuando tráfico pero incluyendo la seguridad de las instalaciones radiológicas).
En la mañana inmediatamente posterior al accidente, un helicóptero militar obtiene las primeras tomas de video donde se observa el reactor abierto y fundiéndose. Debido a este motivo, en un primer momento se echaron sobre el agujero millones de litros de agua y nitrógeno líquido, con el propósito de mantener frío y proteger así el reactor que creían a salvo y sellado más allá de las llamas y el denso humo negro. Esto contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido a más de 2.000 ºC; y salía disparada hacia la estratosfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastraría en todas direcciones.
De todos modos, tenía poco arreglo: era preciso apagar los enormes incendios. Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo había pasado la contaminación al aire, sino que ahora tenían una gran cantidad de agua acumulada en las piscinas de seguridad bajo el reactor. Estas piscinas de seguridad, conocidas como piscinas de burbujas, se hallaban en dos niveles inferiores y tenían por función contener agua por si fuese preciso enfriar de emergencia el reactor. También servían para condensar vapor y reducir la presión en caso de que se rompiera alguna tubería del circuito primario (de ahí su nombre), junto a un tercer nivel que actuaba de conducción, inmediatamente debajo del reactor. Así, en caso de ruptura de alguna canalización, el vapor se vería obligado a circular por este nivel de conducción y escapar a través de una capa de agua, lo que reduciría su peligrosidad.
Ahora, después de la aniquilación, estas piscinas inferiores estaban llenas a rebosar con agua procedente de las tuberías reventadas del circuito primario y de la utilizada por los bomberos para apagar el incendio y en el vano intento de mantener frío el reactor. Y sobre ellas se encontraba el reactor abierto, fundiéndose lentamente en forma de lava de corio a 1.660 ºC. En cualquier momento podían empezar a caer grandes goterones de esta lava poderosamente radioactiva, o incluso el conjunto completo, provocando así una o varias explosiones de vapor que proyectasen a la atmósfera cientos de toneladas de este corio. Eso habría multiplicado a gran escala la contaminación provocada por el accidente, destruyendo el lugar y afectando gravemente a toda Europa. Además, la mezcla de agua y corio radioactivos escaparían y se infiltrarían al subsuelo, contaminando las aguas subterráneas y poniendo en grave peligro el suministro a la cercana ciudad de Kiev, con dos millones y medio de habitantes, en una especie de síndrome de China.
Se tomó, pues, la decisión de vaciar estas piscinas de manera controlada. En condiciones normales, esto habría sido una tarea fácil: bastaba con abrir sus esclusas mediante una sencilla orden al ordenador SKALA que gestionaba la central, y el agua fluiría con seguridad a un reservorio exterior. Pero con los sistemas de control electrónico destruidos, esto no resultaba posible. De hecho, la única manera de hacerlo ahora era actuando manualmente las válvulas. El problema es que las válvulas estaban bajo el agua, dentro de la piscina, cerca del fondo lleno de escombros altamente radioactivos que la hacían brillar tenuemente en color azul por radiación de Cherenkov. Justo debajo del reactor que se fundía, emitiendo un siniestro brillo rojizo.
Así pues, como las máquinas ya no podían, era trabajo para los bio-robots.Alguien tendría que caminar, un paso detrás del otro, hacia el reactor reventado y ardiente a lo largo de un grisáceo campo de destrucción donde la radioactividad era tan intensa que provocaba un sabor metálico en la boca, confusión en la cabeza y como agujas en la piel. Viendo cómo tus manos se broncean por segundos, como después de semanas bajo el sol. Y luego sumergirse en el agua oleaginosa y de brillo tenuemente azul, con el inestable monstruo radioactivo encima de las cabezas, para abrir las válvulas a mano: una operación difícil y peligrosa incluso en circunstancias normales.
Ese era un viaje sólo de ida.
Al parecer, la decisión sobre quién lo haría se tomó de manera muy simple; con aquella vieja frase que, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre bastó a los héroes:
–Yo iré.
Los tres hombres que fueron.
Los dos primeros en ofrecerse voluntarios fueron Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov. Alexei Ananenko era un prestigioso tecnólogo de la industria nuclear soviética, que había participado extensivamente en el desarrollo y construcción del complejo electronuclear de Chernóbil: cooperó en el diseño de las esclusas y sabía dónde estaban ubicadas exactamente las válvulas. Casado, tenía un hijo. Valeriy Bezpalov era uno de los ingenieros que trabajaban en la central, ocupando un puesto de responsabilidad en el departamento de explotación. Estaba también casado, con una niña y dos niños de corta edad.
Los dos eran ingenieros nucleares. Los dos comprendían más allá de toda duda que se disponían a caminar de cara hacia la muerte.
Mientras se ponían sus trajes de submarinismo sentados en un banco, observaron que necesitarían un ayudante para sujetarles la lámpara subacuática desde el borde de la piscina mientras ellos trabajaban en las profundidades. Y miraron a los ojos a los hombres que tenían alrededor. Entonces uno de ellos, un joven trabajador de la central sin familia llamado Boris Baranov, se alzó de hombros y dijo aquella otra frase que casi siempre ha seguido a la anterior:
–Yo iré con vosotros.
Era media mañana cuando los héroes Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se tomaron un chupito de vodka para darse valor, agarraron las cajas de herramientas y echaron a andar hacia la lava radioactiva en que se había convertido el reactor número 4 del complejo electronuclear de Chernóbil. Así, sin más.
Ante los ojos encogidos de quienes quedaron atrás, los tres camaradas caminaron los mil doscientos metros que había hasta el nivel –0,5, dicen que conversando apaciblemente entre sí. Qué tal, cuánto tiempo sin verte, qué tal tus hijos, a ti no te conocía, chaval, yo es que no soy de por aquí. O parece que hoy vamos a trabajar un poco juntos, igual podemos acceder mejor por ahí, yo voy a la válvula de la derecha y tú a la de la izquierda, tú ilumínanos desde allá, parece que va a llover, ¿no?, E incluso está bien buena la secretaria del ingeniero Kornilov, ¿eh?, ya lo creo, menudo meneo le arrearía, pues me parece que este año el Dinamo de Moscú no gana la liga. Esas cosas de las que hablan los bio-robots mientras ven cómo su piel se oscurece lentamente, se les va un poquito la cabeza debido a la ionización de las neuronas y la boca les sabe a uranio cada vez más, conteniendo la náusea, sacudiéndose incómodamente porque es como si un millón de duendes maléficos te estuvieran clavando agujas en la piel. Cinco mil roentgens/hora, llaman a eso.
Y bajo aquel cielo gris y los restos fulgurantes de un reactor nuclear, los héroes Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov se sumergieron en la piscina de burbujas del nivel –0,5, con una radioactividad tan sólida que se podía sentir, mientras su camarada Boris Baranov les sujetaba la lámpara subacuática. Ésta estaba dañada y falló poco después. Desde el exterior, ya nadie les oía ni les veía.
Pero, de pronto, las esclusas comenzaron a abrirse, y un millón de metros cúbicos de agua radioactiva escaparon en dirección al reservorio seguro preparado a tal efecto. Lo habían logrado. Alguien murmuró que los héroes Ananenko, Bezpalov y Baranov acababan de salvar a Europa. Resulta difícil determinar hasta qué punto tenía razón.
Hay versiones contradictorias sobre lo que sucedió después. La más tradicional dice que jamás regresaron, y siguen sepultados allí. La más probable asegura que llegaron a salir de la piscina y celebrar su victoria riendo y abrazándose a los mismísimos pies del monstruo, en el borde de la piscina; e incluso lograron regresar sus cuerpos, aunque no sus vidas. Murieron poco después, de síndrome radioactivo extremo, en hospitales de Kiev y Moscú. Aún otra más, que se me antoja casi imposible, sugiere que Ananenko y Bezpalov perecieron, pero el joven trabajador Baranov pudo sobrevivir y anda o anduvo un tiempo por ahí.
Esta es la historia de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, los tres superhéroes de Chernóbil, de quienes se dice que salvaron a Europa o al menos a algún que otro millón de personas en miles de kilómetros a la redonda un frío día de abril. Fueron a la muerte conscientemente, deliberadamente, por responsabilidad y humanidad y sentido del honor, para que los demás pudiésemos vivir. Cuando alguien piense que este género humano nuestro no tiene salvación, siempre puede recordar a hombres como estos y otros cientos o miles por el estilo que también estuvieron por allí. No circulan fotos de ellos, ni han hecho superproducciones de Hollywood, y hasta sus nombres son difíciles de encontrar. Pero hoy, veinticuatro años después, yo brindo en su recuerdo, me cuadro ante su memoria y les doy mil veces las gracias. Por ir.
El Sacrificio, de Wladimir Tcherkoff. Lectura recomendada:
La verdad sobre Chernóbyl, con prólogo del Premio Nobel Andrei Sakharov (1991), escrito por el ingeniero nuclear Grigory Medvédev, un profundo conocedor de este complejo electronuclear y de la política energética soviética. Incluye un relato exhaustivo del accidente y haciendo honor a su título, es el que menos mentiras cuenta según mi opinión. Seguramente por ese mismo motivo, es el más difícil de conseguir. En España lo editó Heptada con el ISBN 84-7892-049-8; está agotado, pero siempre se puede intentar una llamada. En inglés fue editado con el ISBN 1-85043-331-3 (Tauris & Co, Londres) y está disponible aquí.
De visualización necesaria:
El corazón de Chernóbyl. Seguramente, el mejor documental que se ha filmado sobre las consecuencias humanas del desastre. Desde dentro; tan dentro que la directora de la ONG que lo presenta sufrió envenenamiento por cesio-137 durante la realización. Durísimo, pero absolutamente necesario. En inglés, disponible en YouTube: Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4. Si te apetece colaborar con esta ONG, puedes hacerlo aquí.