domingo, 3 de julio de 2011

¿Cuanto puede o debe "vivir" una computadora?


Cubarte_03-07-2011

Escribo este artículo para la columna DIGIMUNDO de Cubarte, cuando ya está muy próxima a alcanzar las cien entregas, utilizando una “vieja” máquina computadora de escritorio... que aunque Ud. no lo crea, se trata de una de las conocidas como 486, aquellas que eran la última palabra en computación allá por 1995.

Si aplicamos las matemáticas elementales, y hacemos una operación de resta, veremos que la maquinita con 64 megabytes de Memoria de Acceso Aleatorio (RAM) y un disco duro de 1 Gigabyte, está cumpliendo por estos días nada menos que 16 años.

Si fuera un ser humano, la clasificaríamos como una adolescente, pero como se trata de una computadora digital de escritorio IBM compatible, entonces podemos afirmar que resulta maravillosa su extraordinaria longevidad, es de hecho un caso geriátrico.

La 486 en la que escribo tuvo instalados los sistemas operativos de Microsoft conocidos como MS-DOS en sus versiones desde la 3.30 hasta la 6.22, y después se le instaló la tremendamente inestable versión de WINDOWS 95.

Finalizó sus encuentros con los engendros de Bill Gates cuando estuvo un tiempo operando con el también conflictivo WINDOWS 98, aquel más conocido entre sus usuarios como el “Terror Azul”, pues ese era el color de la pantalla que salía cuando WINDOWS 98 se “congelaba” sin otra posible solución que apagar la máquina y empezar todo de nuevo, perdiendo en no pocas ocasiones horas y horas de trabajo.

Estoy seguro que se preguntarán ¿cuáles han sido los artilugios mágicos que han hecho posible a esta 486 prolongar su vida útil durante tan largos años?, considerando entre otros factores la famosa Ley de Moore, que afirma enfáticamente el incremento de la velocidad de los microprocesadores cada X años, ley que ya está a punto de dejarse de cumplir.

Primer secreto: Mantenimiento preventivo de rutina, al menos 3 veces al año

Desde que reuní todos los elementos para armarla y finalmente se “despertó”, mi querida 486 puedo afirmar que ha recibido muy buen trato. Le aplicó un mantenimiento preventivo de rutina cada 4 meses, el cual incluye limpieza total, extracción de todo el polvo acumulado, revisión de todas las conexiones, y en la última de cada año, incluso, saco el microprocesador y le aplico una nueva fina capa de la pasta que aumenta la transferencia de calor hacia el disipador. Pero no solo me preocupo por el “hardware”.

Al final de la sesión de mantenimiento le paso varios programas de diagnóstico, lo cual desde hace ya 4 años, pertenecen a la amplia gama de software creado especialmente para los sistemas operativos de software libre y códigos fuente abiertos, pues un buen día de 2007 hube de formatear el disco duro e instalar una versión de Puppy Linux, cuyas prestaciones son realmente impresionantes a pesar del poco espacio que necesita en el disco duro.

Segundo Secreto: Protección contra transientes del sistema eléctrico y disciplina en la utilización

Desde que salió en la pantalla por primera vez el “set up” de la tarjeta madre, la 486 estuvo protegida contra los súbitos aumentos y descensos de la tensión de línea... esos que los ingenieros eléctricos llaman “transientes”, por un dispositivo fabricado en Cuba, el cual recomiendo adquirir para conectar al mismo cualquier computadora.

Se trata del llamado Protector de Línea, específicamente el que se vende para ser usado con los refrigeradores domésticos... Y MUCHO OJO, no utilizar jamás el que anuncian para la protección de los equipos electrónicos, como reproductores de sonido, televisores etc. El que SÍ SIRVE para las computadoras es el de los refrigeradores, pues el tiempo de restablecimiento que tiene establecido es superior siempre a los tres minutos una vez que se restaura el servicio eléctrico.

La muerte súbita de muchísimas computadoras, así como de un gran número de sus elementos y periféricos esta asociada a súbitas variaciones de la tensión de la línea de alimentación eléctrica, o sea en un lenguaje más asequible, los sube y baja de voltaje…

Al Protector de Línea debe conectarse la unidad de alimentación ininterrupible, ese accesorio que conocemos como “back up”, aditamente imprescindible para garantizar de la mejor manera posible el funcionamiento de un sistema de computación...

Pero... si por razones $$$$, su computadora no cuenta con el “back up”, entonces conecte los tomacorrientes de la máquina, el monitor y la impresora al Protector de Línea, el cual contribuirá muchísimo a preservar estos tres equipos de los problemas asociados a las fallas del sistema eléctrico .

Tercer y último secreto: Evitar a toda costa el sobrecalentamiento

Las altas temperaturas son enemigas de todos los equipos electrónicos en general, y las computadoras no son una excepción.

Los fabricantes han dotado a los programas básicos de entrada y salida de las tarjetas madres (motherboards) de un sistema de monitoreo de las temperaturas de operación del microprocesador, e incluso en las más recientes, se cuenta con termosensores en varios puntos de la máquina.

Hace unos momentos salvé lo que estaba escribiendo, no sólo al disco duro de la 486, sino también a una memoria flash USB y seguidamente apagué la máquina y al volver a ponerla en funcionamiento, entré en la configuración inicial, o sea eso que se conoce por “set up” en Inglés, y pude medir la temperatura, la cual para mi satisfacción estaba bien dentro de los parámetros establecidos.

Claro está que escribir un texto con el procesador Libre Office 3 consume muy pocos recursos de la máquina, que al no estar realizando tareas múltiples apenas si eleva la temperatura ligeramente sobre la reinante en el ambiente de la habitación donde estoy escribiendo.

Pero, y esto es muy importante, cuando se están efectuando tareas que si cargan al microprocesador y hay muchos accesos al disco duro, hay que tener esto en cuenta, por lo que la larga vida útil de mi 486 está también asociada a una regla del juego para su utilización: NO se usa cuando la temperatura ambiente es muy alta y no se cuenta con un ventilador que le sople aire a la caja del equipo y al monitor.

El uso del ventilador trae como consecuencia el ingreso de mucho polvo al equipo, pero es un precio que hay que pagar: no queda más remedio que abrir ambos, la computadora y el monitor periódicamente y someterlos a un exhaustivo proceso de limpieza de hasta la más mínima traza de polvo.

Componentes electrónicos críticos determinan la temida "baja técnica"

Hasta el momento la vida útil de una computadora digital tipo “de escritorio”, está determinada por las razones expuestas en este artículo a las que hay que añadir el tiempo asignado por los fabricantes a la vida de ciertos componentes electrónicos, de los cuales los capacitores electrolíticos son los más críticos.

Si se sustituyen dichos capacitores en la tarjeta madre, el ciclo de vida del equipo puede extenderse a no menos de cinco años más.

Para los escépticos que dudan que se puede hacer hoy en día con una 486

El epílogo de este artículo me parece que va a responder a una interrogante que se han hecho ya la mayoría de los lectores...

Una 486 con poca memoria RAM y un disco duro IDE de reducida capacidad, si se le instala una distribución minimalista de LINUX, como el ya citado PUPPY LINUX, proporciona al usuario la posibilidad de contar con un buen procesador de textos, un cliente de correo electrónico, así como un navegador para las redes.

Estoy seguro que para muchas personas, estas tres prestaciones básicas son las más utilizadas en la vida diaria... por lo que hay que entrar a considerar cómo prolongar la vida de no sólo estas ancianas 486 que pueden estar todavía en servicio o arrimadas en un rincón, sino también de máquinas un poco más recientes como las Pentium II y III...

Fuente: www.cubarte.cult.cu/periodico/columnas/digimundo%3B-aspectos-de-la-era-digital--/cuanto-puede-o-debe-“vivir”-una-computadora/24/19047.html


sábado, 2 de julio de 2011

La gran estafa multimillonaria de las corporaciones farmacéuticas


Al Jazeera_02-07-2011
Primera parte de un documento en dos entregas que examina los métodos utilizados por las corporaciones farmacéuticas internacionales para controlar los mercados y las vidas.

Junto a enfermedades neumocóccicas como meningitis y neumonía, la diarrea relacionada con rotavirus es una importante asesina de niños en los países en desarrollo, de la que se piensa que destruye las vidas de 500.000 niños cada año. Un abrumador 85% de estos niños son africanos y asiáticos. La necesidad de milagros médicos es mayor que nunca, pero la manipulación de los precios por las corporaciones farmacéuticas genera inmensos beneficios, mientras aumenta el precio de medicinas que pueden salvar vidas.

La corporación farmacéutica basada en Gran Bretaña, GlaxoSmithKline (GSK), ofreció recientemente un convenio para suministrar a naciones pobres 125 millones de dosis de la vacuna rotavirus –Rotarix– a 2,50 dólares la dosis, solo un cinco por ciento del precio habitual en los mercados occidentales. A través del grupo GAVI, la agencia de vacunas internacional financiada por países desarrollados como el Reino Unido, se espera que GSK y la multinacional farmacéutica Merck –que, entre ellas dominan el mercado de la vacuna rotavirus– suministren una línea segura de medicinas a bajo coste a unos cuarenta países en el futuro cercano.

¿Pero es realmente un descuento?, y si lo es, ¿quién paga el coste?

El mecanismo financiero que subvenciona la vacuna se llama Advance Market Commitment (AMC) [Compromiso anticipado de mercado], un proyecto creado por el G8, así como por el Banco Mundial y la Fundación Gates, como incentivo “atrayente” para que las multinacionales farmacéuticas consideren los mercados a largo plazo de los países en desarrollo para “bienes públicos” farmacéuticos como las vacunas. Rotarix ha despegado bien: Desde 2007 unos 50 millones de niños –mediante 100 millones de dosis– ya se han beneficiado de Rotarix; en 2009 las ventas globales de Rotarix llegaron a 440 millones de dólares –un aumento del 50% en comparación con 2008, y Rotateo de Merck llegó a 564 millones de dólares en ventas.

El ejecutivo jefe de GSK, Andrew Witty, describió la estructura de los precios como, “ni como un artilugio ni como un gesto filantrópico aislado”, sino más bien como “parte de una estrategia concertada para cambiar nuestro modelo de negocios” –diseñado para combinar “el éxito comercial con contribuciones sustentables a largo plazo”.

Estructuras de precios y beneficios

Compañías farmacéuticas como GSK han afirmado frecuentemente que el alto coste de la “innovación”, es decir investigación y desarrollo (R&D, por sus siglas en inglés) es de entre 1.000 y 1.700 millones de dólares para introducir un nuevo medicamento al mercado. La recolección de 4.300 millones de dólares por AMC y GAVI para financiar la compra de vacunas se proyectó con la premisa de que hay que compensar el alto coste de R&D de las multinacionales farmacéuticas.

Durante las últimas décadas, la industria farmacéutica de EE.UU. –más de la mitad de la cual incluye compañías basadas en Europa– ha sido en su mayor parte la industria más lucrativa en la economía de la nación, gracias a mecanismos como la ausencia de una estructura de precios impuesta por el gobierno. “La libre fijación de precios y la rápida aprobación aseguran un rápido acceso a la innovación sin racionamiento”, dijo Daniel Vasella, ex jefe de Novartis (basada en Suiza), sobre las ventajas de hacer negocios en EE.UU.

Las multinacionales farmacéuticas afirman que los consumidores estadounidenses están obligados a financiar la investigación y desarrollo necesarios para mantener el funcionamiento de la innovación global. En Australia, Europa, así como en Canadá –la fuente de la “re-importación” de muchos medicamentos recetados por ciudadanos estadounidenses, donde las medicinas se venden a veces por la mitad del precio normal en EE.UU.– los gobiernos aseguran que las estructuras de los precios hagan que los medicamentos patentados sean asequibles.

Aunque las multinacionales farmacéuticas generan considerables beneficios en esos países, cerca de un 50% de las ganancias de la industria farmacéutica global se genera en EE.UU. En 2006, por ejemplo, las ventas globales de medicamentos recetados ascendieron a más de 640.000 millones de dólares, de los cuales casi 300.000 millones fueron ventas generadas en EE.UU.

Pero el verdadero engaño son menos las tácticas maquiavélicas utilizadas por las principales compañías farmacéuticas para aplicar Botox al resultado neto que el terrible mito detrás del “verdadero” precio de la innovación: la píldora de los mil millones de dólares. De 1996 hasta 2005, las grandes compañías farmacéuticas gastaron 739.000 millones de dólares en mercadeo y administración: En este caso los costes de “administración” incluyen contabilidad, salarios de los ejecutivos (incluidas bonificaciones, opciones de compra de acciones, etc.), así como gastos de recursos humanos. “Mercadeo”, mientras tanto, consiste de publicidad directa al consumidor, argumentos de venta y muestras gratuitas para los médicos, junto con publicidad en las revistas médicas.

Un examen más minucioso del coste de los medicamentos

Durante el mismo período de 1996 a 2005, las compañías farmacéuticas gastaron 288.000 millones de dólares en R&D y 43.000 millones en propiedad y equipamiento, y generaron 558.000 millones en beneficios.

Desde el principio, es posible ver que R&D está en penúltimo lugar en términos de gastos. Pero el desglose del propio R&D no es transparente: las compañías no detallan los gastos reales para el desarrollo de un medicamente en particular, y afirman que esa información incluye secretos comerciales exclusivos y/o confidenciales.

Sin embargo, según Harvard Business Review: “El coste de un nuevo medicamento aprobado ha aumentado más de un 800% desde 1987, o 11% por año durante casi dos décadas”. Corporaciones farmacéuticas como Novartis y GSK declaran que compañías que producen medicamentos genéricos –a menudo indias– pueden eludir costes semejantes, y vender sus medicamentos “copiados” por una fracción del precio del producto patentado, vendiendo frecuentemente entre 65% y 99% más barato que las firmas intercontinentales.

El “coste de 1.000 millones de dólares” se deriva de un estudio de 2003 publicado en el Journal of Health Economics por Joe DiMasi et al del Tufts Center for the Study of Drug Development. Los autores y su organización afirmaron que el estudio fue objetivo, a pesar de que el propio Tufts Center está financiado en un 65% por las compañías farmacéuticas.

Aunque los resultados se han normalizado como exactos por los medios, los hechos han sido desacreditados desde hace tiempo por especialistas independientes.

Los autores analizaron diez grandes corporaciones farmacéuticas (responsables entre ellas de un 42% de los gastos en R&D en EE.UU., donde se realiza la mayor parte de ese trabajo), examinando los costes de R&D de 68 medicamentos seleccionados al azar, y determinaron el coste del desarrollo de cada uno en 802 millones de dólares (elevado a 1.000 millones por el ajuste a la inflación).

Como los datos fueron presentados confidencialmente por las compañías farmacéuticas a los autores, no hay modo de verificar la calidad de la información, ni hubo alguna consideración del volumen potencial de manipulación corporativa de los precios entre compañías. Los nombres de las firmas no se mencionaron; tampoco los nombres de los medicamentos, los tipos de medicamentos; o su estatus –si se trataba de un medicamento prioritario, incluyendo tratamiento avanzado, o de un medicamento “para todos”– es decir una variación de productos que ya estaban en el mercado.

“Desmitificando” los costes

Para comenzar, la cifra de 802 millones de dólares no tomó en cuenta la forma opaca y extraña de contabilidad involucrada, comenzando con “costes capitalizados”. Según los autores, los gastos de R&D. “deben ser capitalizados a una tasa de descuento apropiada –el ingreso esperado del que se privan los inversionistas durante el desarrollo cuando invierten en R&D farmacéutica en lugar de una cartera igualmente arriesgada de valores financieros”.

Como declaró Marcia Angell, doctora estadounidense, ex jefa de la redacción de The New England Journal of Medicine y catedrática senior en la Escuela de Medicina de Harvard: "Los consultores de Tufts simplemente lo agregaron a los costes generales de la industria. Esa maniobra contable casi duplicó los 403 millones de dólares a 802 millones.”

Por lo tanto, al tomar en cuenta costes actualizados por PhTMA (2006), el aumento de R&D general a 1.320 millones de dólares, más de 650 millones han sido simplemente incluidos como “investigación y desarrollo” por compañías farmacéuticas pretendiendo ganancias míticas que podrían haber sido generadas, si hubieran invertido en, digamos, Wall Street – y no en la “innovación” científica utilizada para justificar inmensas ganancias de patentes exclusivas.

El estudio tampoco incluyó alivios impositivos y subsidios corporativos, así como la evasión fiscal deliberada y legal de impuestos corporativos (ni hablar de cualquier evasión tributaria ilegal).

En la revista BioSocieties, el sociólogo Donald Light y la economista Rebecca Warburton “desmitifican” los costes del desarrollo de medicamentos en R&D analizando también los alivios impositivos involucrados en los costes de R&D.

La Oficina de Evaluación Tecnológica (OTA, por sus siglas en inglés) de EE.UU. reveló que: “El coste neto de cada dólar gastado en investigación debe ser reducido por el monto de impuestos evitados por ese gasto”. Los autores utilizaron datos de fuentes oficiales como el Tax Policy Center [Centro de política tributaria], para revelar ahorros impositivos adicionales de un 39%. Acumulativamente, los subsidios y créditos de los contribuyentes redujeron los costes generales de 403 millones de dólares a 201 millones.

Secreto fiscal

Además, como explica el artículo “Planificación Tributaria” de Ernst & Young, los costes de R&D usualmente se transfieren a jurisdicciones de alta tributación para compensar costes. Por otra parte, los beneficios generados por patentes frecuentemente se "re-ubican" en jurisdicciones de baja tributación. Las compañías farmacéuticas prefieren generar “gastos” de R&D en jurisdicciones de alta tributación como EE.UU. a fin de compensar los costes contra el ingreso gravable. Sin embargo, el coste de R&D no incluye impuestos “evitados”. No es sorprendente que la mayoría de las compañías farmacéuticas también estén ubicadas en jurisdicciones de impuestos bajos y secreto fiscal como Delaware en EE.UU., donde los beneficios se pueden transferir a beneficios pasivos y a compañías de propiedad intelectual.

En un artículo [impreso originalmente en el periódico New Age, y publicado en línea en Al-Jazeera] escribí con John Christensen, fundador de la Red de Justicia Tributaria y ex consejero económico de Jersey, uno de los máximos paraísos fiscales del Reino Unido, revelamos cómo el secreto fiscal y la propiedad intelectual (IP) se explotan para beneficiar a las corporaciones farmacéuticas, en lugar de servir las necesidades de gente vulnerable.

"Pfizer, Novartis, GlaxoSmithKline, así como más de un 60% de las multinacionales de Fortune, mantienen todas entidades en Delaware, aprovechando a tope los instrumentos de opacidad legal y financiera. Aparte del secreto fiscal y la nula revelación del beneficiario efectivo, Delaware permite que las sociedades matrices establezcan compañías holding en dos días, que no producen nada, que no realizan ninguna actividad económica en el Estado, y que en general albergan solo un accionista (la compañía madre). Semejantes entidades, que permiten que la compañía madre pague a la entidad recién creada un “honorario” por el uso de la IP, sirve como un conducto pasivo que convierte renta imponible en beneficio pasivo no imponible. El único sentido de la entidad es poseer y ‘administrar’ ingresos blanqueados generados de la IP.”

Los gigantescos gastos legales incurridos por especialistas en el desarrollo de patentes, defensa legal, la contratación de los paraísos fiscales y otros temas relacionados con la IP constituyen más costes, incluidos como R&D. Esta estrategia de optimización tributaria se parece de cerca a la de compañías de “alta tecnología” que dependen de capital intangible para la mayor parte de su riqueza. Según la revista Forbes, en 1999, tres de las cuatro personas más ricas del mundo hicieron su fortuna con derechos de propiedad intelectual. Debían su fortuna, dijo Michael Perelman, a “Microsoft, uno de los mayores propietarios de derechos de propiedad intelectual, algo muy apropiado para la denominada Nueva Economía en la cual el ‘Capital DOS’ ha suplantado a El Capital”.

Beneficios del tratamiento del SIDA

La administración de los derechos de propiedad intelectual puede ser ciertamente un negocio lucrativo. El primer tratamiento de VIH/SIDA, zidovudina [AZT], vendido con el nombre de marca Retrovir, fue fabricado por la compañía Burroughs Wellcome, incorporada posteriormente a GSK. En 1983, dos años después de que se informó por primera vez sobre el SIDA, los Institutos Nacionales de Salud [NIH] de EE.UU. y el Instituto Pasteur de París identificaron su causa –el retrovirus VIH. Ese mismo año Samuel Broder, jefe del Instituto Nacional del Cáncer (una filial de los NIH), estableció un equipo global para seleccionar instrumentos antivirales, incluida la molécula AZT descubierta por la Fundación del Cáncer de Michigan, subsiguientemente adquirida por Burroughs Wellcome.

El equipo NIH-NCI de Broder, junto a eruditos de la Universidad Duke, descubrió la efectividad de AZT contra el virus del SIDA y realizó los primeros ensayos clínicos en 1985. Como explica Marcia Angell en su informativo libro: The Truth About Drug Companies [La verdad sobre las compañías farmacéuticas], Burroughs Wellcome patentó inmediatamente el medicamento y “realizó los ensayos posteriores que posibilitaron que recibiera la aprobación de la Agencia de Alimentos y Medicamentos o Agencia de Drogas y Alimentos de EE.UU. [FDA] en 1987” después de un estudio de solo unos pocos meses. La corporación cobraba a los pacientes más de 10.000 dólares anuales por el tratamiento y se auto-cumplimentó en demasía por el logro de la medicina salvavidas.

Después de una carta auto-laudatoria de ese tipo del presidente ejecutivo de Burroughs Wellcome al New York Times, Broder y sus colegas del NCI y de la Universidad Duke respondieron airadamente, declarando: “La Compañía no desarrolló específicamente o suministró la primera aplicación de la tecnología para determinar si un medicamente como AZT puede suprimir el virus vivo del SIDA en células humanas, ni desarrolló la tecnología para determinar a qué concentración se puede lograr un efecto semejante en seres humanos. Además, no fue la primera en administrar AZT a un ser humano con SIDA, ni realizó los primeros estudios clínicos farmacológicos en pacientes. Tampoco realizó los estudios inmunológicos y virológicos necesarios para deducir que el medicamento podría funcionar, y que por ello valía la pena continuar con más estudios. Todo esto fue realizado por el personal del NCI trabajando con el personal de la Universidad Duke.”

Acentuando la información, agregaron: “Por cierto uno de los obstáculos para el desarrollo de AZT fue que Burroughs Wellcome no trabajó con virus vivos del SIDA, ni quiso recibir muestras de pacientes con SIDA”.

Tácticas asesinas

Paradójicamente, el medicamento Retrovir fue clasificado por la compañía como “medicamento huérfano”, es decir: un medicamento para el cual existe un mercado de menos de 200.000 personas –y por ello no era probable que fuera lucrativo comercialmente. Esto se hizo para pedir un crédito de 50% del gobierno por los costes de los ensayos clínicos. En 2005 se acusó a GSK de aumentar artificialmente sus beneficios a corto plazo al no aumentar la producción para satisfacer la demanda en drástico aumento, creando así “escasez” de su producto patentado. Esto se vio como un último intento de explotar la patente que debía expirar en septiembre de 2005. Poco después, el gobierno de EE.UU. aprobó versiones genéricas del medicamento.

En África se conoce a GSK –literalmente– por sus tácticas asesinas.

Cuando el distribuidor en Ghana, Healthcare Ltd. importó una versión genérica del medicamento (una combinación de AZT y 3TC – conocida como Combivir) de una compañía farmacéutica india llamada CIPLA, que la suministraba a un precio asequible (90 centavos de dólar por píldora) en lugar del precio patentado estadounidense (10 dólares por píldora), GSK amenazó al distribuidor con los tribunales, llevando a Healthcare Ltd. a cesar las ventas. Sin embargo, incluso mientras GSK acusaba a CIPLA de violar los derechos de la patente, GSK no poseía los “derechos” de Combivir en la oficina regional de patentes de África Occidental. AZT y otros tratamientos para el SIDA siguieron siendo medicamentos que fueron éxitos de venta para GlaxoSmithKline, generando 2.400 millones de dólares en beneficios en los primeros seis meses de 1997, gracias en particular a AZT y 3TC. En 1998, se referían al SIDA como “crisis sanitaria a escala mundial”, considerada por muchos como “una epidemia”.

Consecuentemente GSK ganó miles de millones de dólares con una patente, controló un mercado y determinó las vidas –y las muertes– de miles de millones de personas en todo el mundo, mediante algo que ellos no habían inventado. Afirmaron, sin embargo, que ellos concibieron que funcionaba. Esta noción bastó para excluir a los científicos del NCI, incluido Broder, de ser mencionados como inventores.

¿Pero es un ejemplo aislado?

La segunda parte de “La gran estafa de los miles de millones de dólares de las corporaciones farmacéuticas” se publicará próximamente.

Khadija Sharife es periodista y académica visitante en el Centro por la Sociedad Civil (CCS) basado en Sudáfrica, y colaboradora de la Red por la Justicia Tributaria. Es la corresponsal sudafricana de la revista The Africa Report, editora adjunta de la revista

World Poverty and Human Rights de Harvard, y autora de Tax Us If You Can Africa.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

viernes, 1 de julio de 2011

A 70 kilómetros de Blantyre, la capital comercial de Malawi, una redituable cooperativa brinda empleo a los aldeanos y preserva los bosques
Aldeanos le sacan jugo al bosque


IPS_01-07-2011


Como otras áreas forestales ubicadas a una distancia razonable de áreas urbanas, el bosque de Zalewa, en el sureño distrito malawí de Neno, está acuciado por personas que buscan leña.


Un estudio divulgado en mayo por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó que la leña brinda 95 por ciento de la energía de los hogares rurales y 55 por ciento a los hogares urbanos, y que esta elevada demanda está causando una rampante deforestación en Malawi.

Zalewa no es la excepción. El área se extiende en una zona seca, con lluvias escasas, por lo que a menudo la tierra es difícil de cultivar. Esto obliga a muchas personas a ganarse la vida vendiendo carbón y leña.

"Hasta alrededor del año 2000, la gente de aquí no sabía que podíamos beneficiarnos de este bosque de un modo más redituable mientras también lo manteníamos", dijo Tedson Kameta, ex productor de carbón.

Uno de los árboles preciados para la producción de carbón es el tamarindo, típico del bosque de Zalewa, señaló.

El tamarindo produce un carbón duro que dura mucho tiempo en el horno. Pero actualmente Kameta integra el colectivo Village Hands (Manos de la Aldea), que ha pasado de talar y quemar árboles a cosechar frutos silvestres para el creciente mercado interno de Blantyre y otras localidades.

Durante mucho tiempo la población local dejó en remojo baobabs y tamarindos para elaborar una bebida. David Zuzanani, gerente de operaciones de Village Hands, dijo que hasta que en 1996 llegó un proyecto al área, los aldeanos no tenían idea de que podían convertir esa bebida en el centro de un emprendimiento comercial.

En 1996, la organización no gubernamental Wildlife and Environmental Society of Malawi (WESM, Sociedad para la Naturaleza y el Ambiente de Malawi), con el apoyo de la GTZ (agencia alemana de cooperación técnica), creó un proyecto de conservación forestal en el área.

El proyecto estableció viveros de árboles autóctonos y actividades generadoras de ingresos, entre ellas la cría de abejas y de gallinas de Guinea y la fabricación de muebles con caña, como alternativas a la elaboración de carbón.

El proyecto también mejoró y comercializó la producción de jugo, lo que ha tenido el impacto más duradero, según los aldeanos.

"Apenas la gente se dio cuenta de que podía ganar dinero con el jugo y las frutas, empezó a crear conciencia en sus áreas para proteger el bosque", dijo Zuzanani, quien también trabajó para el proyecto WESM.

Ahora la cooperativa embotella hasta 10.000 litros de jugo por mes, utilizando la capacitación de WESM y GTZ para producir bebidas de calidad que aprobó el Buró de Estándares de Malawi.

El jugo se vende por el equivalente a 1,60 dólares en grandes supermercados como Shoprite, y en estaciones de servicio, lo que permite facturar unos 2.000 dólares por mes. La cooperativa emplea a tiempo completo a 11 trabajadores locales en su fábrica de una habitación. Otros encuentran en ella trabajo casual, clasificando y pelando fruta.

La producción es totalmente manual. Hay que poner la fruta en remojo en tres grandes contenedores, antes de pasteurizarla y de obtener la pulpa. Una técnica innovadora es extraer los nutrientes adicionales de las semillas de baobab para dar a uno de sus jugos un sabor distintivo y un color amarronado.

La cooperativa compra toda su fruta a los aldeanos. En 2008, Kameta ganó 100 dólares a partir de la venta del fruto de los baobabs de su predio. Compró tres cabras y alimento para sus vacas lecheras. El año pasado cosechó el equivalente a 40 sacos y ganó 200 dólares. Planea comprar una carreta tirada por bueyes y empezar a criar gallinas de Guinea.

Village Hands es manejado por 14 fideicomisarios, que incluyen a un jefe de cada aldea. Su junta de asesores está integrada por empresarios, ambientalistas y expertos en garantías de calidad. Su misión declarada es "usar los bosques indígenas del área de un modo sustentable y con un desarrollo de empresas locales para crear una fuente de ingresos alternativa a la producción de carbón para las comunidades".

En años de buenas ganancias, comparten los réditos financiando un proyecto que elige cada aldea.

"Algunas aldeas eligieron centros para el cuidado de huérfanos. Hemos financiado varios pequeños proyectos de ese tipo. Pero buscamos hacer crecer el negocio para poder financiar proyectos más grandes, como perforaciones y bloques de escuelas", dijo Zuzanani.

Pese a los avances, la producción de carbón todavía es el principal enemigo de la empresa.

"Protegemos zonas forestales cercanas a las áreas pobladas. Nadie puede tocarlas. Las aldeas las custodian", dijo Zuzanani.

Buena parte de la destrucción tiene lugar más allá, señaló. "Esas personas tienen dinero y pueden corromper a cualquiera. Los jefes trabajan duramente para frenar esto, pero también necesitamos que nos ayude el Departamento Forestal", agregó.

Un funcionario forestal apostado en el principal control carretero del río Shire, por el que pasa el carbón que va rumbo a Blantyre, confirmó la corrupción. En declaraciones formuladas con la condición de no revelar su identidad, dijo que a su departamento le resulta difícil controlar el comercio.

"El gobierno dice que los comerciantes (de carbón) deberían ser arrestados. Eso no es práctico. No hay ley para eso. Además, en el comercio hay individuos con poder económico y contactos políticos que pueden despedirte si les creas problemas", dijo.

Pero los aldeanos piensan que la empresa es el instrumento más importante para la reducción de la pobreza en el área.

"La fábrica es la mejor herramienta para mejorar las condiciones de vida de muchas personas aquí, si puede crecer. Así que esperamos que el gobierno vea lo que estamos ahciendo y expulse a estos comerciantes", dijo Belita Ngomano, dueña de una pequeña tienda de comestibles cercana al lugar donde se encuentra la fábrica.

Ella y su esposo abrieron el negocio en 2009 con capital que obtuvieron, en parte, de la venta de frutos de tamarindo a la fábrica.