domingo, 4 de diciembre de 2011

Aproximación al concepto de deuda ecológica


Revista Pueblos_04-12-2011

Históricamente, en la economía y en la política se ha dado mucha más importancia a los asuntos financieros que a la perdida de la ecología. La deuda externa ha marcado el rumbo de las políticas económicas aplicadas en los países de América Latina en las últimas décadas, aunque si bien el importe inicial de la deuda externa contraída ya ha sido pagado, los intereses de la deuda aumentan constantemente y esto hace que se vuelva una deuda eterna.

La discusión sobe la cuantificación y reclamo de la deuda ecológica es muy reciente, apenas una década. La deuda ecológica es “en esencia la responsabilidad que tienen los países industrializados del Norte, sus instituciones, la élite económica y sus corporaciones por la apropiación gradual y control de los recursos naturales, así como por la destrucción del planeta causada por sus patrones de consumo y producción, afectando la sustentabilidad local y el futuro de la humanidad. Basados en esta definición, los pueblos en el Sur son acreedores de esta deuda y los deudores los países del Norte” [1].

Para Joan Martínez Alier [2] la deuda externa y la deuda ecológica se relacionan principalmente por dos componentes:

a) el reclamo de la deuda ecológica se justifica a cuenta de la exportación mal pagada –los precios no incluyen los costos ambientales- y a cuenta de los servicios ambientales proporcionados gratis;

b) la obligación de pagar la deuda externa y sus intereses llevan a una depredación de la naturaleza. Entonces, puede considerarse que no debe pagarse la deuda externa a menos que el norte pague antes la deuda ecológica.

En cuanto al primer componente Martínez Alier da algunos ejemplos: “el petróleo que México exporta a Estados Unidos está infravalorado porque no tiene en cuenta la contaminación producida en las zonas de extracción de bosque tropical húmedo de Tabasco y Campeche, porque no incorpora un costo adicional a cuenta de sus efectos negativos sobre el cambio climático global… el conocimiento exportado desde la América latina sobre los recursos genéticos silvestres o agrícolas (la chinchona officinalis, la papa, el maíz...) lo ha sido a un precio cero o muy barato, mientras que la absorción de dióxido de carbono por la nueva vegetación o en los océanos se viene realizando gratis…” [3]

En el segundo caso, para lograr pagar la deuda externa se necesita que lo producido sea mayor que el consumo, es decir que haya un excedente, esta mayor productividad se hace a costa de aumentar la plusvalía relativa o de un mayor abuso de la naturaleza. Al aumentar los intereses de la deuda los recursos se agotan y al aumentar la deuda externa se estaría infravalorando el futuro. Es absurdo que se priorice el pago de una deuda que crece a un interés compuesto a costa de sacrificios humanos y de la naturaleza.

Para reclamar y cuantificar el monto de la deuda ecológica, Martínez Alier identifica seis componentes de la deuda ecológica expresada en dinero [4]. Primero, los que respectan al comercio ecológicamente desigual: a) Los costos de reproducción o sustentación o manejo sostenible de los recursos naturales renovables exportados; por ejemplo, la reposición de los nutrientes incorporados en las exportaciones agrarias; b) los costos actualizados de la no-disponibilidad futura de los recursos no-renovables destruidos. Por ejemplo, el petróleo ya no disponible, o la biodiversidad destruida; c) los costos de reparación (no pagados) de los daños locales producidos por las exportaciones. Por ejemplo, la contaminación de ríos y los daños a la salud por la explotación de minas.

Segundo, los componente relativos a la falta de pagos de servicios ambientales: a) Los costos de reparación de las consecuencias de la importación de residuos tóxicos sólidos o líquidos; b) el importe correspondiente a los residuos gaseosos absorbidos gratuitamente hasta ahora o depositados en la atmósfera (C02, principalmente); c) el importe de la información y conocimiento sobre recursos genéticos cedidos gratuitamente, siempre que haya habido un aprovechamiento comercial de esta información y conocimiento.

Ciertamente los daños a la naturaleza son muchas veces inconmensurables, pero se trata de cuantificar para reclamar la deuda ecológica utilizando el mismo lenguaje, pero bajo una lógica diferente.

Si nos remontamos siglos atrás, hacia la historia de la colonización y el despojo, encontramos más argumentos para hablar de una deuda histórica de los países europeos hacia los latinoamericanos. En su discurso ante la reunión de jefes de Estado de la Comunidad Europea en febrero de 2002, el cacique mexicano Guaicaipuro Cuactemoc formula algunas tesis importantes para afirmar, que desde esa óptica, América latina es acreedora y no deudora, en su discurso afirma contundentemente: “También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América”.

Si se les aplicara la misma lógica de un interés compuesto, y considerando los crímenes cometidos, se estaría hablando no sólo de un pago de una deuda histórica, sino también del pago de indemnizaciones por daños y perjuicios.

Bajo esta lógica América latina no es deudora sino más bien acreedora de los países ricos. Es momento de cambiar y priorizar la lógica de la vida, antes que de la lógica mercantil, cosificada y de muerte. www.ecoportal.net

Evelyn Martínez. Asociación de Estudiantes de Economía (AEE)

Revista Pueblos
www.revistapueblos.org

Notas:

[1] Martínez Alier, Juan, “Deuda ecológica y deuda externa”. En el curso: “Ecología política en el capitalismo contemporáneo”. Programa Latinoamericano de Educación a Distancia (PLED). Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Buenos Aires, Septiembre de 2010->Martínez Alier, Juan, “Deuda ecológica y deuda externa”

[2] En el curso: “Ecología política en el capitalismo contemporáneo”. Programa Latinoamericano de Educación a Distancia (PLED). Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Buenos Aires, Septiembre de 2010."

[3] Ibid. pág. 2.

[4] Ibid. pág. 17

sábado, 3 de diciembre de 2011

Bayer sigue matando abejas en todo el planeta con sus plaguicidas neonicotinoides

Ecoportal_03-12-2011


La preocupante muerte de poblaciones de abejas en todo el mundo es probable que continúe ya que la compañía agroquímica alemana Bayer sigue fabricando y vendiendo plaguicidas neonicotinoides.

La rendición de cuentas de Bayer en el fenómeno conocido como el trastorno del colapso de colonias (CCD) es uno de los casos que se oirán en el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) de la Conferencia de corporaciones agroquímicas transnacionales (ETN), un hito tribunal internacional de opinión que van a tratar los agroquímicos más grande de seis las empresas transnacionales de varios violaciónes de derechos humanos que se celebrará a partir de diciembre 3-6 2011.

“Las muertes de abejas son un problema global, por lo que es crucial para discutir este tema y encontrar soluciones a nivel internacional. Es alentador que el PPT como una iniciativa global para abordar este problema, que es tanto ambiental como una amenaza económica“, dijo Philipp Mimkes, portavoz de la Coalición contra los peligros de Bayer, un grupo con sede en Alemania el interés público.

Mimkes reveló que el imidacloprid (Gaucho nombre del producto) y clotianidina (Poncho) siguen siendo los pesticidas de Bayer más vendidos, a pesar de que esta clase de productos, conocidos como neonicotinoides, está fuertemente ligada al CCD.

En 2010, las ventas alcanzaron un valor de Gaucho U$S 820 millones mientras que las ventas alcanzaron un valor de Poncho U$S 260 millones. Gaucho ocupa el primer lugar entre los plaguicidas más vendidos de Bayer, mientras que Poncho está en séptimo lugar. “Esta es la razón por la Bayer, a pesar de los graves daños ambientales que causa, está luchando con uñas y dientes contra cualquier prohibición de la aplicación de los neonicotinoides,” dijo Mimkes.

En Europa, muchos de los usos peligrosos de los neonicotinoides han sido prohibidos. Alemania, Italia, Francia y Eslovenia han dejado el uso de Gaucho y Poncho en el tratamiento de las semillas de maíz, su aplicación más importante. Sin embargo, el uso de estos plaguicidas está restringido en muchos países, incluyendo los EE.UU., donde un tercio de la población de abejas ha muerto desde 2006.

Las abejas de miel polinizan más de 70 sobre 100 cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos del mundo. Que polinizan la mayoría de las frutas y verduras, incluyendo manzanas, naranjas, fresas, cebollas y zanahorias. La disminución de la población de abejas por lo tanto tiene efectos graves para la seguridad alimentaria y de subsistencia de los agricultores.

También puede afectar a la variedad de cultivos alimentarios que pueden ser cultivadas y por lo tanto el valor nutricional y la variedad de nuestro suministro de alimentos.

Disminución de las poblaciones de abejas

El término CCD se utiliza para describir la drástica disminución de las poblaciones de abejas en todo el mundo, que comenzó a mediados de la década de 1990. Este fue también el mismo período en que los neonicotinoides se introdujeron en el mercado. En 1994, las poblaciones de abejas comenzaron a morir en Francia, y más tarde en Italia, España, Suiza, Alemania, Austria, Polonia, Inglaterra, Eslovenia, Grecia, Bélgica, Canadá, EE.UU., Brasil, Japón y la India.

Neonicotinoides son una clase de pesticidas que están químicamente relacionados con la nicotina. Que son absorbidos por el sistema vascular de la planta y se libera a través de las gotas de polen, néctar y agua que las abejas liban después de forraje y la bebida.

Mientras que CCD es causado probablemente por una combinación de muchos factores, incluyendo las tensiones de la apicultura industrial y la pérdida de hábitat, muchos científicos creen que la exposición a los pesticidas es un factor crítico. Neonicotinoides son de particular interés debido a que tienen efectos acumulativos, subletales sobre las abejas y otros insectos polinizadores. Estos efectos incluyen trastornos del sistema neurológico e inmunológico que se corresponden con los síntomas de la CLD.

CCD tiene un impacto severo sobre las condiciones de vida de los apicultores de todo el mundo. En los EE.UU., donde se valora la industria de la apicultura en U$S$ 15 mil millones, las pérdidas debidas a la CCD se estima que 29 a 36 por ciento por año.

En 1991, Bayer comenzó a producir el imidacloprid, que es ahora uno de los insecticidas más utilizados para el campo y los cultivos hortícolas, de girasol, especialmente el maíz, y la violación. En 1999, sin embargo, Francia prohibió el imidacloprid como tratamiento de las semillas de girasol, después de que un tercio de las abejas francés murió después de su uso generalizado. Cinco años más tarde, también fue prohibido en el tratamiento de maíz.

Bayer se produce la clotianidina, un sucesor de imidacloprid. Esto se produjo en el mercado americano en 2003, y el mercado alemán en 2006. Clotianidina es también un neonicotinoides y altamente tóxico para las abejas.

Un estudio reciente de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) describió el informe pesticidas de Bayer imidacloprid y clotianidina como un riesgo para numerosos animales. El estudio reveló que estos productos químicos potencialmente causar la exposición crónica tóxicos para los polinizadores no objetivo, así como los animales como los gatos, los peces, ratas, conejos, pájaros y lombrices de tierra. “Los estudios de laboratorio han demostrado que estos productos químicos pueden causar la pérdida de sentido de dirección, afectar la memoria y el metabolismo cerebral, y mortalidad por cualquier causa”, dijo el informe del PNUMA.

Debido a su alto nivel de persistencia, los neonicotinoides puede permanecer en el suelo durante varios años. Por lo tanto, incluso los cultivos sin tratar sembradas en campos donde los pesticidas fueron utilizados anteriormente puede llevar hasta las toxinas del suelo a través de sus raíces.

En 2008 en Baden-Wuerttemberg, sur de Alemania, dos tercios de la población de abejas a lo largo del río Rin, murió cuando el polvo del tratamiento de semillas de maíz clotianidina fueran aplicados en los campos vecinos de maíz. Esto dio lugar a una pérdida media de 17.000 euros para beekepers afectados. Las pruebas en las abejas muertas mostró que el 99 por ciento tenía una acumulación de clotianidina. Mariposas y otros insectos útiles desaparecido en la misma.

Presión para detener los neonicotinoides

Mimkes grupo ‘ha estado haciendo campaña contra los neonicotinoides desde 1997, cuando los riesgos de los neonicotinoides son más o menos desconocidos para el gran público. Dijo que es hora de que Bayer está presionado agresivamente para detener la fabricación y venta de estos plaguicidas, y se hace responsable por las pérdidas económicas y daños ambientales causados por sus productos.

“La novedad más importante es que hoy en día hay miles de informes, artículos y estudios de todo el mundo acerca de la correlación de la exposición a los pesticidas, tales como imidacloprid y clotianidina, y el descenso generalizado de las abejas. Apicultores y los grupos ecologistas en muchos países se han convertido en activos, y han presionado a los gobiernos y las autoridades para proteger a las abejas “, dijo.

Asociaciones ecologistas y la apicultura en todo el mundo han reunido 1,2 millones de firmas para exigir que la clotianidina sea retirada del mercado, se presentaron al director general de Bayer durante una reunión de accionistas. La recogida de firmas fue provocada por la filtración pública de una nota interna de los EE.UU. Agencia de Protección Ambiental (EPA), lo que confirma el riesgo de que el plaguicida supone para las abejas y describe Bayer estudios de seguridad insuficientes.

La EPA en 2003, siempre y “registro condicionado” a la clotianidina, en espera de la conducta de Bayer de un estudio del ciclo de vida crónicas sobre su efecto en las abejas. Bayer solicitó más tiempo para terminar su investigación, período durante el cual ampliamente vende el producto. Bayer finalmente presentaron su estudio en 2007, que el EPA declaró que “científicamente” y se utiliza como base para la continuidad del registro de la clotianidina.

Pero el memo filtrado de la EPA reveló que la EPA concedió Bayer permiso para llevar a cabo su estudio sobre el aceite de canola, en lugar de maíz - una distinción crucial, ya canola es un cultivo menor en comparación con el maíz. Además, los estudios se llevaron a cabo en los campos de prueba de que eran demasiado pequeños y juntos. Con las abejas libando en una gama de hasta seis millas, lo que parecía más probable que las abejas prueba cenamos fuera de los campos de prueba, el memorándum va más lejos, dijo.

La próxima Sesión PPT en las empresas transnacionales agroquímicas incluirá en su acusación los gobiernos e instituciones que en algunos casos en connivencia con las empresas transnacionales de agroquímicos en violaciónes del derecho a la vida, la salud y vida, entre otros derechos humanos básicos.

Según Mimkes, “PPT anteriores han ayudado a poner presión sobre las empresas, por lo que esperamos que trae un impulso adicional para la campaña para detener la muerte masiva de abejas.”

El PPT tiene sus raíces históricas en los tribunales sobre la guerra de Vietnam y las dictaduras de América Latina. En la época más reciente de la globalización corporativa, PPT han abordado y se exponen las empresas transnacionales que operan por encima de las leyes nacionales y puede cometer violaciónes de derechos humanos con impunidad.

La sesión de PPT sobre las empresas transnacionales de agroquímicos es el primero en meta de Monsanto, Syngenta, Bayer, Dow Chemical, DuPont, BASF y las seis o las empresas que actualmente en el control de los alimentos del mundo y el sistema agrícola. (Traducción: FUNDAVIDA)www.ecoportal.net

Coordinación contra los peligros de BAYER
www.CBGnetwork.org

Fuente: http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Bayer_sigue_matando_abejas_en_todo_el_planeta_con_sus_plaguicidas_neonicotinoides

viernes, 2 de diciembre de 2011

El Internet y sus mitos


Rebelión_02-12-2011

Un cuchillo puede servir para cortar la comida…., o para apuñalar a alguien. Del mismo modo, la energía nuclear puede servir para alumbrar toda una ciudad, o para hacerla volar por el aire. Conclusión: la tecnología en sí misma, permítasenos apelar a este maniqueísmo un tanto reduccionista, no es ni “buena” ni “mala”. El aprovechamiento de los avances técnicos está en función del proyecto humano en que se despliegan. Los instrumentos que el ser humano va creando, desde la primera piedra afilada del Homo Habilis hasta la más sofisticada estación espacial actual, son herramientas que ayudan a la vida. Las herramientas no tienen un valor por sí mismas: son la perspectiva ética, el modelo de ser humano y de sociedad a la que sirven, quienes les da su valor.

Es importante empezar diciendo esto para aclarar un mito que se ha venido dibujando en el mundo moderno, el mundo de la industria basado en la siempre creciente revolución científico-técnica: el mito de la tecnología y del progreso sin par. Las herramientas, los útiles que nos ayudan y hacen más cómoda la vida cotidiana –el tenedor, la presa hidroeléctrica, el calzador para ponernos un zapato o el microscopio electrónico– son pasos que nos van distanciando cada vez más de nuestra raíz animal. Pero con la aceleración fabulosa de estos últimos dos siglos que se da con la industria surgida en Europa y hoy ya globalizada ampliamente, el poder técnico pareciera independizarse obteniendo un valor intrínseco: la tecnología pasa a ser un nuevo dios ante el que nos prosternamos. En muchas ocasiones terminamos por adorar la herramienta en sí misma, independientemente de su real utilidad o de las consecuencias nocivas que pueda acarrear. Una vez más entonces: la tecnología no es “buena” ni “mala”. Es el proyecto político-social en la que se inscribe lo que debe cuestionarse. Los motores de combustión interna, por ejemplo, facilitaron las comunicaciones de un modo espectacular, pero al mismo tiempo pasaron a ser los principales contaminantes del mundo contribuyendo a provocar la catástrofe medioambiental que vivimos destruyendo la capa de ozono. ¿Son los automóviles la “causa” de ese desastre? Obviamente no, sino el proyecto social al que sirven. Y es claro que el mismo está decidido e implementado por grandes poderes que obligan a seguir determinados criterios y no otros: ¡todo el mundo consume automóviles alimentados con gasolina hasta que se termine la última gota de petróleo que hay en el subsuelo! ¿Se consultó a alguien, a los ciudadanos comunes, si estábamos de acuerdo con eso?

El mito tecnológico alimenta generosamente esas construcciones culturales borrando la reflexión crítica al respecto: “tener auto da estatus…, y si es una Ferrari, ¡mejor!” Los mitos tienen esa función: dan explicaciones convincentes del mundo, eximen de seguir interrogándonos porque “resuelven” el origen de todas las cosas. En la sociedad planetaria actual, marcada por la gran industria que transformó radicalmente la vida en estos últimos 200 años, hoy por hoy el desarrollo técnico ha llevado a entronizar la acumulación y procesamiento de información como el bien más importante. Tanto, que se puede hablar de una “sociedad de la información”. En esta nueva “aldea global”, las tecnologías de punta ligadas a las comunicaciones marcan el ritmo: sociedad digital, sociedad basada en la inteligencia artificial y en la virtualidad, donde quien no puede seguir ese ritmo –y de hecho, es la gran mayoría planetaria– queda en una situación de desventaja comparativa cada vez mayor con quien sí lo impone. De más está decir que son unos pocos centros de poder mundial los que detentan esas tecnologías. Las diferencias, por tanto, se aumentan exponencialmente. Las sociedades agrarias que por milenios se desarrollaron en los distintos puntos del planeta, con diferencias sin dudas, tenían no obstante una cierta paridad entre sí. Hoy día, estas tecnologías hiper desarrolladas que combinan ámbitos diversos como la navegación aeroespacial, la inteligencia artificial y la búsqueda de nuevos materiales, han creado brechas (abismos mejor dicho) tan enormes que el mundo que se perfila para más adelante nos presenta en realidad la perspectiva de dos mundos: quienes siguen con el arado de bueyes… y quienes están en la ampulosamente llamada “post modernidad”. “La tecnología de la información y las comunicaciones entraña innovaciones en microelectrónica, computación (equipo y programas informáticos), telecomunicaciones y óptica electrónica (microprocesadores, semiconductores, fibra óptica).

Esas innovaciones hacen posible procesar y almacenar enormes cantidades de información así como distribuir con celeridad la información a través de las redes de comunicación. La ley de Moore predice que la capacidad de computación se duplicará cada período de 18 a 24 meses gracias a la rápida evolución de la tecnología de microprocesadores. La ley de Gilder augura que cada seis meses se duplicará la capacidad de las comunicaciones, una explosión en la amplitud de banda, debido a los avances de la tecnología de redes de fibra óptica”, alertaba Naciones Unidas en su Informe de Desarrollo Humano algunos años atrás. Es allí donde entran a tallar los mitos: “La tecnología es como la educación: permite a las personas salir de la pobreza”, dice el referido Informe. Sí y no. Las nuevas herramientas sirven, por supuesto; pero no resuelven la vida. Si hay pobreza –¡y por cierto la hay, y mucha!– ello responde a estructuras de base asentadas en la explotación de unos por otros. Allí hay una cuestión de ejercicio de poder, conflictos de clase, dominación. Ninguna herramienta, por más sofisticada que sea, puede cambiar esas relaciones. La tecnología ayuda a hacer el mundo más cómodo. Pero también puede transformarlo en un infierno. No hay dudas que para quienes están leyendo este texto en la pantalla de su computadora, habiéndolo descargado de internet, la tecnología digital es un paso adelante fabuloso. No dirán lo mismo los pobladores de República Democrática del Congo, que viven en situación de pobreza extrema y en guerra casi perpetua por ser el principal productor mundial de coltán, el material con el que se elaboran los microchips gracias a los cuales funcionan las computadoras y los satélites geoestacionarios que permiten estos prodigios técnicos, como estar leyendo esto ahora. Apurémonos a aclarar que este escrito no pretende ser, como en los tiempos de la revolución industrial en Inglaterra, un llamado a destruir las nuevas máquinas “endemoniadas”. Bienvenidas las nuevas tecnologías, sin dudas. Pero no dejemos de ser críticos. Internet es un adelanto tecnológico espectacular, de eso no cabe la menor duda. Pero estemos alertas con los mitos que se van tejiendo al respecto. “Internet ha cambiado el mundo”, “la historia está cambiando gracias al internet”, “la vida antes y después del internet”..... Frases así se escuchan a diario, se han hecho comunes, populares.

Pero justamente por tan omnipresentes merecen ser, como mínimo, puestas en entredicho. No hay dudas que algunos desarrollos técnicos tienen una importancia mayor que otros en la historia humana. La agricultura, la rueda, los metales, la máquina de vapor –por poner algunos ejemplos– definitivamente han dejado marcas indubitables, más que otros. En la era de la revolución científico-técnica que vive el mundo desde hace doscientos años, ciertas invenciones, ciertos campos de descubrimiento posibilitaron saltos cualitativos de profundidades inéditas. Las comunicaciones, quizá más que ninguna, se inscriben en ese ámbito. Hoy, de hecho, ellas representan una de las áreas más dinámicas del quehacer humano, en todo sentido: por la celeridad con que crecen, por su calidad siempre en aumento, por las transformaciones socio-culturales a que dan lugar, por las fortunas que contribuyen a amasar. Internet hace parte de todo ese paquete, pero más aún: es su estandarte, su insignia.

El mundo post moderno es el mundo de la red de redes, del ciberespacio. Ahora bien: ¿en qué sentido internet ha cambiado el mundo? En este nuevo mundo digital, globalizado, hiper comunicado, por supuesto es la savia vital de la nueva economía basada en la información, en la velocidad rutilante, en la virtualidad del ciberespacio. Pero permítasenos dos observaciones. Por un lado, el número de seres humanos con acceso a esta tecnología todavía es mínimo a escala planetaria. Mucha población mundial todavía ni siquiera dispone de energía eléctrica o de acceso a un teléfono, y el analfabetismo (no el digital, sino el de la lectoescritura) sigue siendo una dura realidad para alrededor de 1.000 millones de personas. No hay dudas que internet llegó para quedarse, pero todavía estamos muy lejos de poder decir que sea un invento disfrutado por las mayorías. Y nada hace pensar que se esté por llegar rápidamente a ese punto. “Actualmente, de las computadoras conectadas con la Internet, el 93% están en los países de más altos ingresos, donde reside sólo un 16% de la población mundial. Hay en Finlandia más computadoras conectadas a la Internet que en toda la región de América Latina y el Caribe; hay más en la ciudad de Nueva York que en todo el continente de África”, da como datos contundentes el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. El mito del cambio del mundo en función de la llegada de internet, de momento no es sino la promoción mercadológica de quienes detentan estas tecnologías, y por supuesto las comercializan. En muchos países del Tercer Mundo hay ya más teléfonos celulares que población (y quizá pronto haya tantas computadoras conectadas con internet como personas), pero de todos modos el desarrollo no llega. Salir de la pobreza es algo más que una cuestión técnica.

Pero por otro lado –quizá esto es lo más importante para analizar críticamente– los cambios que puede traer aparejados, no necesariamente son transformaciones positivas vistas en términos de especie humana. Hoy día internet es cada vez más omnipresente en innumerables facetas de la vida: sirve para la comercialización de bienes y servicios, para la banca en línea, para la búsqueda de la más variada información (académica, periodística, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que más crece en el mundo de las nuevas tecnologías digitales, esto no hay que olvidarlo –preparación en los niños de los futuros consumidores del futuro–), en la gestión pública (algunos gobiernos están incorporando el uso de redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube cuando las autoridades dan a conocer su posición sobre acontecimientos relevantes), habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo cibernético. Hasta incluso podríamos agregar que da la posibilidad de espacios alternativos y de denuncia como éste donde ahora aparece el presente texto. Todo esto beneficia la vida cotidiana, la hace más cómoda, más placentera incluso, facilitando el acceso a fuentes de información insospechadas algún tiempo atrás. Sin embargo, no debemos olvidar que también esto ha creado una cultura de la “información de la pantalla”: breves resúmenes audiovisuales que en tres líneas explican todo, desde una receta de cocina a la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, desde la noticia puntual del momento al Corán. Cultura de la inmediatez, del flash. Internet contribuye también, visto en esta lógica, al triunfo de la imagen sobre la simbolización –¿evaporación del pensamiento crítico?– La imagen juega un papel muy importante en esta cultura cibernética. Lo visual, cada vez más, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso seduce, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexión. “La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sintética. Ésta fascina y seduce. Se renuncia así al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo”, se quejaba amargamente Giovanni Sartori .

No hay dudas que “pega” más una imagen atractiva que un discurso sesudo, profundo; la fascinación hace parte medular de lo humano. Seguramente por eso pudo constituirse –y seguirá ahondándose– esa cultura de lo visual no crítico. Lo cual no es condenable; lo escandaloso es la manipulación con fines de control social que se pueda hacer de ello. Al respecto valen las palabras de Carlos Estévez: “en términos mayoritarios [los usuarios de internet] adquieren información mecánicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mínimo esfuerzo al estudio, necesario para la promoción, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teoría y práctica”. “¡No piense, mire la pantalla!” Así podría resumirse la tendencia cultural moderna, de la que internet es principal tributario, junto con la televisión. Según una investigación de la empresa de encuestas Gallup, nada sospechosa de posiciones críticas precisamente, el 85% de lo que “sabe” un adulto urbano término medio proviene de los mensajes asimilados en la televisión. ¿Realmente sabe?

La imagen atrapa, tiene un valor propio: fascina. La actual cultura cibernética, nada distinta a la televisiva, obliga a perpetuarse horas y horas ante una pantalla (de la computadora, o actualmente también de un teléfono móvil con acceso a internet, o de las tablets). Así como los insectos caen en la luz que los subyuga, así los humanos sucumbimos a las pantallas de las “máquinas vendedoras de sueños”. Esto nos lleva preguntar: ¿estamos condenados a vivir siempre con un nivel de ilusión? ¿Por qué es más fácil dejarse invadir por las imágenes atractivas que desarrollar una lectura analítica? ¿Por qué gusta destinar tanto tiempo a la “recreación” simple que nos ofrecen las pantallas? Y nadie, absolutamente nadie podría decir que en internet no se ha desarrollado ya una fabulosa cultura del copia y pega que va marcando nuestro cotidiano modo de hacer. Una vez más, y para que no queden dudas: internet es un invento fabuloso y vale la pena aprovecharlo al máximo. Pero cuidado con los mitos que se puedan haber tejido al respecto. Las llamadas redes sociales, por ejemplo –más a-sociales que sociales, que obligan a estar en solitario ante la pantalla una buena parte del día– pueden contribuir a juntar gente, a establecer contactos. O también, enmascaradas en la ilusión de estar unidos –teniendo centenares de “amigos” en el perfil– pueden obligar a la soledad de la lectura en la pantalla. De todos modos es una falacia pensar que el espacio virtual reemplaza a lo humano de carne y hueso. ¿Reemplazará el sexo cibernético al otro? ¿Podrá haber revoluciones sociales hechas desde las pantallas? El debate está abierto.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Los transgénicos acabarán con la biodiversidad y beneficiarán a las trasnacionales: Houtart

01-12-2011 Por: Martín Hernandez Alcántara
He caminado kilómetros y kilómetros en el Chocó, en Colombia, en las regiones de Palma Africana, y no hay ni un pájaro ni una mariposa, ni peces en los ríos por la utilización de los productos químicos. He hecho un estudio el año pasado sobre la palma en Indonesia donde hay un drama total, porque han destruido 80 por ciento de la selva original, sobre centenares y centenares de kilómetros solamente hay palma o eucalipto, eso es aberrante estéticamente también. Estas regiones van a ser desiertos por la destrucción del medio ambiente, dice François Houtart.


El sacerdote François Houtart (FH), uno de los fundadores del Foro Social Mundial, se pronunció en contra del uso de transgénicos en el campo, pues aseguró que sólo habrá ganancias para las trasnacionales que controlarán la seguridad alimentaria del planeta y además se afectará irremediablemente la biodiversidad que hay en el planeta.

Houtart, de 86 años y una de las figuras mundiales más destacadas del movimiento altermundista global, se encuentra esta semana en la capital angelopolitana, pues ofrece un curso en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla.

Quien fue candidato al Premio Nobel de la Paz fue entrevistado la mañana de ayer por La Jornada de Oriente (JO) en el hotel en donde se hospeda. La charla tocó varios temas, como el estado del capitalismo, la generación de nuevos movimientos de integración social y el papel casi inamovible que han jugado los gobiernos en los cambios para bien y mal del sistema.

Sin embargo, la materia en la que el sociólogo belga se ha especializado en los años recientes es la producción agrícola. Su último libro Los agrocombustibles, un escándalo para el sur (Ediciones La Tierra y Ruth Casa editorial, Quito, 2011) aborda todas las implicaciones del cambio de vocación de las superficies y el uso desmedido de insumos artificiales que dañan los terrenos para siempre.

–JO: Hay en este momento en México una discusión sobre el uso de transgénicos. Por una parte, las corporaciones alientan su utilización arguyendo que se mejoran los productos y se garantiza la alimentación; por el otro, campesinos y activistas advierten que su uso puede acarrear males insospechados y algunos ciertos, como la pérdida de la biodiversidad, además de que se pone en riesgo la seguridad alimentaria por la generación de patentes. ¿Cuál es su posición?

–FH: Yo soy mucho más cercano de la posición de los movimientos campesinos, porque es gente que tiene la experiencia. De verdad, el campesinado en general, me refiero a los movimientos campesinos, tienen una tendencia conservadora, porque por lo menos están seguros de lo que tienen y no saben lo que puede pasar con lo que va a venir.

“No debemos tener una posición anticientífica, opuesta por principio a todo cambio, pero en este momento, sobre este caso en particular, la posición de los movimientos campesinos es la posición correcta, porque los riesgos son enormes y todavía no se han medido. En este tema se trata la vida y la posibilidad de reproducción de la vida.

“Por una parte, las consecuencias (del uso de los transgénicos) no se saben y no se han hecho estudios bastantes contundentes para poder probar lo que dicen las trasnacionales.

“Pero hay otro problema asociado al monocultivo, que es absolutamente destructor del medio ambiente. En mi más reciente libro estudio no los agrocombustibles como tales, sino la manera como se utilizan asociados a monocultivos tienen un efecto absolutamente espantosa...”

–JO: De un montón de especies, vegetales, animales, insectos, tierra...

–FH: ¡Exactamente!, He caminado kilómetros y kilómetros en el Chocó, en Colombia, en las regiones de Palma Africana, y no hay ni un pájaro ni una mariposa, ni peces en los ríos por la utilización de los productos químicos.

“He hecho un estudio el año pasado sobre la palma en Indonesia donde hay un drama total, porque han destruido 80 por ciento de la selva original, sobre centenares y centenares de kilómetros solamente hay palma o eucalipto, eso es aberrante estéticamente también”.

–JO: Un ecocidio que nadie paga.

–FH: Claro que no, porque eso es visto como externalidad por el capital, pero se están preparando los desiertos para dentro de 100 años, estas regiones van a ser desiertos por la destrucción del medio ambiente.

–JO: ¿Y este podría ser el caso de los transgénicos en México?

–FH: Podría ser, es que su uso está asociado con la concentración del poder económico en la agricultura, porque evidentemente le da a Monsanto la capacidad de controlar la reproducción de las semillas y la manera de producir los transgénicos por la vía de patentes, eso implica una cosa horrible, ¡horrible!, porque la única razón para eso es la ganancia y el control de la vida y hacer de la vida una mercancía.

La crisis de los agrocumbustibles

“La idea de extender el cultivo de los agrocombustibles en el mundo y, particularmente, en los países del sur es desastrosa, forma parte de una perspectiva global de solución a la crisis energética. En los próximos 50 años tendremos que cambiar de ciclo energético, pasando de la energía fósil, que es cada vez más rara, a otras fuentes de energía. En el corto plazo es más fácil utilizar lo que es inmediatamente rentable; es decir, los agrocombustibles. Esta solución al reducirse las posibilidades de inversión y al esperar ganancias rápidas parece la más requerida a medida que se desarrolla la crisis financiera y económica”, ha explicado Huotart.

“Como siempre, en un proyecto capitalista se ignora lo que los economistas llaman las externalidades; es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. Para contribuir a la solución de la crisis energética con un porcentaje de entre 25 y 30 por ciento de la demanda se tendrán que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía, en su mayor parte en el sur, ya que el norte no dispone de la superficie cultivable suficiente.

“Se tendrá, igualmente según ciertas estimaciones, que expulsar de sus tierras a por lo menos 60 millones de campesinos. El precio de estas ‘externalidades’ no pagado por el capital, sino por la comunidad y por los individuos, es espantoso”, señala en un artículo sobre su más reciente libro que puede ser consultado en http://alainet.org/active/47497.

“Frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional; en efecto, para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utiliza entre mil 200 y 3 mil 400 litros de agua. La caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua. La contaminación de los suelos y del agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de ‘mar muerto’ en las desembocaduras de los ríos”. Como ejemplo de lo anterior hay que mencionar que 20 kilómetros se han perdido en la desembocadura del Mississippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol.

“La extensión de estas culturas acarrea una destrucción directa o indirecta por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas de los bosques y selvas, que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción”, abunda.

Y añade: “el impacto de los agrocombustibles sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, más de mil millones de personas sufren hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco Mundial afirma que en dos años 85 por ciento del incremento de los precios de los alimentos que precipitó a más de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza, lo que significa hambre, fue influenciado por el desarrollo de la agroenergía.

Agrega que la extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia se recurre a las Fuerzas Armadas y a los paramilitares, quienes no dudan en masacrar a los defensores de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América Latina, África y Asia, son desposeídas de su territorio ancestral. Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en el sur, en función del desarrollo de un modo productivista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional. www.ecoportal.net

Martín Hernández Alcántara - Miércoles, 9 de noviembre de 2011 - La Jornada de Oriente - Puebla - http://www.lajornadadeoriente.com.mx