martes, 19 de octubre de 2010

Ingenieros militares austriacos reconocen que no hay recursos para levantar un cofre que cubra la instalación.
Nadie sabe cómo enterrar la balsa de lodo rojo en Hungría

Público_19/10/2010


La peor catástrofe medioambiental que ha sufrido Hungría ha dado paso a uno de los mayores retos de su historia: construir un enorme búnker para cubrir la balsa de lodo que causó la catástrofe. El Gobierno magiar lleva días buscando expertos que le ayuden a edificar el enorme ataúd sobre una balsa que tiene el tamaño de seis campos de fútbol aún llena de lodo que, al convertirse en polvo, es una gran amenaza para la salud de los miles de habitantes de esta región del suroeste de Hungría. Por ahora no ha tenido suerte.

"Nuestro peor enemigo ahora es el tiempo, que corre en nuestra contra", explicó ayer a este diario Zoltan Illes, secretario de Estado de Medio Ambiente húngaro. Illes quiere que el búnker o fortaleza, como él la llama, esté lista en tres meses, pero ninguno de los 35 países que han ofrecido ayuda a Hungría hasta ahora se ha declarado capaz de hacer una obra tan descomunal.

La última nación que ha reconocido su impotencia ha sido Austria. El viernes, seis expertos del 3º Regimiento de Ingenieros de las Fuerzas Armadas austriacas llegaron a Ajka, donde está la balsa reventada. Después de un día visitando la zona del desastre, propiedad de la empresa Magyar Aluminium (MAL), los militares quedaron abrumados. "Me han dicho que su ejército no es capaz de realizar una obra como la que se necesita aquí", confesaba Illes. De hecho, ni siquiera pudieron decirle quién será capaz de taparla.

La balsa número 10 es una piscina con muros de 25 metros de alto y que aún contiene 2,5 millones de metros cúbicos de lodo con metales pesados resultantes de la producción de aluminio. La construcción cedió el 4 de octubre causando una riada con los residuos más líquidos que mató a nueve personas e hirió a otras 150.

Los planes recomendados por el ejército austriaco incluyen levantar un "fuerte" de bloques de hormigón que tendrán que ser hundidos a cinco o seis metros de profundidad para mantenerse estables. Después taparían la parte superior con arena y productos químicos arrojados con helicópteros o con capas de plástico, tal y como sugirieron los militares, según Illes. De nuevo, le advirtieron de que ellos no tienen recursos suficientes para llevarlo a cabo.

Muros de ceniza

El tiempo tampoco ayuda porque las lluvias del otoño y las nieves del invierno harán mucho más difícil el trabajo en la balsa número 10. "Los ingenieros austriacos no me quisieron decir cuánto tiempo se necesitaría", lamentó Illes. El secretario de Estado espera que las citas que tiene con otros expertos la próxima semana den mejor fruto. "Si nadie puede ayudarnos, lo diseñaremos y construiremos nosotros mismos", sentenció Illes.

El Gobierno da por hecho que los muros de la piscina tóxica, hechos de cenizas de carbón y madera de otras fábricas de Ajka, se van a venir abajo debido a sus enormes grietas. El ejército magiar ha construido tres diques para evitar que la segunda riada de lodo rojo vuelva a arrasar Kolontár y Devecser, pero, si no se tapa la balsa y sigue sin llover, el polvo abrasivo que producen los residuos puede desplazarse a kilómetros de distancia y causar problemas respiratorios, explicó ayer Janos Szépvölgyi, jefe del grupo de científicos húngaros que están analizando la composición de los residuos industriales.

En Devecser, el Gobierno ha instalado puestos médicos donde los habitantes pueden realizar "terapia respiratoria", es decir, inhalar unos minutos aire puro de una bombona, según Gyorgyi Tottos, portavoz del cuerpo oficial que gestiona la catástrofe. Además, dos aviones han comenzado a rociar los campos afectados con semillas de colza con la esperanza de que estas aíslen el barro y le impidan transformarse en polvo, explicó Tottos.

La policía ha dejado regresar a sus casas a los habitantes de Kolontár, que llevan evacuados desde el 9 de octubre. "Unos 200 residentes no quieren regresar, no quieren vivir allí nunca más", reconoció Tottos. De los 800 habitantes del pueblo, 500 han vuelto ya a sus casas. En Devecser, con unos 5.000 habitantes, hay 700 personas que no han vuelto tras la riada. Al igual que en Kolontár, unos 400 ya han avisado de que no quieren regresar nunca más, según Tottos.

No les faltan razones para querer abandonar. La mayoría de los campos de cultivo siguen sepultados bajo una gruesa capa de lodo rojo que no deja hueco para la vida. Incluso después de que el Gobierno concluya la retirada de las 1.000 toneladas de barro que los cubre, los campos no volverán a ser los mismos. "No creo que nadie pueda cultivar aquí algo para consumo humano al menos en uno o dos años", explicó Szépvölgyi. Podrán plantar vegetales para uso industrial, dice el experto, aunque reconoce que "la gran mayoría" de los agricultores de Devecser y Kolontár sólo plantaba productos para consumo humano.

Fuente: http://www.publico.es/ciencias/341901/nadie-sabe-como-enterrar-la-balsa-de-lodo-rojo

lunes, 18 de octubre de 2010

GOLDCORP. Compra una mina clave en Santa Cruz.
La onza de oro en su nivel histórico y las mineras en Santa Cruz apuran su faena
18-10-2010

Esta semana la onza de oro en el mercado mundial tocó un techo histórico. La debilidad del dólar facilitó el despegue del metal que roza los 1.400 dólares. Le sigue la plata, dos riquezas explotadas en Santa Cruz por empresas multinacionales a un costo de explotación irrisorio. Cerro Negro, recientemente vendida por 3.400 millones de dólares, resguarda uno de los mayores yacimientos de Latinoamérica.

El oro llegó ayer a su mayor nivel histórico, con el precio de la onza fina a 1387,10 dólares, lo que superó en diez dólares el récord alcanzado el martes. Desde fines de 2009 el precio del oro ha aumentado en más de 25 por ciento, pero la suba se ha acentuado en las últimas semanas, recuerda la agencia de noticias DPA. El precio del oro sigue avanzando.

También la plata está siendo muy demandada, y el precio de una onza del metal, muy usado asimismo en la industria, aumentó a 24,90 dólares. Los inversores dijeron que el aumento de los metales preciosos se debe a la debilidad del dólar. En Estados Unidos se da por descontado que habrá una mayor flexibilización aún de la política monetaria debido a la mala coyuntura.

Costo-beneficio

En tanto el precio del oro no para de subir, en Santa Cruz los negocios mineros siguen promoviendo incalculable renta para las multinacionales que ven ampliadas su brecha de beneficios, mientras los gastos de explotación son prácticamente los mismos. La mano de obra es barata y los cánones muy convenientes. Sólo basta decir que Santa Cruz cobra por año en concepto de regalías por todos los emprendimientos que hay en actividad, sólo entre 14 y 17 millones de pesos.

Las fuentes consultadas señalan que el mega-proyecto Cerro Negro, recientemente vendido por 3.400 millones de dólares, de los cuales la provincia no verá un solo peso, alberga una proyección de explotación de aproximadamente 3,1 millones de onzas de oro y 25 millones de onzas de plata. Concluyen además que el inicio de las operaciones será “intensiva” y piensan acelerar el proceso de ataque a las áreas de mayor ley, pretendiendo acortar considerablemente los plazos para extraer el recurso. Un proceso similar se vive en San José-Huevos Verdes con la colocación de una segunda molienda desde hace más de un año.

Santa Cruz es la provincia con mayor cantidad de proyectos mineros en existencia y conserva una enorme riqueza subterránea apetecida por las principales empresas canadienses, inglesas y australianas que han puesto los ojos en nuestra provincia a la cual consideran “amigable con la minería” y a la que proponen “atacar intensivamente” con tareas de exploración, para el descubrimiento de nuevos yacimientos, debido –precisamente– a la creciente demanda de oro y plata en el mundo y el histórico valor que alcanza la onza en el mercado internacional.

Proyectos como San José, Manantial Espejo, Cerro Vanguardia o el propio Cerro negro, se proyectaron, iniciaron y calcularon, en su mayoría, con la onza de oro a un valor aproximado a los 350 dólares. El aporte del 1% en concepto de regalías es magro e inexistente y el que se intenta implementar por ley de 3%, ya es insuficiente.

Los economistas creen que las regalías mineras deberían (al menos) equiparar a las petroleras que de por sí son bajas (entre un 13 a un 15%), pero todo ello debe ser alentado, potenciado y motorizado desde el Congreso.

“Desde el sector minero hay temor de que a partir del 2011, si existe cambio de gobierno, se puedan modificar las reglas de juego”, dijo un empresario que presta servicios a una minera local “eso motiva el enorme apuro que presentan algunos proyectos por atacar cuanto antes las áreas más productivas de la provincia”, señaló.

“Lo que pasa es que para obtener los beneficios reales que deberíamos tener de la explotación minera hay que subir las regalías y para eso hay que cambiar la ley y eso lo tienen que hacer los diputados y senadores”, fueron las palabras del Intendente Guillermo Bilardo de Perito Moreno al programa “Estudio abierto” que se realizó por Fm News en la localidad cordillerana. “Eso es cierto –le expresamos a Bilardo frente al micrófono– sin embargo, ustedes desde el FPVS, no hicieron nada. Porque a Santa Cruz la controlan políticamente desde 1992; en los últimos 6 años han tenido mayoría absoluta en Diputados de la provincia y en el Congreso de la Nacion, hace 7 que están en la presidencia de la Nación y no han modificado ni una coma de la norma en materia de percepción de regalías, con lo cual se entiende que evidentemente no tienen voluntad de hacerlo”, señalamos.www.ecoportal.net

Agencia OPI Santa Cruz
www.opisantacruz.com.ar

domingo, 17 de octubre de 2010

La cultura del consumo, la cultura de la autodestrucción
17-10-2010 Por Ricardo Natalichio

Evitar el colapso de la civilización humana requiere, ni más ni menos, que una transformación absoluta de los patrones culturales dominantes. El consumo es parte de nuestra cultura, se ha ido colando poco a poco en el ADN de nuestras sociedades durante los últimos siglos.

Existe un consumo esencial que es necesario para la subsistencia de todo ser vivo. Debemos consumir oxígeno, agua y alimentos para mantener nuestras funciones vitales en funcionamiento. Pero también necesitamos abrigarnos y calentar nuestros hogares para no perecer por los fríos extremos. Eso cubriría nuestras necesidades básicas y vitales.

Todo lo que viene después de eso es parte de una evolución que hemos tenido como especie, mediante el desarrollo de la capacidad de fabricar herramientas para los más variados usos. Desde la lanza hasta la rueda, las redes de pesca, las canoas o las aeronaves, todas son herramientas que hemos ido construyendo con el fin de satisfacer necesidades que nosotros mismos nos hemos ido creando a lo largo del tiempo.

A nuestras necesidades básicas de subsistencia hemos agregado muchas otras y al consumo, como ninguna otra especie sobre el planeta, lo hemos convertido en consumismo.

Según el informe “Planeta Vivo” realizado por la WWF, la población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas para abastecerse en 2007, y si se mantienen las tendencias actuales se calcula que se necesitarán dos planetas para atender las demandas en 2030 y tres, en 2050. Ese es un camino en línea recta hacia el abismo.

Para sostener el crecimiento del consumo, ha sido necesario extraer de la tierra más y más combustibles fósiles, minerales y talar más bosques para aumentar la superficie de suelos destinados a la agricultura, la ganadería y la industria forestal. Durante el último medio siglo, el consumo anual de petróleo se multiplicó por ocho y el de gas natural por catorce.

Evitar el colapso de la civilización humana requiere, ni más ni menos, que una transformación absoluta de los patrones culturales dominantes. El consumo es parte de nuestra cultura, se ha ido colando poco a poco en el ADN de nuestras sociedades durante los últimos siglos.

Hoy en día, pedir que moderen su consumo a personas que viven dentro de culturas consumistas es como pedirles que dejen de respirar, pueden hacerlo durante algunos segundos pero inmediatamente, ahogándose, respirarán de nuevo.

Sin embargo, no es necesario que todos los habitantes del planeta cambien sus hábitos de consumo o de vida. Si tenemos en cuenta que el 20% de la población mundial, que cuenta con mayor poder económico, es responsable del 80% del consumo total, entenderemos una buena parte del problema.

No es necesario volver a la Edad de Piedra para solucionar los problemas ambientales a los que nos enfrentamos, solamente bastaría con que ese 20% redujera sus niveles de consumo para mejorar drásticamente la situación.www.ecoportal.net

Ricardo Natalichio - Director EcoPortal.net

Editorial Ambiente y Sociedad N° 456

sábado, 16 de octubre de 2010

Desastres socio-ecológicos y responsabilidad política y empresarial
De Chile, Hungría y el Golfo de México: estos desastres no serán los últimos

Rebelión_16/10/2010


Después de contemplar aliviados cómo la Pachamama gustó de volver a parir milagrosamente a los 33 mineros chilenos, y de haber derramado lágrimas y suspiros de alivio frente a la caja boba, es el momento para enfriar la cabeza y volver a la reflexión.

Los medios masivos se centran en el drama humano, y en lo anecdótico, dando menor espacio a las condiciones sociales, económicas y políticas que crearon este y otros desastres recientes. Por la gravedad de las consecuencias, empresas y gobiernos deberían enfrentar la responsabilidad criminal, por ser quienes causan una destrucción y contaminación de estas dimensiones con sus actividades y sus políticas. Por la imposición de una economía basada en el crecimiento sin límites, se puede prever fácilmente que este tipo de catástrofes irán en aumento en el futuro.

Los que siguen son hechos contundentes que ejemplifican la situación.

Chile es el productor de cobre más importante del mundo

La mina San José es una explotación de cobre y oro muy antigua, situada cerca de la ciudad de Copiapó, en el desierto de Atacama. Pertenece a la Compañía Minera San Esteban, que practica la mediana minería. En operación desde el siglo XIX, se ha vinculado a varios accidentes mortales en el pasado que motivaron su cierre hace unos años durante un breve período. Tras su reapertura, en los últimos cuatro años hubo tres accidentes fatales. La empresa acumula denuncias por su inseguridad, que una vez más se vio trágicamente confirmada por el accidente que dejó a los muy famosos 33 mineros enterrados a más de 700 metros de profundidad durante más de 70 días. Apenas un mes antes del derrumbe hubo en la mina un accidente con una víctima que sufrió amputación de una pierna. De acuerdo con las denuncias, las irregularidades de la compañía San Esteban incluyen, entre otras muchas, el retraso del anuncio del accidente, violación de medidas de seguridad y el impago del seguro social de los mineros. Pero la empresa no fue sancionada.

La mina San José forma parte de un complejo minero que produce alrededor de 1.200 toneladas de cobre al año. El cobre es la principal exportación del país y una de las mayores fuentes de ingresos. A pesar de eso, las medidas de seguridad y el control en este sentido del sector deja muchísimo que desear. No sé por qué, pero cuando el presidente de Chile declara satisfecho cómo y cuánto van a mejorar, no me lo termino de creer.

El lodo tóxico que se “vertió” en Hungría

Ocurrido el 4 de octubre de 2010 y aun de plena actualidad, el accidente de la planta de alúmina (óxido de aluminio Al2O3) en la ciudad de Ajkai al oeste de Hungría es otro “síntoma” de un sistema político-económico irracional. La alúmina es un subproducto que resulta de refinar la bauxita (http://es.wikipedia.org/wiki/Al%C3%BAmina) y se utiliza para la producción de aluminio y otros productos.

Los medios de comunicación de masas hablan de “vertido” o “fuga”, lo que sugieren al oyente o al lector la sensación de un problema pequeño y bajo control. Pero fue una riada, un derrame, un torrente de lodo tóxico rojo anaranjado con radiactividad y lleno de metales pesados, que se desparramó por todo el medio, los campos de cultivo, las aguas, la vegetación, las calles. Al menos nueve personas han muerto y hay más de 150 heridos. Cientos de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Constituye la mayor catástrofe ecológica en la historia de Hungría y sus consecuencias sobre la salud aún se desconocen. Son varios los pueblos afectados, como Kolontar o Devecser. También un afluente del Danubio. Los costos de limpieza ascenderán a millones de euros. Los daños permanecerán en el ambiente durante décadas, y eso, no hay dinero que lo compense.

El petróleo de BP regó el Golfo de México

El caso de BP pasó de largo. Ya no se habla de él. La friolera de 4,9 millones de barriles de crudo fluyeron desde el fondo del mar de manera ininterrumpida desde el 20 de abril de 2010 y durante los 85 días que tomó controlar el vertido.

En Europa, en el mar del Norte y en el Mediterráneo existen cientos de plataformas petrolíferas1. Pero la Comisión Europea, tras examinar la normativa existente en esta materia, acaba de suavizar su anunciada intención de controlar estrictamente las plataformas marinas de extracción de petróleo con el fin de evitar catástrofes ambientales como la de BP en el golfo de México. En lugar de una moratoria, establecería una mera opción a tomar por los diferentes estados miembros. La disminución en las exigencias se debería a los intereses del sector, muy bien representados en Bruselas.

Además, de acuerdo con la lógica del crecimiento global que marca la Unión Europea y crea la necesidad de abrir nuevas plataformas petrolíferas, las empresas deberán disponer de un plan de emergencia y probar que tienen disponibles los medios financieros necesarios para pagar los daños a las especies marinas protegidas y a los hábitats naturales que pueda causar un accidente. Esto indica ciertas buenas intenciones, pero no tiene en cuenta que muchos de estos daños son irreparables.

La UE no considera que racionalizar y reducir el consumo de gas y petróleo y reducir paralelamente los mercados energéticos sea una opción ni un camino a tomar.

¿Qué nos va a quedar?

Pues a este paso, nada. La misma lógica de desarrollo, que ha llevado a la escasez de materias primas, conduce a la realización de proyectos técnicamente cada vez más complejos, en lugares más remotos, y con la consecuente peligrosidad aumentada.

Cerrar ojos y oídos está a la orden del día para los gobiernos de Norte y de Sur. Dejar hacer. Y maquillar de verde: pretendiendo que toda iniciativa industrial y extractiva es sostenible, verde o renovable. Se sigue extrayendo petróleo, oro, uranio, cobre o hasta cultivando soja transgénica; para las empresas todo es “sostenible”. E incomprensiblemente, las políticas les apoyan. Y la sociedad civil cada vez tiene menos margen de denuncia, pues se empieza a restringir peligrosamente la libertad de expresión y opinión, así como a criminalizar a los movimientos sociales. Y la economía sigue por los suelos.

Si la mayoría de las grandes empresas están destinando gran cantidad de recursos a conformar su responsabilidad social corporativa, que en la mayoría de los casos consiste en burbujas de apariencias y buenas intenciones, aunque vacías, que paguen lo que deben a la sociedad y a la naturaleza. El caso más actual de los tres que hemos mencionado lo muestra claramente: los “responsables” de la compañía minera chilena sabían perfectamente que en el yacimiento San José no había vías de escape ni ventilación adecuada, ni la consolidación necesaria. Y las autoridades también, porque en varias ocasiones recibieron denuncias al respecto.

Mientras los ministros y presidentes se pasean por los lugares en los que han sucedido estas catástrofes, los ecologistas nos preguntamos quién va a ser la primera autoridad, alto cargo o propietario de transnacional en asumir la responsabilidad criminal de las diferentes tragedias personales y socioambientales, los traumas, la contaminación y la destrucción. Cada país se enfrentará a sus accidentes y tragedias de modo diferenciado. Lo que sí tendrán en común los desenlaces será, con toda seguridad, que los auténticos responsables no pagarán las consecuencias, sino los trabajadores de las minas o las plantas de producción, la población circundante y el medio ambiente. Y la impunidad seguirá su avance implacable en la sociedad global cuya economía global se dedica a producir bienes globales que desplaza por el globo arrasando con todo lo que se encuentra a su paso.

La respuesta está en no aceptar este tipo de proyectos, como ya sucede en miles de lugares en todo el Sur y el Norte global. La población está reaccionando. Nadie quiere las plantas industriales en su suburbio, las minas a cielo abierto en su reserva de bosque primario, las hidroeléctricas en su río, ni los vertidos nucleares en su patio trasero. Un mínimo porcentaje de todo esto es realmente necesario. Una de las claves está en reducir el consumo de energía y bienes. En vivir una vida más de acuerdo a la naturaleza, más cerca de la tierra, más amigable con el ambiente y con el otro. En replantear nuestra sociedad y las bases éticas sobre las que se asienta. Ahora o nunca.

Guadalupe Rodríguez. Salva la Selva

guadalupe@regenwald.org

Nota:

1 Hay casi 900 instalaciones en alta mar en funcionamiento en la UE: 486 en el Reino Unido, 181 en Países Bajos, 61 en Dinamarca, 2 en Alemania, 2 en Irlanda, 123 en Italia, 4 en España, 2 en Grecia, 7 en Rumanía, 1 en Bulgaria, y 3 en Polonia. Chipre y Malta en un futuro próximo.

viernes, 15 de octubre de 2010

La agricultura campesina puede enfriar el planeta

Alai-amlatina_15/10/2010


Hay una crisis climática que nos afecta a todos, pero que está golpeando especialmente a los pueblos del campo. Ya casi no es posible predecir las lluvias, llueve cuando no corresponde, pasamos fácilmente de inundaciones a sequías, sufrimos olas de calor o frío extremo, hay tormentas de viento que antes no se daban, el granizo es más frecuente, el agua es cada vez más escasa, etc. Esto es lo que llaman “cambio climático” o “calentamiento global”. Y su efecto es cada vez mayor, haciendo más difícil vivir y producir en el campo. Si esta contaminación sigue el clima estará tan alterado que la vida de todos se hará realmente difícil.

Esta crisis o cambio climático se debe a que el aire está contaminado con una serie de gases a los que se les llama “gases invernadero” y que se producen por utilizar petróleo o gasolina, quemar los bosques, destruir los suelos, acumular basuras, criar animales en grandes granjas industriales, etc. Los países del mundo se comprometieron a reducir la contaminación, pero han hecho poco o nada. En diciembre de 2009 los compromisos debían ser renovados en una reunión de los gobiernos llevada a cabo en Copenhague, pero salieron de allí sin comprometerse a nada. Por ello, el presidente Evo Morales llamó a una Cumbre de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Miles de asistentes provenientes principalmente de organizaciones populares discutieron sobre las verdaderas causas del cambio climático y propusieron soluciones reales. En diciembre de este año (2010) los gobiernos se reunirán nuevamente en Cancún, México. Diversos movimientos sociales, incluidas la CLOC y la Vía Campesina, se preparan para realizar manifestaciones populares para exigir que los gobiernos ataquen las verdaderas causas de los problemas del clima y pongan en marcha soluciones reales.

¿Cuáles son las verdaderas causas de la crisis climática? La Cumbre de los Pueblos concluyó que es el capitalismo, debido a las formas de producción y consumo que promueve y a que pone las ganancias por sobre el bienestar de las personas y de la Madre Tierra en general. La Vía Campesina viene diciendo lo mismo desde el año 2007. También ha dicho que el sistema agrícola-alimentario industrial y el modelo agroexportador que se impone en el mundo es una grave causa de la contaminación que cambia el clima. La Vía Campesina también ha dicho claramente que las campesinas y campesinos del mundo están enfriando el planeta.

El año 2009 GRAIN hizo un estudio para determinar cuánta contaminación producía la gran agricultura y cuánto podían enfriar el planeta las y los campesinos del mundo. Los resultados confirman con creces lo dicho por la Vía Campesina.

El uso de fertilizantes, pesticidas, maquinarias y la destrucción de los suelos provocan algo más de la décima parte de los gases invernadero. Una de las principales causas de la destrucción de los suelos es que ya no se devuelve la materia orgánica al suelo.

La producción animal en grandes granjas y concentraciones es otra gran fuente de contaminación: muchos autores dicen que cerca de la quinta parte de los gases invernadero provienen de allí. Esto se debe a que las grandes granjas de crianza producen miles de toneladas de guano y orina que no pueden devolverse al suelo por ser demasiada cantidad. Al acumularse en grandes concentraciones producen toneladas de metano, uno de los gases más contaminantes.

Otra fuente de metano son las vacas que comen en exceso o comen muy poco. En las granjas industriales las vacas comen a destajo y, en la medida que las familias campesinas tienen menos tierra, sus vacas comen cada vez peor. Los procesos simultáneos de concentración de la producción animal y la pérdida de tierras por parte de campesinos, pastores y pueblos indígenas provocan entonces calentamiento global.

La deforestación es otra gran fuente de contaminación. La destrucción de los bosques y los suelos que antes protegían los bosques provoca también casi un quinto de los gases que contaminan y alteran el clima. La mayor causa de deforestación actualmente es la expansión de las grandes plantaciones forestales para producir celulosa, las plantaciones de caña de azúcar y palma aceitera para agrocombustibles y la expansión de los monocultivos de soja para alimentar a los animales criados en las grandes granjas.

La contaminación sigue adelante con el procesamiento, comercialización y exportación e importación de alimentos. Alrededor de un tercio de todo el transporte terrestre es para llevar alimentos de un extremo del mundo al otro. El procesamiento industrial de alimentos, los envases y la refrigeración en el transporte, en los supermercados y en la casa producen más de un sexto de todos los gases con efectos sobre el clima. Y todo ello no le agrega nada a la calidad de nuestra alimentación. Por el contrario, el procesamiento industrial nos llena de conservantes, saborizantes, antioxidantes y colorantes que son una amenaza seria para nuestra salud y especialmente la de los niños. Este es un sistema que, por ejemplo, hace que comamos carne y frutas que pueden tener más de un año de antigüedad.

Por último, los grandes depósitos de basuras -que aumentan mientras más alimentos envasados compremos- producen cerca del 5% de todos los gases invernadero.

Si sumamos todas estas fuentes de gases contaminantes, nos encontramos con que al menos la mitad de los gases invernadero provienen del sistema de producción agrícola y alimentario industrial.

Las alternativas


¿De qué forma la agricultura campesina puede enfriar el planeta? Si la agricultura campesina volviese a ser la agricultura predominante en el mundo, una primera forma de enfriar el planeta sería devolviendo la materia orgánica al suelo. Nada más haciendo eso, la contaminación con gases invernadero se reduciría al menos un tercio. Con ello además mejorarían los suelos y además los fertilizantes serían innecesarios, porque la materia orgánica que hoy se pierde tiene más nutrientes que todos los fertilizantes que actualmente se consumen.

Una segunda forma de enfriar el planeta sería recuperando todas las prácticas campesinas para hacer una agricultura sin pesticidas, fungicidas o herbicidas

Una tercera forma de reducir la contaminación es desconcentrando la producción animal. Si se apoyara nuevamente la producción integrada y en pequeña escala de cultivos y animales, los animales no producirían montañas contaminantes de guano, sino el guano necesario para fertilizar el suelo. Tampoco necesitarían transportar alimentos para los animales de un extremo del mundo al otro.

Fomentar los mercados locales y más pequeños sería otra manera muy importante de enfriar el planeta. Con ello, comeríamos alimentos más frescos, necesitaríamos menos refrigeración y no se gastarían cantidades absurdas de petróleo en llevarlos al otro lado del mundo. Otro cambio importante es que los mercados locales nos permitirían deshacernos de tanto envoltorio y envase plástico y de procesamientos innecesarios.

Por último, eliminar las plantaciones, proteger e incluso recuperar los bosques sería otro aporte extremadamente importante al enfriamiento del planeta.

Si sumamos todo esto, nos encontramos con que la agricultura campesina e indígena podría reducir los gases invernadero hasta un 75%. Con ello, sería posible exigir a los otros sectores productivos que eliminen la contaminación restante e incluso se comience a limpiar la atmósfera de los contaminantes que se han ido acumulando. El planeta, efectivamente, podría ser enfriado.

Pero para que la agricultura campesina e indígena pueda hacer su gran aporte se necesitan otras condiciones. Se necesita, sobre todo, que la tierra esté en manos de los pueblos campesinos e indígenas. Por lo mismo, la Reforma Agraria y la restauración de los territorios indígenas se hace hoy más urgente que nunca, como una forma fundamental de asegurar el futuro de la humanidad y de la Madre Tierra.

Necesitamos formas de investigación, apoyo técnico y crediticio que no amarre a las familias del campo a los agrotóxicos ni a los grandes poderes comercializadores o exportadores. Necesitamos el fin de los tratados de libre comercio para que la agricultura pueda cumplir su papel social fundamental de alimentarnos sanamente. Necesitamos terminar con las políticas que atentan contra las y los pequeños productores y que dejan a las y los jóvenes sin posibilidades de vivir de la agricultura. En otras palabras, necesitamos soberanía alimentaria y comunidades indígenas y campesinas que puedan vivir dignamente de su insustituible trabajo de alimentar a la humanidad.

GRAIN es una organización no gubernamental que promueve el manejo y uso sustentable de la biodiversidad agrícola con sede en Barcelona, España. http://www.grain.org

Artículo publicado en América Latina en Movimiento (ALAI), No. 459, "Nuevas tendencias en el agro". http://alainet.org/publica/459.phtml

jueves, 14 de octubre de 2010

El Amazonas se nos muere
14-10-2010 Por Lorena Rubiano Fajardo

El río Amazonas, que era el más caudaloso del mundo, contenía una quinta parte del agua dulce del mundo (alrededor del 20%) está reducido a enormes playas de arena. La mayor parte del agua desapareció, el intenso verano amenaza con extinguir lo que queda del río y temen que pueda secarse.

Cada edición dominical de New York Times consume una cantidad de papel fabricada con 200 hectáreas de bosque". - Gabriel García Márquez.

Inverosímil: Es mas importante para los medios de información y la opinión pública, una noticia de farándula, que la alarmante información sobre el pulmón del mundo:” El Amazonas vive la peor sequía de los últimos cien años“.

No hubo revuelo, no hubo reunión urgente de los gobiernos de los países de la región, no hubo protestas masivas, no hubo manifestaciones de las O.N.G. Mejor dicho no mereció, ni un grito de auxilio.

El IDEAM lanzó una voz de alarma y advirtió que "el Amazonas pasó de 13 y 15 metros de profundidad a seis metros en sólo dos semanas en áreas donde tienen estaciones de control, un bajonazo nunca antes visto", según las autoridades ambientales colombianas.

El río Amazonas, que era el más caudaloso del mundo, contenía una quinta parte del agua dulce del mundo (alrededor del 20%) está reducido a enormes playas de arena. La mayor parte del agua desapareció, el intenso verano amenaza con extinguir lo que queda del río y temen que pueda secarse.

Ahora lo que tenemos son toneladas y toneladas de peces muertos, comunidades indígenas inmovilizadas, aisladas aguantando hambre porque ya no hay río, ni les llegan ni pueden sacar productos y no hay un puente aéreo para llevarles alimentos y medicinas.

Hace años, Greenpeace, viene denunciando la devastación de toda la región, especialmente en el sector Brasilero, en donde los buldózeres arrasan día y noche con la que antes era selva para convertirla en potreros. Mientras que en la zona peruana como no hay buldózeres le meten candela inmisericordemente a los bosques, para ganarle terreno rápidamente al tapete verde. Y en nuestro país el control es mínimo, esa es tierra de nadie y sólo un 30% es protegido especialmente por las comunidades indígenas que si tienen conciencia de lo que debe ser la protección de su territorio.

Duele, ver que a las nuevas generaciones nos estén dejando un planeta arrasado, moribundo y desolado. Nadie pone orden, nadie le pone un tataquieto a la voracidad capitalista, al consumismo, nadie tiene la autoridad para impedir que esto suceda. Sólo voces aisladas, de líderes indígenas y ONGS, protestan por todos estos factores que acaban con la selva, alteran el clima, acaban con el verde y contaminan el ambiente.

Y si se seca el Amazonas, pues estarán listas estas empresas ávidas de dinero, que es en lo único que piensan, para pavimentarlo y hacer hermosas autopistas y pistas alternas para aterrizaje de aviones que lleguen por la madera y las especies animales.

El líder del amazonas Magno Alejandro Pinto de la comunidad de los Tikunas, expreso que hace un llamado no sólo a los países de la cuenca sino a todo el mundo para que miren hacia esta región que se esta muriendo. Decenas de comunidades, miles de especies de fauna y flora están a punto de extinguirse. “Salvemos la amazonía”, es su voz de protesta.

El amazonas nuestro pulmón, el bosque tropical más extenso del mundo, esta inmerso en una imparable guerra que le declararon los humanos para destruirla.

Insisto y lo seguiré denunciando, que la selva se muere porque de los 6 millones de km² repartidos entre ocho países, Brasil, Perú Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, más del 20 % ha sido destruido por la explotación industrial en los últimos 30 años, pero con las nuevas tecnologías, nuevas maquinarias y la mayor ambición económica se esta acelerando este proceso.

Y para colmo de males, el Brasil mayor depredador del Amazonas, aprobó una ley, impulsada por Lula y el Partido de los Trabajadores, de privatización del Amazonas, al que en un futuro cercano se podrá llamar "selva sin árboles y sin animales o "Amazonas S.A".

Desde el 2006 Greenpeace presentó el informe “Devorando la Amazonía”, el cual habla sobre la deforestación que se está produciendo en la selva amazónica para introducir cultivos de soja y cómo esa soja acaba siendo exportada para la alimentación de ganado que acaba sirviendo de alimento en cadenas de comida rápida y supermercados.

Antes de darle el ultimo adiós a los habitantes de la Amazonía aprovechemos para tomarles fotos y tengamos algunos animales en los zoológicos para tener la oportunidad de mostrárselos a nuestros descendientes tales como el jaguar, el puma, el tapir el venado, las tortugas, caimanes, babillas y serpientes, como la famosa anaconda, el guacamayo, el tucán, el águila arpía, o el Delfín rosado entre muchos otros.

Mejor dicho como van las cosas, compremos un acuario para salvar algunas de las variedades piscícolas de la región. www.ecoportal.net

Lorena Rubiano Fajardo - Presidenta Comite Civico Togui, publicado en el diario El Nuevo Siglo

miércoles, 13 de octubre de 2010

El fin del petróleo

Público_13/10/2010


Son muchas las conjeturas que se hacen respecto a cuándo nuestra civilización alcanzará el cénit del petróleo, es decir, cuánto tiempo nos queda hasta llegar al punto en el cual la extracción de petróleo alcanza un máximo y empieza su descenso definitivo. Algunas opiniones exponen que ya hemos alcanzado esa fecha, que ya hemos superado el techo. Otras son más optimistas y sitúan este momento en el cercano año 2030.

La polémica al respecto aparece y reaparece a la espera de disponer de datos suficientemente claros, fiables y libres de intereses, que en este campo son demasiados. Por ejemplo, estos días –explica el diario británico The Guardian–, al averiguarse que los ministros del Gobierno han estado intercambiando puntos de vista con la industria y la comunidad científica sobre el cénit del petróleo, se han disparado las especulaciones sobre una posible crisis de oferta. O cuando el pasado mes de mayo el investigador Lionel Badal, en comparecencia ante la Comisión Europea, presentó sus dudas acerca de la fiabilidad de las previsiones de la disponibilidad mundial de petróleo realizadas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Pero, como dice Manuel Casal Lodeiro, activista y fundador de la asociación Véspera de Nada, en estos temas “la fecha exacta en realidad no tiene demasiada relevancia: la cuestión realmente crítica es que es un hecho irreversible”. El petróleo no es infinito. La extracción de petróleo –después de superar el cénit– será cada vez menor, de peor calidad y con costes energéticos cada vez mayores. Hoy en día gastamos un barril de petróleo para extraer 10 barriles, pero –y aquí los expertos coinciden– esta tasa continuará disminuyendo progresivamente.

Entonces, más allá de la discusión del cuándo, convendría concentrar nuestras energías (que de eso estamos hablando) en cómo afrontar una realidad pos petrolera. ¿Tendremos más dificultades para nuestra movilidad? ¿En qué estado de desarrollo se encontrarán las energías alternativas? Y, sobre todo, ¿tendremos capacidad para alimentarnos todos en el planeta? Porque, aunque la mayoría no veamos la relación directa, si no cambiamos nada, una de las repercusiones más graves del agotamiento del petróleo la sufrirá nuestro modelo de agricultura y alimentación. Existen dos factores para hacer dicha afirmación.

Primero, nos hemos dotado de un modelo mayoritario de producción de alimentos dependiente del petróleo. En aras de supuestos rendimientos se instalan regadíos (con sistemas de bombeo) en tierras de secano y bajo cielos de plástico, que también es petróleo. Tenemos granjas de animales en Europa a las que la totalidad de su alimentación les llega por barco o avión desde el Cono Sur Latinoamericano. Se practica una agricultura torpedeada por pesticidas, herbicidas y fertilizantes, todos ellos derivados de combustibles fósiles. El uso de la maquinaria (tractores, segadoras, etc.), que han sido un alivio para el trabajo en el medio rural, se ha sobredimensionado, lo que representa también un alto coste de combustible. Sumando estos y otros gastos energéticos resulta que hoy en día para producir una caloría de alimento, se consumen 10 calorías de energía fósil.

El segundo y más patente tiene que ver con el modelo de distribución y comercialización que la globalización ha ido conformando: se incrementa el kilometraje de nuestra comida, por un lado, y por otro se centraliza en cadenas de distribución, de forma que la dependencia del transporte, la congelación, empaquetado, refrigeración, etc. (todo, gastos energéticos) se convierten en subyugación.

Deberíamos interiorizar de alguna manera la fragilidad del sistema alimentario. Nuestra alimentación ha sido diseñada en base a la suposición de disponibilidad energética ilimitada y barata, hasta el punto de que los costes energéticos (la otra cara de la moneda de los costes ecológicos) nunca han representando un porcentaje significativo en el precio final al consumidor. ¿Cómo podemos comprar una piña de Costa Rica por un euro? La energía, hasta ahora, ha costado muy poco, igual que poco o nada habrán recibido las personas que han cultivado y cosechado estos alimentos.

Después del cénit, con menos petróleo y más caro, podríamos optar por reducir nuestros viajes low cost, pero seguro que querremos seguir alimentándonos. Para ello, o bien aguardamos paciente e inconscientemente un milagro tecnológico, o exigimos que se adopten ya medidas de reconversión de nuestra alimentación en torno a la autosuficiencia de las fincas agroganaderas (modernizadas con tecnologías apoyadas en saberes y experiencias tradicionales y agroecológicos) fuertemente relacionadas con las comunidades más cercanas para favorecer el consumo de proximidad. Algunos países ya apostando por esta vuelta a la comida local, como Escocia, cuyo Parlamento aprobó en 2008 una resolución en apoyo a las cadenas de suministro local para asegurar la alimentación de su población. De momento en nuestro país, vamos por detrás: desde el pasado 24 de junio, el Gobierno tiene pendiente responder a una pregunta presentada por Izquierda Unida sobre el cénit del petróleo y las posibles manipulaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Para los productores, dice Manuel Casal, “una reconversión puede que se vea como una reducción de los ingresos, pero si lo hacemos con buen criterio la reducción de los costes compensará esos menores ingresos”. Como consumidores tendremos que modificar algunos hábitos, pero la ganancia es clara: mantener la despensa llena y con buenos alimentos.

Gustavo Duch es coordinador de la revista ‘Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas’

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/2537/el-fin-del-petroleo/