lunes, 14 de junio de 2010

Todos tras los microorganismos tailandeses

IPS/IFEJ...14/06/2010


"Tailandia puede albergar a alrededor de 10 por ciento de los microorganismos y hongos del mundo", explica Jariya Sakayaroj, quien pasa tanto tiempo en el agua que pronto se convertirá en una sirena. Pero la perspectiva de hallar cura a diversas enfermedades le importa más.

Microbióloga de la Unidad de Tecnología de Biorrecursos en el Centro Nacional para la Ingeniería Genética y la Biotecnología (Biotec), Jariya sabe que las horas que pasa investigando las áreas costeras de Tailandia pueden acarrear descubrimientos que algún día ayuden a combatir dolencias cardiacas, cáncer u osteoporosis.

Jariya surca las aguas buscando hongos que puedan alojar compuestos bioactivos que luego puedan utilizarse en tratamientos médicos.

Dice que la ecología única de los manglares, con sus aguas salobres que suben y bajan dos veces al día, representa un entorno particularmente hostil para los hongos, volviendo su resiliencia especialmente atractiva para las empresas farmacéuticas.

Sin embargo, advierte: "Nunca sabremos cuáles podemos estar perdiendo a medida que los mares se vuelven más cálidos y cambian los patrones de las tormentas. Están teniendo lugar grandes cambios que necesitamos abordar, pero los microscópicos también requieren atención".

De hecho, mientras buena parte del mundo considera que la reducción del hábitat helado de los osos polares es el principal presagio de pérdidas ecológicas causadas por el cambio climático, los científicos tailandeses vienen trabajando en una relativa oscuridad, como si corrieran contra el tiempo para documentar las microespecies de los ecosistemas acuáticos.

Jariya dice que los microorganismos representan uno de los mayores segmentos del inventario biológico del planeta. Pero agrega que hasta ahora se ha identificado apenas alrededor de 10 por ciento de los microorganismos del mundo --que se estima son 1,5 millones--, y teme que muchos puedan estar desapareciendo antes de que se conozcan sus compuestos.

De las 549 especies de hongos marinos cuya existencia se conoce, 180 se encuentran en este país del sudeste asiático. Cuarenta de ellas son nuevas y fueron descubiertas en la última década por la unidad donde trabaja Jariya.

Hace más de 80 años, la penicilina presentó al mundo el valor de los hongos para la medicina. Pero fue recién en los últimos 15 años que los investigadores fueron más agresivos a la hora de rastrillar el planeta en busca de nuevos hongos y bacterias que puedan hacer avanzar los tratamientos médicos.

Hasta ahora, 15 investigadores de Biotec que estudian ecosistemas marinos, de agua dulce y forestales han identificado 2.500 nuevos microorganismos y 70 nuevos compuestos bioactivos con nuevas estructuras bioquímicas.

Todos ellos están ahora en los laboratorios del gigante farmacéutico suizo Novartis, donde son sometidos a más análisis para identificar sustancias que puedan ser efectivas en el tratamiento de enfermedades.

Novartis llegó a Tailandia en 2005 para asociarse con Jariya y otros investigadores de Biotec. Según este centro, alrededor de 20 por ciento de los microorganismos que ahora estudia Novartis proceden de Tailandia.

Sin embargo, esto genera recelos entre algunos expertos tailandeses. Por ejemplo, la farmacóloga y experta en medicina herbal Supaporn Pitiporn, del hospital Abhaibhubejhr, en la oriental provincia de Prachin Buri, destaca que aunque el trabajo de Jariya es vital, Tailandia debe debe llevar un registro de los compuestos bioactivos que se descubren dentro de sus fronteras.

"Los beneficios de los hongos en particular son invalorables. Se usan en muchas curaciones tradicionales, incluida la desintoxicación, y como complementos nutricionales", dice Supaporn, quien convirtió los productos herbales de su hospital en un éxito de ventas.

"Sin embargo, el gobierno ha protegido muy mal los derechos de la propiedad intelectual, y estos tratamientos son robados, comercializados" y generan ganancias económicas a las principales empresas farmacéuticas, señala.

Los curanderos tradicionales tailandeses reconocen la eficacia de los microorganismos que componen los hongos para tratar diversas enfermedades. El hongo Reishi, por ejemplo, se usa para retrasar el crecimiento de tumores, así como para estimular el sistema inmunológico. Mientras, el hongo Boletus se recomienda para quienes padecen tuberculosis.

También se descubrió que las bacterias proteolíticas, que prosperan en alimentos tradicionales tailandeses fermentados, pueden reducir las alergias al trigo y a la leche.

Pero aunque preocupa la potencial pérdida de derechos intelectuales sobre los microorganismos de Tailandia, los investigadores de este país también dicen que es importante que la gente se dé cuenta de que incluso la más diminuta de las especies puede tener un rol en la mitigación del cambio climático.

Microorganismos como las algas ya son observados como fuentes de energía sustentable, mientras que aún las peligrosas bacterias Escherichia coli (o E. coli), causantes de la mayoría de los envenenamientos de alimentos, pueden transformarse pronto en fábricas de biocombustibles.

"Apenas estamos empezando a explorar lo que nos pueden ofrecer los microorganismos, por lo que los esfuerzos por proteger los ecosistemas que los sostienen se vuelven cada vez más importantes", destaca Supaporn.

También es fundamental el rol que juegan las especies en ayudar a Tailandia a comprender mejor la dirección que está adoptando el cambio climático, observa Visut Baimai, director del Programa de Investigación y Capacitación en Biodiversidad.

"Mientras se invierten tantos recursos en sofisticados modelos climáticos, la observación de las respuestas de plantas y animales al aumento de las temperaturas ambientales de sus hábitats pueden decirnos mucho", agrega.

Eso incluye el rastreo de microorganismos. Según Visut, cuanta más documentación haya sobre las especies, tanto grandes como pequeñas, más rápido será el apoyo público a políticas más agresivas contra el cambio climático.

"La población tailandesa está más preocupada por los animales que por las gráficas y las listas", dice.

"Para bien o para mal, necesitan ver esta clase de impactos antes de sentirse obligados a actuar", añade.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=95650

Este artículo es parte de una serie de reportajes sobre biodiversidad producida por IPS, CGIAR/Bioversity International, IFEJ y PNUMA/CDB, miembros de la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible (http://www.complusalliance.org).

domingo, 13 de junio de 2010

Enfermedades infecciosas, enorme desafío para Asia

IPS...13/06/2010

La vacunación permite salvar millones de vidas, pero las nuevas enfermedades infecciosas y las cepas resistentes a los fármacos dificultan las posibilidades de los países en desarrollo, en especial de Asia, de cumplir los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio (ODM).

"Tendremos dos grandes problemas con las nuevas enfermedades infecciosas en la próxima década: brotes que pueden transformarse en pandemia y el continuo aumento de la resistencia antimicrobiana", dijo a IPS la profesora Tanya Sorrel, directora del Instituto de Emergencia de Enfermedades Infeccionas y de Bioseguridad, con sede en la Universidad de Sydney.

"Tenemos el doble problema, prevenir y manejar brotes de enfermedades y tratar las infecciones que no responden a los fármacos disponibles", explicó.

Sorrell, junto con 350 científicos, académicos y médicos del mundo, participó en la conferencia anual de la Sociedad de Australasia para Enfermedades Infecciosas, realizada en la norteña ciudad australiana de Darwin en mayo.

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), el paludismo y la tuberculosis son enfermedades infecciosas que representan un gran peso para las naciones en desarrollo porque retrasan el desarrollo social y económico.

El paludismo hace disminuir el producto interno bruto en más de 1,3 por ciento en países donde se propaga fácilmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Éste será un año decisivo en la lucha contra las tres enfermedades, según especialistas, porque la comunidad internacional revisa la situación de los ODM, y los países deben renovar sus compromisos financieros con el Global Fund, respaldado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y principal contribuyente para lograr las metas de salud.

Los objetivos apuntan a reducir a la mitad la proporción de personas que viven en la indigencia y padecen hambre, lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil en dos tercios y la materna en tres cuartos, entre 1990 y 2015.

También luchar contra la expansión del VIH/sida, el paludismo y otras enfermedades, asegurar la sustentabilidad ambiental y generar una sociedad global para el desarrollo entre el Norte y el Sur.

"O ganamos la batalla o la perdemos. No se puede interrumpir la lucha contra las tres enfermedades", señaló el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

"Si se controla la malaria en África se puede reducir la mortalidad infantil y cumplir los ODM", señaló Kevin Marsh, director del programa Wellcome Trust, del Instituto de Investigación Médica de Kenia, en la oriental ciudad costera de Kilifi.

La incidencia de la enfermedad cayó 90 por ciento en los últimos cinco años en esa zona de Kenia y la mortalidad infantil pasó de 115 fallecidos cada 1.000 menores de cinco años a 74 en 2009, añadió.

Hay 500 millones de casos de paludismo, casi 40 por ciento en Asia, y se mueren un millón de personas al año, 90 por ciento de ellas en África, según la OMS.

"Los cambios epidemiológicos del paludismo en Asia sudoriental, incluida la aparición y la propagación de cepas resistentes, plantean nuevos desafíos a los esfuerzos regionales para eliminar la enfermedad", señaló el profesor Ric Price, de la Facultad Menzies de Investigación Médica, en Darwin.

"Estimamos que se necesitarán entre 4.000 millones y 5.000 millones de dólares al año para controlar la malaria en los próximos 20 a 30 años", añadió.

"Tendremos un situación muy grave" si no se controlan los casos resistentes a la artemisina, el fármaco con que se trata la enfermedad, advirtió Marsh, profesor de Medicina Tropical, de la Universidad de Oxford.

Hay cinco especies de parásitos que suelen causar paludismo en los humanos, dos de las cuales implican serias consecuencias para la salud. En Asia, el desafío es controlar el Plasmodium vivax.

También se observó en la región, la aparición de otra especie que puede ser mortal para los adultos, el Plasmodium knowlesi, en especial en Malasia.

Los macacos cola de cerdo y cangrejo son los huéspedes del parásito, indicó Timothy William, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Queen Elizabeth de Sabah, en Malasia.

"Es difícil tratar o erradicar a los huéspedes por razones obvias. Treinta por ciento de los casos que estudiamos eran muy graves. Es fundamental realizar un diagnóstico temprano e indicar un tratamiento", señaló.

Más de 60 por ciento de las enfermedades infecciosas que aparecen tienen que ver con el vínculo entre animales y humanos. "Setenta por ciento de esos casos surgen por el contacto con fauna silvestre", dijo Sorrell a IPS.

"El problema es mucho más importante en las naciones en desarrollo por la limpieza de tierras, la crianza intensiva de aves y las enfermedades que pasan de las silvestres a las domésticas", explicó.

Otro gran problema es la resistencia a los medicamentos, en especial a los antibióticos, de algunas enfermedades como la tuberculosis, la tifoidea, el paludismo y otras de transmisión sexual como la gonorrea.

En los últimos años se reanudaron las investigaciones de vacunas para evitar y tratar esas infecciones y otras enfermedades evitables en los países en desarrollo.

"El objetivo a largo plazo es que las vacunas sean rutinarias", indicó Marsh. La inmunización "es uno de los mayores esfuerzos internacionales para contener la propagación de enfermedades", añadió.

La vacunación es especialmente importante para los menores con riesgo de infectarse con el neumococo, señaló Andrew Pollard, profesor de infecciones pediátricas y director del Grupo de Vacunación de la Universidad de Oxford.

"La neumonía bacteriana es la más común en la infancia y es la primera causa de muerte de niños y niñas en Asia meridional y Asia sudoriental", señaló.

Es fundamental cortar las infecciones de raíz para alcanzar los ODM en materia de salud, coincidieron los especialistas.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=95649

sábado, 12 de junio de 2010

Balsas de arena de alquitrán de Syncrude, en Alberta, Canadá
Voraz desarrollo petrolero en Canadá
Bajo las arenas bituminosas de Alberta

Le Monde Diplomatique_12/06/2010


A fuerza de regalos fiscales, ausencia de regulación y laxitud medioambiental, los conservadores en el poder en Alberta, Canadá, transformaron el norte de la provincia en un supermercado de petróleo sucio en provecho de las multinacionales y de su vecino estadounidense. Se sacrifica el bosque boreal y a las primeras naciones de la región.

Una sola “ruta de hielo”, abierta de mediados de diciembre a mediados de marzo, atraviesa cinco ríos congelados y conduce a Fort Chipewyan, 700 kilómetros al norte de Edmonton, la capital de Alberta. Salvo en invierno, para llegar a esta provincia del oeste de Canadá hay que hacer el trayecto en avioneta. El establecimiento del comercio de pieles “Fort Chip”, fundado en 1788, fue la primera colonia británica en Alberta. A pesar de su insuperable vista sobre el lago de Athabasca y sus islas boscosas, el único hotel del lugar está en venta desde hace años, ya que el turismo nunca levantó el vuelo. Los periodistas que vienen hasta aquí rara vez lo hacen por la belleza o el interés histórico del lugar, sino más bien por la alarmante tasa de cánceres: 30% superior al promedio provincial (1). Para muchos, el sospechoso número uno se encuentra 230 kilómetros río arriba, ahí donde el río Athabasca serpentea en medio de inmensas minas a cielo abierto y 130 km2 de piletas de decantación de la industria petrolera.

En efecto, aquí tiene lugar la mayor fiebre del oro negro de la era moderna: más de 170.000 millones de barriles –es decir, la segunda reserva mundial– se hallan sepultados en el bosque boreal, sobre una superficie equivalente a la cuarta parte de Francia. La extracción y transformación de esas arenas bituminosas (2) requieren cantidades impúdicas de agua –cinco barriles por cada uno de petróleo– y producen daños irreparables en el medio ambiente.

“Hace cincuenta años, si morían una o dos personas de la comunidad al año, era mucho. En 2009, sólo en el mes de abril, enterramos a siete. ¿Qué está pasando aquí?” Mientras raspa unos boletos de lotería, Alec Bruno agrega, fatalista: “De aquí a unas décadas, no veo qué quedará para las generaciones jóvenes. Somos un pueblo que vive de la tierra y todo eso está desapareciendo”. Guarda los billetes; el premio gordo será para otra vez. Este “anciano” de los amerindios Chipewyan Athabasca (3) participa, sin ilusiones, en los comités instaurados por las compañías petroleras: “¡Ya tienen las autorizaciones antes de venir a vernos! No podemos detenerlas; apenas intentamos hacerles modificar sus prácticas para limitar los daños al medio ambiente y minimizar los riesgos para nosotros, que vivimos río abajo”.

Hace unos diez años, los habitantes de Fort Chipewyan empezaron a pescar peces deformes con gusto a petróleo. Luego el médico del lugar afrontó varios casos de un cáncer raro de las vías biliares, cuya incidencia normal es de 1 por 100.000. Pero aquí no hay más que un millar de habitantes. En la primavera de 2006, el doctor John O’Connor cuestionó públicamente la responsabilidad de la industria petrolera en el asunto. No le fue bien. La administración federal Salud Canadá lo demandó por su “actitud no profesional” causante de “una inquietud injustificada”. Herido por estos ataques, abandonó la región en 2007.

A principios de 2009, tras años de negación, las instituciones sanitarias de Alberta reconocieron una elevada tasa de cáncer, pero suavizaron estos resultados “basados en un número reducido de casos (51 observados sobre 39 esperados)” y concluyeron: “No hay motivos para alarmarse” (4). El estudio no se pronunció sobre el origen de la enfermedad, debida tal vez “al azar, a una mejor detección, o a cambios en el modo de vida o el entorno”. El doctor O’Connor recibió una disculpa oficial y regresó a la región en noviembre de 2009: “Yo había logrado mi objetivo de atraer la atención que ‘Fort Chip’ reclamaba hacía años. No digo que las arenas bituminosas sean la causa de los cánceres, sino que planteo la pregunta”.

Como los cánceres son plurifactoriales, es casi imposible determinar una causa única. “Se trata más bien de preguntarse si los niveles de toxinas en el aire, el agua, los peces y los animales son lo suficientemente altos como para impactar en la salud”, explica el doctor Kevin Timoney. Cuando la comunidad de “Fort Chip” le encargó estudiar la contaminación, encontró entre 10 y 50 veces más mercurio que lo normal en algunos peces, y bastante más hidrocarburos río abajo de las minas que río arriba (5).

Una industria letal

Las autoridades se aferran a un argumento: la presencia de hidrocarburos y mercurio en el río es de origen natural, ya que las arenas bituminosas afloran en los bancos en algunas partes. Esto fue lo que se propuso verificar un equipo de renombrados investigadores. El 6 de diciembre de 2009, acudieron a Fort Chipewyan para dar a conocer sus conclusiones: a causa de sus emanaciones de compuestos aromáticos policíclicos (CAP) (6) hacia la atmósfera, ¡la industria causa el equivalente a una marea negra por año (7)! En un radio de 50 kilómetros alrededor de las plantas de valorización –donde el bitumen es extraído de la arena y luego transformado en petróleo pesado, etapa obligatoria antes de la refinación–, se encuentra bitumen puro en la nieve. En el Athabasca y sus afluentes, la concentración de CAP es de 10 a 50 veces superior a la normal, lo que podría explicar las malformaciones de los peces. Se recomendó a las mujeres embarazadas y a los niños no comer pescado más de una vez por semana. Pero la alimentación amerindia tradicional está basada en la caza y la pesca.

“Estas formas raras de cáncer son como una guerra bacteriológica –apunta Mike Mercredi, con un gorro con la efigie del Che en la cabeza–. Al permitir que la enfermedad mate a mi pueblo, se practica una especie de genocidio.” En la pared, un afiche clama su credo: “We resist colonization” (“Nosotros resistimos la colonización”). Desde que terminó el secundario, Mercredi trabajó en las minas, manejando los camiones más grandes del mundo por 5.000 dólares canadienses (3.500 euros) mensuales (8). “Cuando perdí a mi tía, mi tío, y luego a un amigo de 27 años a causa de cáncer, me dije: ‘¡Lo que los mata es tu trabajo!’. Bajé de mi camión y renuncié.” En febrero de 2007, lo contrató su tribu Athabasca Chipewyan: “La idea era que un día no iba a haber más vida posible aquí. Entonces yo debía recoger el saber tradicional de los ancianos para mostrar a las futuras generaciones cómo era la vida antes del desarrollo industrial. Luego me dije: ‘¿Qué hacer para impedir la destrucción de mi pueblo y de esta tierra? ¡La explotación de las arenas bituminosas debe parar!’”. Desde ese momento, Mercredi machaca con ese mensaje en conferencias por todo el país.

Él provee la voz, pero su tribu optó por la Ley, demandando a Alberta por el arriendo de tierras que rodean a un cementerio tradicional. “El gobierno tiene el deber de consultarnos, así lo establece la jurisprudencia –explica John Rigney, administrador de la tribu– (9). Nuestra denuncia fue rechazada, pero apelamos, y estamos dispuestos a llegar a la Corte Suprema. Esto será una batalla sagrada. Como David contra Goliat, tenemos tan poco dinero…”

Nada que no se pueda comprar

Con sus miles de millones de dólares, y el apoyo provincial y federal, la industria petrolera parece intocable. Para comprar la paz social, algunas compañías reparten algunas migajas de sus colosales ganancias: por ejemplo, Syncrude puso 500.000 dólares para el equipamiento del centro para la juventud. En noviembre de 2009, la compañía invitó a los Chipewyan a una cena de Navidad en el salón de fiestas. El ex jefe Archie Cyprien defiende a los generosos donantes: “Syncrude hace mucho por la comunidad, con sus subvenciones y la creación de empleos. La industria está allí para quedarse, más vale aprender a convivir con ella”. Al final de la velada, cada familia recibe un pavo, y los niños chocolates. “Éste es el aspecto más agradable de mi trabajo –explica entusiasta Steven Gaudet, de Syncrude–. Es cierto que las primeras naciones (10) tienen distintas actitudes hacia nosotros, pero nosotros las necesitamos y queremos que sus comunidades crezcan con nosotros. Les ofrecemos formación y empleos: entre el 8% y el 10% de nuestros empleados son aborígenes.”

Mercredi, por su parte, realiza una breve visita. Se niega a ser el pato de la boda: “A los dirigentes de Syncrude lo que más les importa es la imagen de la empresa; saben muy bien el mal que hacen y entonces, para aliviar su conciencia, le dicen al mundo: este pueblo está en vías de extinción, pero sus habitantes están muy contentos de comer pavos”.

Syncrude dice haber gastado más de 1.200 millones de dólares en la subcontratación de empresas aborígenes desde 1992. El aislado Fort Chipewyan sólo firmó unos pocos contratos con la industria. Pero si remontamos el Athabasca, encontramos a Fort McKay en una situación muy distinta. Con seis minas en un radio de 30 kilómetros, la aldea se encuentra rodeada por esas extensiones lunares de arena gris que reemplazaron bosques y pantanos; lagos artificiales llenos de 720.000.000 m3 de sopa tóxica ofrecen a los pájaros una pausa eterna y empapada en fueloil; las fábricas escupen llamaradas y humo junto a unas colinas amarillas de azufre. El jefe Jim Boucher admite: “Es una decisión difícil, pero intentamos desarrollar la capacidad de la comunidad para extraer el máximo de ventajas de estas posibilidades”.

Fort McKay Group of Companies, consorcio 100% aborigen, produjo una cifra de negocios de 85 millones de dólares en 2007, proveyendo diversos servicios a la industria. También firmó una sociedad con Shell para explotar conjuntamente 33 km2 de arenas bituminosas. Los habitantes están acostumbrados a los procedimientos de evacuación y al olor a petróleo en el aire. El jefe elogia los beneficios de estas actividades: una tasa de desempleo inferior al 5%, una clínica, un centro para la juventud, 170 viviendas nuevas…

Ninguno de los funcionarios responderá nuestros pedidos de entrevista. En cambio, una anciana de Fort McKay, Celina Harpe, nos recibe en su casita, a orillas del Athabasca. A los 71 años, evoca con tristeza un mundo desaparecido: “Toda mi vida bebí el agua de este río. Pero desde que están estas fábricas, ya no se puede. Se ha puesto amarronada y no hace falta ser científico para darse cuenta de que no es buena para beber. Así que tenemos que comprar agua embotellada”. Su marido, Ed Cooper, alias Muskwa –“el oso”, en lengua dené–, agita una botella de cincuenta centilitros: “Cuesta 2 dólares en la tienda más cercana. ¿Caro para ser agua, no?”.

Hace unos años, Harpe interpeló a algunos representantes de Suncor y Syncrude: “Ustedes envenenaron el agua, ¡ahora tienen que dárnosla!”. Su esposo comenta que desde ese momento “nos envían agua gratuitamente dos veces por mes, pero sólo a los ancianos; los demás tienen que pagarla”. La señora Harpe saca los mocasines de cuero de alce y piel de castor que fabrica con sus propias manos. “Soy la última que cose en Fort McKay. Toda nuestra cultura desapareció, nuestro modo de vida tradicional no existe más, se acabó.”

Una ciudad que huele a dinero

Basta hacer 45 kilómetros hacia el sur para descubrir qué sustituyó ese modo de vida. Atestada de pickups y vehículos pesados, la autopista 63 conduce a Fort McMurray. Una vitrina del mundo occidental en pleno bosque boreal: supermercados y centros comerciales, fast-foods y tiendas de bebidas alcohólicas en cada esquina, casino y bares con chicas strippers, abundancia de drogas y de sin techo con aire despavorido. Este antiguo pueblo de tramperos y leñadores, antes apodado “la fábrica de pieles”, se ha convertido en Fort McMoney, con efluvios de petróleo que las cohortes de jóvenes activos huelen a dinero. El número de habitantes se triplicó desde el boom de las arenas bituminosas, pasando de 34.000 en 1994 a 101.000 en 2009.

¿Cómo maneja su mutación la ciudad hongo? “No tan bien”, reconoce sonriente Melissa Blake. Esta intendente electa en 2004 dirige una de las comunas más grandes del mundo, la municipalidad regional de Wood Buffalo: más de 63.000 km2 cubiertos de bosque, repleto de sitios mineros e industriales –una superficie aproximadamente igual a la de Irlanda–. Fort McMurray es la única ciudad. “En términos de infraestructuras, no estábamos preparados para un crecimiento tan brutal.” El crecimiento de la población –8% por año– convirtió al sector inmobiliario en el más caro del país: una casa de cuatro habitaciones vale más de 620.000 dólares. Y más vale no caer enfermo, ¡porque hay 1,7 médicos cada 10.000 habitantes, y uno de emergencias puede recibir hasta 156 pacientes en doce horas (11)!

“Detesto esta ciudad: me fui siete veces, pero siempre vuelvo, porque sólo acá puedo ganar tanto dinero”, confiesa un joven en un bar. Este obrero gana 32 dólares por hora, o sea cuatro veces más que el salario mínimo de su provincia, Columbia Británica. Pero el 98% de los habitantes de Fort McMurray no piensa jubilarse allí (12), por eso no se preocupa mucho por el impacto de la industria petrolera en el medio ambiente o en las primeras naciones.

Varias generaciones de una familia chipewyan comparten unas pizzas y comida china frente a la tele. Todos trabajaron o aún trabajan para la industria petrolera. Una joven recuerda: “Desde la escuela nos preparan para eso: los dibujos para colorear, los juguetes… Es un lavado de cerebros”. “No nos queda otra opción que trabajar para ellos si no queremos ser pobres –cuenta Herman, de 41 años, que fue conductor de máquinas para Suncor, Syncrude y Shell–. Antes cazábamos para vivir, pero ahora me convertí en un ‘Sobeys boy’ (13).” Después de algunos problemas de salud, se dispone a retomar su empleo: “Lo detesto, pero debo regresar; tengo que pagar 1.400 dólares por mes por el terreno de mi caravana”. Todos se expresan con severidad respecto a la tribu de Fort McKay: “La idea del éxito individual corrompió a nuestro pueblo. La industria nos dividió”, lamenta Max.

Una visita al Consejo tribal de Athabasca confirma esta constatación. Este organismo, que reúne a las cinco primeras naciones de la región –alrededor de 5.000 personas–, les da consejos y servicios, pero no tiene poder político, y cada tribu se autogobierna. Su director, Roy Vermillion, se expresa con prudencia respecto a las arenas bituminosas: “Las tribus tienen puntos de vista distintos. Si bien todas se preocupan por el entorno, no tienen las mismas oportunidades según su localización. Su posición es difícil: al igual que la mayoría de los pueblos indígenas, se consideran protectoras de la ‘Madre Naturaleza’, pero al mismo tiempo hay una demanda mundial de petróleo que nuestra región puede satisfacer. Nosotros intentamos lograr un equilibrio”.

Estrategias de supervivencia

En 2003, las cinco primeras naciones establecieron una sociedad con los representantes de la industria y los gobiernos municipales, provincial y federal, para manejar las consecuencias del desarrollo en sus territorios. Fue un fracaso. Vermillion explica que: “Todas las partes estuvieron de acuerdo en… no trabajar juntas, y disolver la sociedad en marzo de 2010. Cada nación participará más directamente a través de las Industry Relation Corporations [IRC]”.

Las IRC, al igual que Tony Boschmann para los Chipewyan Prairie, 130 kilómetros al sur de Fort McMurray, manejan la relación de las tribus con los industriales: “El desarrollo es una bestia enorme imposible de detener. Nuestra tarea consiste en ayudarlos a sobrevivir con ese monstruo para que, en cincuenta años, la primera nación siga ahí, con sus tradiciones preservadas”. El canadiense anglosajón Shannon Crawley, que trabaja con Boschmann, precisa: “Estas comunidades tuvieron que experimentar una revolución industrial de 300 años en muy poco tiempo. El jefe Vern Janvier tuvo sus primeros contactos con el hombre blanco hace 35 años”.

La comunidad está asediada por proyectos petroleros. Las arenas bituminosas son demasiado profundas para ser extraídas a cielo abierto, de manera que se utilizan las técnicas in situ. La más común es el drenaje gravitacional asistido por vapor (Steam Assisted Gravity Drainage – SAGD): se cavan dos pozos paralelos, uno sirve para inyectar vapor a alta presión, que licúa el bitumen, y el otro lo bombea hasta la superficie. “Es un desarrollo duradero”, aseguran sin reír los representantes de la industria petrolera: el SAGD no causa una destrucción tan espectacular como las minas, y utiliza cada vez más agua salobre.

Esta técnica, puesta a punto en Alberta gracias a 55 millones de dólares de subvenciones federales, sigue siendo experimental. En mayo de 2006, en el proyecto Joslyn de la empresa Total, el vapor provocó una explosión en la superficie, proyectando rocas, árboles y bitumen, y dejando un cráter de veinte metros de ancho. “Hay una verdadera falta de conocimiento científico sobre el impacto del SAGD. No sabemos cómo se comunican los estratos en el subsuelo”, se lamenta Boschmann. Al provocar mini-sismos y derrumbamientos del terreno, el SAGD podría contaminar la mayor napa freática de Canadá (14).

Alberta no ha efectuado ningún estudio de impacto de las técnicas in situ, y su ente regulador aprueba el 95% de los proyectos sin evaluar jamás los efectos acumulativos de las actividades mineras. Sin estudios de impacto, más de la mitad de los 140.000 km2 ricos en arenas ya han sido otorgados. Boschmann advierte: “La inversión es muy riesgosa, ya que las primeras naciones tienen derechos, y lucharán para que sean reconocidos”.

Doscientos kilómetros más al sur, los Cri de Beaver Lake se enfrentan a Alberta y Canadá por 16.000 violaciones de sus derechos. Como fruto de los tratados firmados a fines del siglo XIX con la Corona Británica, estos derechos fueron incluidos en la Constitución en 1982. A cambio de la cesión de inmensos territorios, las primeras naciones obtenían la garantía de seguir viviendo perpetuamente allí, de acuerdo a sus tradiciones. Alberta, que no existía como provincia cuando se firmaron, no reconoce los tratados y considera que no tiene el deber de consultar a los amerindios. La industria se encarga de hacerlo, a su manera. Gerald Whitford, administrador de la tribu, señala dos estanterías cargadas de carpetas. “Eso es un sólo proyecto de expansión para una instalación. Nos envían eso y dos días después, nos preguntan por teléfono: ‘¿Alguna pregunta?’ A eso llaman consulta.”

“La última línea de defensa”

El grupo ecologista Pembina Institute, famoso por su trabajo serio y documentado, estima que las primeras naciones y sus quejas son “la última línea de defensa” para preservar la naturaleza. Porque del lado provincial y federal se ha confiado esta función a algunas asociaciones financiadas por la industria y sin ninguna credibilidad a fuerza de informes tranquilizadores. El Regional Aquatic Monitoring Program (RAMP), que supuestamente controla la calidad del agua, es duramente criticado por expertos independientes por su falta de rigor científico; le pasó desapercibida la marea negra anual. Ecologistas y aborígenes terminaron dando un portazo ante la Cumulative Environmental Management Association (CEMA), que debe administrar los efectos acumulativos del desarrollo, a raíz del bloqueo ejercido por la industria que exige unanimidad para toda decisión. Ejemplo de su ineficacia: un grupo de trabajo tardó ocho años en elaborar un plan para preservar hasta un 40% de las tierras de la municipalidad regional de Wood Buffalo. Cuando ésta realizó sus recomendaciones, ¡la mayoría de los terrenos ya habían sido asignados!

La fe ciega en la tecnología y la confianza absoluta en la industria están de moda en Alberta. “Aquí las compañías se autocontrolan –explica Preston McEachern, de la agencia provincial Alberta Environnement– ¡Tienden incluso a sobre-informar los incidentes!” Pero cuando en abril de 2008 murieron 1.600 pájaros en una pileta de decantación de Syncrude, la alarma provino de un informante anónimo. Cuando una nube de dióxido de azufre se abatió sobre Fort McKay, en 2006, el viento tuvo que llevar la pestilencia sobre su población mayoritariamente blanca para que la instalación en cuestión se cerrara; las estaciones de control de calidad del aire no habían notado nada. En cuanto a las fugas tóxicas de los lagos artificiales, nadie es capaz de cuantificarlas. Pero según McEachern, la cifra de 11 millones de litros por día que algunos calculan ¡no significa “casi nada”!

Según el periodista albertano Andrew Nikiforuk, la provincia está regida por “la primera ley de la petro-política”: cuanto más sube el bruto, más se resiente la democracia. Los conservadores, adeptos al lobby gaso-petrolero, reinan sobre Alberta desde hace 39 años. Algunas organizaciones no gubernamentales interpelan al gobierno federal para que finalmente proteja los recursos acuíferos y humanos que de él dependen: del Athabasca se extraen 445.000.000 m3 por año, o sea el equivalente del consumo de una ciudad de tres millones de habitantes (15). ¿La industria paga ese agua? Con aire de asombro, los representantes de Alberta Environnement y de la industria petrolera responden “no”.

En Ottawa, el peor enemigo de los amerindios, Tom Flanagan, asoma detrás del Primer Ministro Stephen Harper (16). Este pensador ultraconservador les cuestiona la denominación de “nativo”, argumentando que ellos son… inmigrantes que precedieron unos miles de años a los europeos. Concluye que sus reivindicaciones territoriales no tienen fundamento, y aboga por la desaparición de los derechos de los aborígenes. Mientras que Canadá no ha firmado la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, la aplicación de esas tesis destruiría las acciones judiciales de las primeras naciones, a las que Flanagan llega incluso a acusar de amenaza para la industria petrolera y de “ser capaces” de volcarse a la acción violenta junto a ecoterroristas (17).

Notas:

(1) Yiqun Chen, “Cancer Incidence in Fort Chipewyan, Alberta, 1995-2006”, Alberta Cancer Board, Edmonton , febrero de 2009.

(2) Bitumen muy viscoso combinado con esquisto y arena, a partir del cual se produce petróleo. Hasta no hace mucho, era demasiado costoso y complejo explotar esas arenas bituminosas. El alza del precio del oro negro y los cambios tecnológicos las hicieron rentables. Con 1,4 millones de barriles por día, constituyen la mitad de la producción canadiense; en 2025, podría ser el 80%.

(3) Seiscientos Cris Mikisew, doscientos Chipewyan Athabasca (Dené), doscientos mestizos y un centenar de no aborígenes viven en Fort Chipewyan.

(4) Hanneke Brooymans, “ Cancer rates higher in communities near oil sands: Study”, Canwest News Service, Edmonton, 6-2-09.

(5) Kevin Timoney y Peter Lee, “Does the Alberta tar sands industry pollute? The Scientific Evidence”, The Open Conservation Biology Journal, 2009 (www.bentham.org/open/toconsbj).

(6) Familia de compuestos químicos, muchos de ellos cancerígenos.

(7) Erin N. Kelly, Jeffrey W. Short, David W. Schindler, Peter V. Hodson, Mingscheng Ma, Alvin K. Kwan y Barbra L. Fortin, “Oil sands development contributes polycyclic aromatic compounds to the Athabasca River and its tributaries”, Proceedings of the National Academy of Sciences, Washington, 7-12-09.

(8) Todos los montos mencionados están en dólares canadienses.

(9) Los Cris Mikisew cuestionaron un proyecto de ruta sobre su territorio porque no habían sido consultados; en 2000, la Corte Suprema de Canadá les dio la razón.

(10) Término utilizado por los autóctonos de Canadá para designar a los amerindios. 11 Michel Sauvé , “ Canadian dispatches from medical fronts: Fort McMurray”, Canadian Medical Association Journal, Ottawa, 3-7-07.

(12) Andrew Nikiforuk, Tar sands: Dirty oil and the future of a continent, Greystone Books, Vancouver, 2008.

(13) Sobeys es la segunda cadena de supermercados de alimentos del país.

(14) Carolyn Campbell, “In Situ tar sands extraction risks contaminating massive aquifers ” , Wild Land Advocates, Vol. XVI, N° 5, Calgary, octubre de 2008.

(15) Danielle Droitsch, “Watered Down: Overcoming federal inaction on the impact of oil sands development to water resources ”, Water Matters,Calgary, octubre de 2009.

(16) Consejero político de Harper hasta su victoria en 2006, se lo considera su maestro intelectual.

(17) Tom Flanagan, “Resource industries and security. Issues in Northern Alberta”, Canadian Defence and Foreign Affairs Institute, Calgary, junio de 2009.

Traducción: Patricia Minarrieta

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/2010/04/RAOUL/18996

viernes, 11 de junio de 2010

Escrutador ojo digital

Juventud Rebelde_11/06/2010


Otear por un telescopio cada vez más potente. Eso sienten quienes se asoman cada dos años al horizonte tecnológico que se vislumbra desde INFOCLUB, el evento de los Joven Club de Computación y Electrónica dedicado a los más jóvenes.

«Desde él podemos medir el alcance de la informática desde múltiples aristas y en función del desarrollo de la Revolución», sostiene Ernesto Vallín Martínez, secretario ejecutivo del comité organizador.

Una vez más niños, adolescentes y jóvenes interesados en la computación tendrán la oportunidad de desafiar a las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, mostrando sus trabajos, intercambiando ideas y proyectos y definiendo estrategias.

Podrán hacerlo cuando este jueves comience en el Palacio Central de la Computación, en Ciudad de La Habana, la X edición del encuentro, que desde su surgimiento se ha reafirmado como un espacio reflexivo, profundo y comprometido, orientado a examinar y divulgar las principales experiencias de los participantes sobre diversos temas relacionados con el quehacer comunitario.

La cita, según Ernesto una de las más importantes de los Joven Club, pretende dar una panorámica de los avances en las nuevas tecnologías, protagonizados no solo por los más nuevos, sino además por instructores y colaboradores del programa, personas con discapacidad o de la tercera edad, los cuales se han beneficiado con los servicios que ofrecen esas instalaciones.

En esta ocasión las temáticas del evento están relacionadas con software educativo, sitios y páginas web, multimedia, seguridad informática y aplicaciones soportadas en software libre.

En seis comisiones los participantes analizaran también ponencias sobre las redes, informática aplicada, estrategias, modelos, metodologías, sistemas y alternativas didácticas soportadas en las tecnologías de la informática y las comunicaciones (TIC), soluciones para la reparación de equipos, o el diseño e implementación de juguetes electrónicos.

En estas también competirán trabajos de alumnos de las enseñanzas primaria y secundaria, otros destinados a personas con necesidades educativas especiales o discapacidades, y experiencias en el trabajo con el adulto mayor.

«Los niños siempre nos sorprenden cuando aplican la computación para mostrar sus puntos de vista. De igual manera los estudios desarrollados para personas con discapacidades tales como los que padecen de síndrome de Down, autismo o los sordos e hipoacúsicos, aportan una herramienta trascendental para mejorar la calidad de vida de cada uno de ellos y de sus familiares.

«Nuestras instalaciones se han convertido en verdaderos centros para investigaciones educativas. Algunas expresan un marcado interés por procesos de aprendizaje o formación de valores para las diferentes enseñanzas del sistema nacional; otras, materiales de estudio para asignaturas universitarias, o el recuento de un hecho histórico interesante de la localidad donde viven», afirma Ernesto.

«Hemos transitado bastante por el mundo de las aplicaciones educativas, lo cual no significa que su producción esté fuera de las líneas de trabajo actuales. Solo que ya el trabajo de los Joven Club, por la tecnología disponible y su potencial humano, ha comenzado a recorrer otras áreas de importancia.

Cada uno de los ponentes debatirá acerca de la metodología utilizada y los principios pedagógicos que aportarán la rigurosidad necesaria para la discusión académica.

«La exposición de aplicaciones con diseños novedosos, al igual que la incursión en productos que muestran soluciones para la migración a plataformas de código abierto, son otras de las presentaciones de nuestros usuarios. De igual manera se muestran trabajos en el área de la electrónica que dan soluciones acordes a las necesidades de nuestro país, con la creación de dispositivos que pueden contribuir al ahorro por concepto de importaciones».

Como parte del evento se realizarán mesas redondas, talleres, videodebates, conferencias, presentaciones de libros y muestra de productos informáticos elaborados en las propias instalaciones. Esta será una oportunidad para unir conocimientos acerca de los avances y requerimientos que van logrando temas como el alcance del aprendizaje, redes sociales de conocimiento, soluciones informáticas comunitarias y proyectos sociales en general.

«El Joven Club establece una relación directa con los jóvenes de la comunidad, integrándolos a procesos formativos con la computación, pero a la vez realizan actividades culturales y de inclusión comunitaria para crear una cultura general acerca de la informática, la literatura y otros temas de actualidad. Las experiencias con la comunidad llegan a INFOCLUB revertidas en los trabajos presentados a ese nivel con un fuerte sentido de pertenencia.

«En esta ocasión, por ejemplo, nos acompaña una niña con un padecimiento que requiere de condiciones especiales y es atendida por nuestros instructores en un trabajo que lleva implícito mucho amor. Tanta cercanía está marcada por tres conceptos básicos: el de la adaptabilidad al entorno de cada centro, la flexibilidad en los procesos de enseñanza y la satisfacción de los usuarios.

«En los eventos de base se presentaron un total de 1 379 trabajos, en los que participaron los JCCE de 160 municipios. De estos se seleccionaron 695 para los eventos provinciales, los cuales, luego de ser discutidos por sus protagonistas, alcanzaron la cifra de 323 clasificados para su posible participación nacional, y de estos fueron escogidos 77».

A dos años de fundados los Joven Club se efectuó el primer encuentro nacional INFOCLUB, con el objetivo de exponer la creatividad del naciente proyecto, así como crear un medio propicio para conducir los resultados de la aplicación de la informática a las actividades concretas de la comunidad, evaluar experiencias pedagógicas y seleccionar las más positivas para su posterior generalización.

Con miles de trabajos en cada edición, INFOCLUB no solo ha recogido lo mejor de la creación de los Joven Club, pues de sus premios han salido innumerables aportes a la ciencia y técnica en Cuba.

«Pretendemos continuar elevando la inclusión en las comunidades, atendiendo a los sectores más necesitados, el desarrollo de herramientas en plataformas de código abierto que garanticen una soberanía tecnológica y desarrollando estrategias que permitan aumentar la calidad de los servicios prestados a la población».

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2010-06-08/escrutador-ojo-digital/

jueves, 10 de junio de 2010

A sangre fría: Bhopal, un cuarto de siglo después
Cifras, mecanismos imperiales, reflexiones y rebeldías sobre la apuesta fáustica e inhumana del capitalismo terminal

Rebelión_10/06/2010


. Fecha del “accidente” de la ciudad india de Bhopal: noche de 2 de diciembre de 1984, el peor accidente industrial de la historia que sigue mercando la vida de tres generaciones de ciudadanos y ciudadanas de la ciudad.

. Contexto político en el momento del accidente: presidencia de Ronald Reagan en Estados Unidos, capitalismo sin crisis explícitas, existencia de la Unión Soviética, compases iniciales de la contrarrevolución neoliberal, neocolonialismo capitalista en India, actuaciones sin bridas de las multinacionales.

. Consecuencias del accidente: una filtración de gas metil isocianato (MIC) mató a 20.000 personas y dejó lisiadas a casi medio millón más (40 toneladas de metil isocianato, un químico tóxico altamente volátil almacenado en la planta de pesticidas de UCIL, se filtraron desde las instalaciones de la fábrica de Bhopal y cubrieron la zona circundante).

. Características del gas metil isocianato: insumo del pesticida Sevin, que se producía a muy bajo costo en Bhopal desde 1969. En Europa (en Francia y Alemania) estaba prohibido en aquellas fechas almacenarlo en barriles de 200 litros y sólo podía hacerse para su utilización inmediata [1].

. El gas metil isocianato (MIC) en Bhopal: Unión Carbide hizo caso omiso de los riesgos y construyó tres enormes cisternas capaces de contener cada una 60 toneladas de MIC (300 veces lo permitido en Europa).

. Desencadenante del accidente: apagado del sistema de refrigeración de las cisternas para reducir costes.

. Comentario del principal responsable, Warren Anderson, presidente de la compañía, ante la observación del ingeniero español que le alertó del peligro: la fábrica india de UC era tan segura como una fábrica de chocolatinas.

. Comentarios de los activistas indios: Unión Carbide de Estados Unidos y Anderson sabían que el diseño de la planta de Bhopal estaba basado en tecnología no verificada y fueron ellos quienes ordenaron reducir costes.

. Fallecidos: 3.000 cadáveres quedaron esparcidos por todo Bhopal a la mañana siguiente; la cifra de muertos estuvo entre 20 mil y 25 mil, contando a quienes fallecieron en los años posteriores por los efectos dañinos de los gases tóxicos (las cifras oficiales de India situaron la cantidad de muertos en 15 mil).

. Consecuencias del accidente en los supervivientes y sus descendientes: padecen efectos a largo plazo: desde la tuberculosis pasando por los defectos congénitos y fiebre crónica hasta cáncer.

. Últimos análisis de 2010 del Centro hindú para la Ciencia y el Ambiente: el agua subterránea de áreas ubicadas incluso a tres kilómetros de la fábrica de la UCIL contienen casi 40 veces más pesticidas que los permitidos en la India (las aguas dan de beber a unos 30 mil habitantes de la zona).

. Nacimientos: numerosos niños de la zona nacen ciegos, paralíticos o luego desarrollan un cáncer.

. Inicio del juicio por el desastre de Bhopal: 1987, 23 años han pasado desde entonces hasta llegar al veredicto del lunes 7 de junio de 2010 (en 1996, la Corte Suprema redujo los cargos contra los funcionarios indios de UCIL, alegando que la culpabilidad radicaba en la casa matriz de Estados Unidos).

. Consideración de las cuatro organizaciones que reúnen a los sobrevivientes del desastre: el gobierno indio fue responsable de "negligencia criminal".

. Sentencia de un tribunal de India el pasado lunes, 7 de junio de 2010: dos años de prisión a ocho ex ejecutivos de la filial local de la firma transnacional estadounidense Union Carbide Corp.

. Detalles de los condenados: está entre ellos Keshub Mahindra, presidente de Union Carbide India Limited (UCIL, filial de Union Carbide Corp., UCC), en el momento del accidente; los siete condenados que siguen vivos han sido condenados a dos años de cárcel (apenas estarán, si llegan a estar, una hora en la cárcel por cada persona fallecida) y multados cada uno con 100.000 rupias (unos 2 mil dólares) que, desde luego, pudieron pagar inmediatamente.

. Evadido homicida: el veredicto no ha incluido al fugitivo ex presidente de UCC, Warren Anderson, quien se cree que está oculto en Estados Unidos tras su breve arresto y posterior pago de su fianza en India (a Anderson se le imputaron cargos por homicidio no premeditado).

. Multa a la UCIL, la filial india de Unión Carbide Corp: 500.000 rupias (unos diez mil dólares USA, 8.900 euros).

. Pagos previos de Unión Carbide: 470 millones de dólares, unos 390 millones de euros, como compensación económica al gobierno indio (el 15% de lo solicitado por éste); las víctimas recibieron hace 20 años una media de 300 euros.

. Compras y adquisiciones: The Dow Chemical Company compró UCC en febrero de 2001, diecisiete años después de la tragedia de Bhopal. Posición firme de la multinacional: no tiene ninguna responsabilidad por la pérdida de gas en una fábrica en la que no operaba en ese momento.

. Comentario de Rachana Dhingra, una activista del Grupo de Información y Acción de Bhopal, una organización ciudadana que lucha por los derechos de los supervivientes de la tragedia, que abandonó su trabajo en una compañía informática de USA para luchar por los derechos de las víctimas de la tragedia: “El fallo es una burla al sistema judicial de India. Esto no es justicia. Es un mensaje a las multinacionales para que pueden venir a India a contaminar, matar y finalmente pagar una escasa compensación económica por ello”.

. Comentario de Sati Nath Sarangi, un activista hindú presente en Bhopal desde el primer día de la tragedia: “el peor desastre industrial de la historia ha sido reducido a un mero accidente de tráfico”.

. Residuos del accidente: 350 toneladas de residuos tóxicos siguen abandonadas en un cobertizo de hojalata en la planta.

Nota:

[1] Elisa Reche, “Las 25.000 muertes de Bhopal quedan impunes”. Público, 8 de junio de 2010, pp. 10-11.

miércoles, 9 de junio de 2010

El caso de Laguna del Tigre en Guatemala
Capital y “democracia” contra el ambiente

Rebelión_09/06/2010


La acumulación del capital tiene un límite biofísico: el planeta tierra. Esto significa que hay que transformar nuestra forma de producción y consumo antes que sea demasiado tarde y se destruya el ambiente, con lo cual se destruye el circuito natural de reproducción de la vida humana. No transformar nuestra relación con la tierra es una apuesta por el suicidio colectivo, tal como lo subraya F. Hinkelammert.

No obstante, la lógica propia del capital (y el poder político que se pone a disposición de aquél), es la acumulación contra todo, incluyendo el ambiente y la vida. Esto es lo que sucede en muchos aspectos de la intervención humana en el planeta y que se observa en casos particulares que resultan significativos de esta lógica de destrucción. Va un ejemplo de ello.

La Laguna del Tigre en el departamento de Petén en Guatemala compuesta por el Parque Nacional Laguna del Tigre y el Biotopo Protegido Laguna del Tigre-Río Escondido, es la mayor reserva ambiental del país y es un humedal de importancia internacional (segunda reserva de agua dulce en América Latina). Sin embargo, diversos problemas están deteriorando aceleradamente dicha reserva (incluyendo el narcotráfico que opera bajo la negligencia del Estado guatemalteco). Sin embargo, una condición que resulta fuertemente amenazadora es la renovación de contrato petrolero 2-85 que disfruta la compañía Perenco y que, entre otras cosas, aporta regalías miserables por lo que la compañía extrae.

Hay datos que demuestran que en los propios términos económicos, Laguna del Tigre tiene mayor valor en tanto productor de oxígeno y reserva ambiental que como lugar de producción de petróleo. Pero más allá, la destrucción de dicha reserva supone un grave daño al ambiente y a las posibilidades de desarrollo de la vida en esta región del planeta.

Además, este caso muestra cómo el poder político se pone sumiso a las necesidades del capital, pues existiendo una legislación específica que prohíbe actividades que ponen en riesgo las áreas protegidas, el gobierno de Álvaro Colom está considerando seriamente la aprobación de la prórroga del contrato. De aprobar dicha prórroga, incluso, la administración estaría violando leyes nacionales y tratados internacionales (por lo que se podría accionar judicialmente contra los responsables).1

En Guatemala, varias organizaciones están luchando contra la renovación del contrato y el respeto a la reserva Laguna del Tigre. No obstante, el resultado de esta lucha contra el capital y el poder político “democrático” (puesto al servicio del capital) es aún incierto. Lo que está en juego es demasiado importante para quedar indiferente.

Nota

1 Información del comunicado emitido conjuntamente por ee l Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) de la Universidad Rafael Landívar y el Instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales (IPNUSAC) de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

martes, 8 de junio de 2010

Vergonzosa sentencia
Dos años de cárcel y multa de 1.750 euros a los directivos de Union Carbide por la tragedia de Bhopal

Gara...08/06/2010


NUEVA DELHI-. Un tribunal local de Bhopal ha condenado a dos años de cárcel a ocho directivos de la compañía estadounidense Union Carbide y les ha impuesto una multa de 100.000 rupias (unos 1.750 euros) a cada uno por la fuga tóxica de la fábrica de pesticidas de esa ciudad india, que tuvo lugar en 1984 y que fue una de los peores desatres industriales de la historia. El accidente causó la muerte de miles de personas.

Además, ha impuesto una multa de 500.000 rupias (8.900 euros) a la delegación india de la compañía (Union Carbide India Limited), según AFP.

La sentencia ha sido anunciada horas después de que el juez Mohan P. Tiwar declarase culpables de "negligencia criminal", "homicio culpable sin grado de asesinato" y "negligencia grave" a los directivos procesados.

Entre los procesados se encuentran el entonces presidente de Union Carbide India, Keshub Mahindra, de 85 años y actual director de la principal empresa india de automoción industrial, Mahindra & Mahindra. También han sido condenados el director general y el director de producción de la planta.

El veredicto sólo afectará a los dirigentes indios de la desaparecida Union Carbide, mientras que los casos presentados contra la compañía estadounidense y sus directivos en el extranjero están siendo objeto de otros procesamientos. Union Carbide entregó sus instalaciones al Gobierno indio en 1989, antes de ser comprada por Dow Chemical.

Acuerdo con el Gobierno indio

Esta compañía alcanzó un acuerdo con el Ejecutivo indio por el que abonaba 470 millones de dólares de indemnización a cambio de abandonar el proceso penal. Dow Chemical emitió una declaración con motivo del 25 aniversario de la tragedia en la que consideraba que, en base a ese acuerdo, se habían resuelto todas las reclamaciones "presentes y futuras" contra el grupo.

De hecho, el tribunal no ha hecho ninguna mención al ex director de Union Carbide Corporation, el estadounidense Warren Anderson, quien fue encausado tres años después del escape, detenido y posteriormente excarcelado tras el pago de una fianza. Desde entonces está huido de la Justicia.

"Broma pesada, injusticia"

En el exterior del tribunal, activistas de derechos humanos y asociaciones de víctimas han calificado el veredicto de "injusticia total" y "broma pesada" y han anunciado que recurrirán la sentencia a cortes superiores.

"Vamos a luchar por la justicia hasta el final, esto no es justicia, esta compensación es ridícula", ha declarado la activista y víctima del desastre Rashida Bee, a la agencia india IBSN.

Más de 25.000 muertos

La fábrica de pesticidas de Union Carbide en Bhopal sufrió un escape de isocianato de metilo y de otros gases letales en la noche del 2 al 3 de diciebre de 1984.

Aparte de las personas que murieron de inmediato, que el Gobierno estima en unas 3.500, alrededor de 15.250 fallecieron en las siguientes semanas por inhalar el gas o consumir agua contaminada, y muchas otras sufrieron consecuencias que han trasmitido a las siguientes generaciones.

Un grupo de defensa de los derechos de las víctimas ha elevado la cifra de muertos a más de 25.000, tanto en los primeros momentos como en los años siguientes.

http://www.gara.net/azkenak/06/203583/es/Declaran-culpables-ocho-directivos-Union-Carbide-25-anos-despues-tragedia-Bhopal