domingo, 27 de febrero de 2011

¿Nubes de geoingeniería?

Rebelión_27/02/2011

Hace ya tiempo que me habían enviado un escalofriante documental sobre la geoingeniería producido por Edward Griffin, Michael Murphy, andPaul Wittenberger. Se titula What in the World Are They Spraying?, que puede traducirse como ¿Con qué están rociando el mundo? Este trabajo trata de documentar hasta dónde es posible que en la actualidad se estén creando nubes artificiales de compuestos químicos y metálicos que tendrían como objeto reflejar parte de los rayos del sol que llegan a la Tierra para reducir en algún grado la temperatura. Hasta qué punto se ha desarrollado esta “nueva ciencia” que se denomina geoingeniería que consiste en la manipulación del medio ambiente a escala global para provocar cambios que contrarresten los daños ambientales producidos por el ser humano a través de su actual sistema de vida. En los últimos años se han utilizado estas técnicas, aunque no son muy conocidas por la ciudadanía. Por ejemplo la compañía Planktos basa su negocio en verter toneladas de nanopartículas de hierro en los mares alegando que así puede capturarse el carbono emitido a la atmósfera. Y personajes como Bill Gates (sí el presidente de Microsoft) financian proyectos para combatir el cambio climático por medios tecnológicos.

Desde hace lustros diversos científicos de renombre como Edmund Teller han propuesto la creación, con diferentes proyectos, filtros solares artificiales para el planeta Tierra para controlar su temperatura. Antes de escribir el capítulo titulado Escrito en el cielo de mi libro La salud que viene, dedicado a la geoingeniería, me pasé un año recopilando información y haciendo un trabajo de criba, de filtrado, como nunca antes había hecho (y como no he vuelto a hacer). Una de las joyas que encontré para buscar una posible explicación a este fenómeno de las nubes artificiales creadas con aviones que pueden ser proyectos de geoingeniería, es un estudio de 944 páginas realizado por una panel de científicos e investigadores llamado Policy Implications of Greenhouse Warming: Mitigation, Adaptation, and the Science Base (Implicaciones de la política del calentamiento por efecto invernadero, mitigación, adaptación y base científica).

El trabajo fue publicado en 1992, cinco años antes de la cumbre de Kyoto, por la National Academies Press (NAP) y sus autores son el citado panel de científicos, la National Academy of Sciences (Academia Nacional de Ciencias), la National Academy of Engineering (la Academia Nacional de Ingeniería) y el Institute of Medicine (Instituto de Medicina), todos ellos de Estados Unidos. Como pueden ver, altísimas instancias del mundo científico estadounidense. Hay que recordar que ese mismo año 1992 se celebró la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que dio lugar a una serie de acuerdos por medio de los cuales los países de todo el mundo se unían por primera vez para hacer frente a este problema. El actual modelo de producción y consumo, el capitalismo, comenzaba a ser señalado con el dedo como responsable del cambio climático. Y como puede comprobarse con la lectura del documento, las altas instancias políticas, científicas y académicas (más algunas de las multinacionales más contaminantes del planeta) de la principal potencia del actual sistema llevaban años estudiando cómo conseguir que el cambio climático no nos obligue a cambiar de modelo, de caminar hacia uno ecológico, limpio, sostenible (el concepto lo encuentro gastado pero todo el mundo lo entiende). No cambiaríamos de modelo y además se conseguiría abrir un nuevo mercado, el de la geoingeniería.

Algunos de los proyectos que con sumo detalle se describen en el estudio científico citado coinciden, al menos en su estética, con lo que hoy vemos en los cielos de todo el mundo y que cualquiera puede observar sólo con mirar hacia arriba los días que se produce o ir a la página web de la NASA para verificarlo con imágenes desde satélite. El estudio Implicaciones de la política del calentamiento por efecto invernadero, mitigación, adaptación y base científica, argumenta que la manera más eficaz de mitigar el cambio climático es la pulverización en la atmósfera de aerosoles reflectantes utilizando para ello aviones, tanto comerciales como militares. El objetivo es crear un escudo global. Este método de mitigación de los efectos del cambio climático tiene como objetivo crear un escudo en la atmósfera del planeta para conseguir que aumente el albedo de la Tierra (su capacidad de reflejar la luz). Se utilizaría para ello aerosoles compuestos de aluminio u óxido de aluminio y óxidos de bario, así como productos químicos que generen ozono en la atmósfera.

El documental What in the World Are They Spraying? ofrece datos sobre que las nubes artificiales que vemos pueden contener aluminio, bario y estroncio. En los últimos años se han realizado análisis del suelo en diferentes partes del mundo y se han encontrado tasas de aluminio elevadísimas en zonas sin actividad industrial ni ninguna otra posible fuente contaminante, como en algunas montañas de California donde se han encontrado concentraciones de aluminio 61 veces mayores de lo permitido por el gobierno estadounidense.

Otra de las perlas del documental es que uno de los máximos asesores de Obama en materia de ciencia y tecnología John Holdren admite que contemplan la geoingeniería como una posibilidad para combatir el cambio climático. Los autores del docu acuden a diversos congresos científicos sobre geoingeniería y entrevistan a sus protagonistas, alguno de los cuales reconoce que el uso de nubes de aluminio pulverizado a tamaño nanotecnológico puede ser un desastre desde el punto de vista de la salud de las personas pero que “no lo han estudiado todavía“.

De modo que sabemos que se lleva años estudiando crear nubes artificiales de compuestos tóxicos como el aluminio. Que se está impulsando la geoingeniería e interesa utilizarla. Que las tasas de aluminio son anormales en diferentes lugares y que sin aparente orden ciertos días podemos observar el fenómeno en apariencia muy similar a cómo se desarrollarían estos proyectos. En fin hay que ser muy escépticos y críticos con todo en general (y con lo que nos viene de ciertos poderes en especial) pero a uno sólo le queda preguntarse cuánto tiempo falta para que alguna fuente oficial reconozca lo que está ocurriendo y que ahora sólo es una hipótesis, pero qué hipótesis, cada vez mejor documentada.

Más info: El libro La salud que viene ofrece el capítulo Escrito en el cielo en el que se documenta este fenómeno.

En el blog del autor: http://www.migueljara.com/2011/02/26/%C2%BFnubes-de-geoingenieria/

sábado, 26 de febrero de 2011

¿Son legales los acuerdos UE-Marruecos?
Matrimonios dudosos

Público_26/02/2011

Como si fuera un matrimonio –de conveniencia–, durante estas semanas la Unión Europea y Marruecos tienen prevista la renovación de sus votos, o no. En concreto, se está dilucidando en mesas separadas si se mantienen los acuerdos pesqueros y agrícolas que tantas repercusiones tienen sobre los sectores rurales de Marruecos, del Sáhara Occidental y de algunos países europeos, fundamentalmente España.

Por un lado, a finales de mes finaliza el acuerdo vigente en pesca que permite a 119 licencias de pesca de barcos europeos faenar en las aguas de Marruecos. De entre ellas, cien le corresponden a la flota española. Europa, paga –pagamos– 36,1 millones de euros para que los buques puedan pescar en esos caladeros, incluyendo las aguas territoriales del Sáhara Occidental. Las últimas informaciones explican que la Comisión Europea ha propuesto formalmente prorrogar el acuerdo de pesca por un año, tiempo necesario para evaluar y analizar sus consecuencias. Ahora queda la ratificación de los 27 estados miembros y la del Parlamento Europeo para que un convenio más que dudoso continúe o no vigente.

Y digo dudoso porque son muchas las voces que apuntan hacia su ilegalidad. De entre todas las voces que lo cuestionan destaca el informe legal del propio Parlamento Europeo que determinó hace más de un año que el acuerdo vigente no respetaba el derecho internacional, porque la población saharaui, de cuyas aguas se extraen muchas riquezas, no se beneficiaba del mismo. Lo mismo expresan, lógicamente, los representantes del Frente Polisario ante la Unión Europea. Si existen dudas que atentan contra el derecho de un pueblo, y de una población muy empobrecida y castigada, ¿no tenemos otra postura que seguir por la senda de las incógnitas? Si el Parlamento está en lo cierto, me parecería más sensato paralizar el acuerdo mientras se analizan todas sus repercusiones, y no al revés.

Lo contrario ha sucedido con la revisión del acuerdo agrícola entre Marruecos y la Unión Europea que, a grandes rasgos, consiste en el aumento de la liberalización del comercio para que los productos agroalimentarios puedan fluir con más facilidad entre las dos regiones. La comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo decidió el pasado 8 de febrero atrasar los trámites para la ratificación de un nuevo marco, por considerar que Bruselas debe aclarar antes las dudas jurídicas que despierta el acuerdo sobre los territorios del Sáhara Occidental, si –como en el caso de la pesca– tanta liberalización comercial beneficia realmente a la población local y si esos son los intereses reales de la población del Sáhara Occidental.

En el caso de la agricultura, además del conflicto legal con las tierras saharauis –donde desde 1989 ya hay firmas extranjeras, como la francesa Azura, cultivando tomates bajo plástico que se comercializan en la Unión Europea–, los propios estudios de impacto elaborados por la Comisión Europea advierten de que más liberalización comercial en el área Euromediterránea tendrá unos grandes perdedores. En Europa, y especialmente las regiones del Sur especializadas en la producción de frutas y hortalizas, no podrán afrontar la competencia de los vecinos del Mediterráneo, y la ya mermada población agraria sufrirá un nuevo envite. Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya ya ha hecho sus primeras estimaciones: “Los aranceles, por ejemplo, se reducirán un 30% en cítricos y la naranja de Marruecos tendrá un precio de entrada de 0,264 euros/kg, cuando el coste de producción del catalán es de 0,514 euros/kg”.

Por otra parte, en su especialización en estos productos para la exportación, países como Marruecos irán perdiendo su propia soberanía alimentaria ante el abandono progresivo de sus propias producciones, con lo que supone de vulnerabilidad frente al vaivén de los mercados, como hemos podido comprobar en las recientes crisis de Túnez y Egipto. Y de nuevo, tampoco estos acuerdos liberalizadores beneficiarán a la población campesina local. El falso mito de la exportación como fuente de riqueza se volverá a evidenciar. Marruecos ya exporta a Europa, pero no lo hacen los pequeños campesinos sino los hacendados, inversores y exportadores –tanto magrebíes como europeos– con modelos industrializados que abaratan costes a base de reducir puestos de trabajo, disponer de mano de obra en condiciones de miseria, con sobreexplotación de los recursos hídricos y sin respetar medidas medioambientales suficientes para garantizar la sostenibilidad del suelo. El 20% de la superficie fértil marroquí ya está orientada al cultivo industrial para la exportación, y en la medida que se fomente, como ya se está haciendo a través del Plan Marruecos Verde, supondrá más beneficios para sus dueños: miembros de la familia real, empresarios locales y compañías españolas y europeas que han deslocalizado sus producciones (por ejemplo, el 80% de la exportación fresera marroquí está en manos de empresarios españoles). Esto reducirá las oportunidades del gran número de pequeños agricultores y agricultoras que han garantizado hasta la fecha la seguridad alimentaria de la población local.

Dice Abdellatif Laâbi que “Marruecos está gestionado como una multinacional cuya finalidad es el enriquecimiento ilimitado de sus principales accionistas (…)”. Si la sociedad civil, la que no se beneficia de estos negocios, sale a la calle como sus países vecinos, ¿qué argumentos manejará el Gobierno de España, desposado con esta multinacional?

Gustavo Duch es coordinador de la revista ‘Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas’.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3077/matrimonios-dudosos/

viernes, 25 de febrero de 2011

Ambientalismo científico o ambientalismo supersticioso, y lo que dijo Bolívar

Rebelión_25/02/2011


“Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”

Simón Bolívar


Hoy en día la humanidad por fin comienza a tener conciencia del peligro que representan muchas de las acciones humanas que afectan al medio ambiente. Si bien no se puede negar que el medio ambiente es afectado por el ser humano, la magnitud de su influencia es tema de debate. Existen grupos que buscan ocultar o minimizar dicha influencia y/o los peligros que puede representar para las personas.

Pero dentro del movimiento ambientalista, entendido como el conjunto de personas que consideran importante minimizar el "daño" al medio ambiente, pueden distinguirse dos enfoques: uno consiste en un entendimiento científico y naturalista de este fenómeno; y el otro lo considera desde un punto de vista sobrenatural y supersticioso. En este artículo argumentaremos que el enfoque supersticioso no corresponde con la realidad y puede conducir a grandes equivocaciones, que a su vez pueden resultar contraproducentes para el movimiento ambientalista.

Naturaleza o medio ambiente

Muchas personas confunden la defensa del medio ambiente con la defensa de la naturaleza. En este artículo entendemos a la naturaleza como a todo lo que compone nuestra realidad, es decir, al universo en su conjunto. La naturaleza incluye a los hermosos paisajes silvestres, a sus plantas y animales, a sus frutos comestibles, a su agua potable, a sus agradables sonidos y a sus frescas temperaturas. Pero la naturaleza también incluye al inhóspito espacio interestelar, al las temperaturas extremadamente frías o extremadamente calientes de las superficies de otros planetas, y en nuestro planeta la naturaleza incluye a gélidos paisajes polares, calurosos paisajes desérticos, oscuros y profundo ambientes submarinos, recónditos lugares subterráneos, fenómenos catastróficos como terremotos, maremotos, huracanes, erupciones volcánicas, e incluye seres muy peligrosos para los humanos, como lo son muchas bacterias, parásitos, hongos y virus.

El medio ambiente, es un concepto mucho más restrictivo, ya que no incluye tantos fenómenos. Si bien el medio ambiente forma parte de la naturaleza, se refiere específicamente a lugares que cumplen con los requisitos suficientes para la existencia de seres vivos, y en especial, de los seres humanos. Como veremos, la definición del medio ambiente es delicada y compleja, debido a la lucha por la supervivencia que puede existir entre diferentes especies de seres vivos, pero dicha definición implica la supervivencia y reproducción de la vida.

¿La naturaleza puede hacernos daño?

En la historia humana las enfermedades producidas por virus y bacterias han sido las principales causas de muerte. Catástrofes naturales son ejemplos evidentes de acontecimientos naturales que producen enormes daños a la humanidad. El resto de las especies vivientes no son ajenas a los daños producidos por estos sucesos naturales. Los conocimientos científicos actuales nos hablan de varias extinciones masivas de seres vivos durante la historia de nuestro planeta, mucho antes de la aparición de los seres humanos. En conclusión podemos decir con bastante certeza que la naturaleza, o parte de ella, puede hacerle enorme daño tanto al ser humano, como también a los seres vivos y al medio ambiente.

¿Podemos hacerle daño a la naturaleza?

Es difícil hablar de daño a la naturaleza si consideramos a los seres humanos como a un ser vivo más. Ciertamente los seres humanos podemos afectar en gran medida a los ambientes y seres naturales que nos rodean, pero ¿por qué habríamos de considerar menos natural los cambios que produce el ser humano que los cambios que produce otra especie animal o vegetal? Si los seres humanos formamos parte de la naturaleza no hay razón para considerar nuestras acciones como no naturales. Admitiendo que nuestras acciones son tan naturales como cualquier otro fenómeno natural, ¿bajo qué criterio podemos hablar de daño a la naturaleza? Ninguna de nuestras acciones puede hacer que la naturaleza pierda materia, o energía, o sienta dolor, sino simplemente producen un reordenamiento de la materia y de la energía de una ínfima e insignificante parte del universo. No tiene mucho sentido pensar que nuestras acciones pueden dañar a la naturaleza, nuestras acciones simplemente producen cambios en la naturaleza, cambios que ciertamente pueden afectarnos a nosotros mismos, a otros seres vivos, y al ambiente que nos rodea.

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen".

Stephen Hawking

Es muy fácil desmentir la idea de que el ser humano puede hacerle daño a la naturaleza si comparamos el tamaño del universo y el tamaño de nuestro planeta. Mientras el universo conocido tiene unos 93 millardos de años luz de extensión, en kilómetros eso es más o menos un 9 seguido de 22 ceros, mientras que nuestro planeta tiene un diámetro de unos 13 mil kilómetros. La masa del universo en kilogramos es de más o menos un 5 seguido de 45 ceros, mientras que la masa de nuestro planeta es de un 6 seguido de 24 ceros. Estas cifras lo que muestran es que el tamaño de nuestro planeta es insignificante en comparación al resto del universo. Si el daño se mide a partir de la cantidad de materia afectada, las células de piel que mueren al momento de darle la mano a un amigo, o al besar a la pareja, o al abrazar a un niño, representan en proporción mucho más daño, que para el universo la destrucción total de nuestro planeta. En conclusión no tiene sentido hablar de daño a la naturaleza.

¿Podemos hacerle daño al medio ambiente?

Al hablar de medio ambiente se esclarecen muchas de las inquietudes que intuitivamente relacionamos con la contaminación, la muerte de seres vivos y la extinción de especies animales y vegetales, y que muchas veces calificamos erróneamente como daños a la naturaleza. Si definimos al medio ambiente de manera general como a un lugar en el que existen las condiciones necesarias para la subsistencia de la vida, entonces el daño al medio ambiente puede ser definido de manera sencilla como los cambios en dicho lugar que acaban con dichas condiciones de subsistencia de la vida. Entonces el ser humano efectivamente puede hacerle daño al medio ambiente, el ser humano puede destruir los requisitos para la supervivencia de los seres vivos, incluyendo a su propia especie. Sin embargo, la subsistencia de cierta especie o de ciertos seres vivos puede entrar en conflicto con la subsistencia de otras especies o de otros seres vivos, y en estos casos la definición precisa del medio ambiente se convierte en un problema delicado.

En conclusión, debemos referirnos al medio ambiente y no a la naturaleza al momento de oponernos a la contaminación, a la extinción de especies, a la muerte de seres vivos y a la destrucción de su hábitat.

Lo natural y lo artificial

En este artículo hemos definido a la naturaleza de manera bastante amplia, incluyendo a la realidad en su conjunto. Pero habitualmente muchos hacemos una distinción entre fenómenos naturales y fenómenos artificiales. Argumentaremos que esta distinción puede traer muchos malentendidos y confusiones.

¿Por qué habríamos de considerar menos natural un edificio que un panal de abejas? ¿por qué habríamos de considerar menos natural el aumento de dióxido de carbono en la composición de nuestra atmósfera producido por el ser humano que el aumento de oxígeno en la composición de la atmósfera producido por la aparición de organismo fotosintéticos como plantas y fitoplacton?

Hace varios años, por las calles de Caracas podían verse transitar autobuses que utilizaban gas natural como combustible, en lugar de gasolina. Algunos recordarán que dichos autobuses tenían anuncios en los que se promocionaba el uso de gas natural como combustible, y en el que aparecían pintadas plantas, en alusión las características menos dañinas al medio ambiente del gas natural, en comparación con otros combustibles. Pero uno habría de preguntarse ¿es el gas natural menos natural que el petróleo? No, en absoluto, de hecho frecuentemente tanto el petróleo como el gas natural son el resultado del mismo proceso natural y se encuentran en los mismos depósitos subterráneos. Desafortunadamente, el adjetivo natural que se le aplica a este gas, hace pensar que se trata de una sustancia beneficiosa para el medio ambiente, cuando en realidad dicho gas es tan natural como lo es el petróleo. Ahora bien, ciertamente el gas natural puede considerarse menos contaminante que el petróleo, pero por otras razones, no por el hecho de que sea natural. Este es el tipo de confusión que produce el considerar que lo natural es de por sí beneficioso para el medio ambiente.

Artificial es una palabra que deriva de la palabra artificio, y que relacionamos con mecanismos o procesos que implican la utilización del ingenio humano. Las sustancias y objetos artificiales son producto de transformaciones propiciadas por el ser humano a sustancias y objetos silvestres. Para la mayoría de la gente, mientras mayor es la transformación, más artificial es el producto de dicha transformación. Podemos notar también, que frecuentemente las transformaciones químicas de una sustancia, son consideradas más artificiales que las transformaciones físicas. Por ejemplo, quemar la madera (transformación química) es considerado más artificial que cortarla (transformación física). Esto es tan así, que la palabra químico se ha convertido en un sinónimo de sustancia contaminante o dañina. Pero esto puede resultar confuso y errado en muchos casos. Otro factor que también influye en le hecho de catalogar a algo como artificial, es la antigüedad del proceso de elaboración. Mientras más moderno es el método de producción de un producto, es más probable que lo cataloguemos como artificial.

Podemos analizar dos sustancias bien conocidas por nosotros, como lo es la gasolina, y el queso. Si a cualquier persona le preguntamos cual de los dos es más artificial, la mayoría nos responderá que la gasolina. Pero examinemos realmente cómo se fabrican ambos. La gasolina es producida a partir del petróleo. El petróleo se extrae de yacimientos que se encuentran a cierta profundidad de la superficie (a veces se encuentran al nivel de la superficie) y después se procesa en una refinería. El proceso consiste básicamente en calentar el petróleo, lo cual permite la separación de sus componentes. Muchas veces es necesario extraer sustancias no deseadas y realizar tratamientos químicos. El queso es producido a partir de la leche de animales (la cual muchas veces ha pasado por algún proceso de pasteurización). El proceso consiste primero en separar el cuajo del suero líquido de la leche, utilizando calor o alguna sustancia química. El cuajo posteriormente se fermenta gracias a la acción de bacterias que convierten los azúcares en ácido láctico. Muchas veces pasan por procesos de deshidratación, calentamiento y prensado. Objetivamente ¿cuál es el proceso que convierte a la gasolina en algo más artificial que el queso? Es difícil decirlo.

Lo que queremos resaltar con esto es que el daño al medio ambiente que puede implicar un producto es una tarea compleja, y que consideraciones simplistas basadas en las nociones tradicionales de “lo natural” o de “lo artificial” pueden conducir a conclusiones falsas.

¿Existe alguna relación entre lo artificial y el daño al ambiente?

Lo artificial no implica contaminante, pero existe una relación. Para entenderla tenemos que comprender cómo evoluciona la vida en nuestro planeta. La evolución de la vida es producto de un proceso de selección natural, en el que las condiciones de un medio ambiente propician el predominio de ciertas características en los seres vivos. Por ejemplo, un medio ambiente acuático propicia la existencia de mecanismos para desplazarse en el agua en el caso de animales acuáticos. Otro ejemplo es un ambiente con luz solar, en el que se propicia la aparición de organismos que aprovechar la energía solar (organismos fotosintéticos). Dichas características modifican a su vez el medio ambiente y propician a su vez el predominio de nuevas características en los seres vivos. Por ejemplo, la existencia de dióxido de carbono en la atmósfera primitiva propició la aparición de seres que producían oxígeno a partir de dióxido de carbono, y esto a su vez propició la aparición de seres que utilizan el oxígeno para respirar. Este proceso en el que el medio ambiente influye en las transformaciones de los seres vivos y los seres vivos en las transformaciones del medio ambiente ocurre de manera gradual durante millones de años.

Siendo un proceso gradual y lento, cualquier modificación brusca del medio ambiente produce condiciones nuevas a las que muchos seres vivos no van a poder reaccionar a tiempo por lo que perecerán. Esto independientemente de que dichas modificaciones sean producidas por el ser humano, por otro ser vivo, o por otros fenómenos naturales. La colisión de un gran meteorito sobre la superficie terrestre produce un cambio brusco en el medio ambiente, con lo que muchos organismos vivientes no pueden adaptarse a dicho cambio. De la misma manera, el cambio de la composición del aire, del agua, y de la superficie terrestre que produce el ser humano puede ser suficientemente brusco como para producir la muerte de seres y la extinción de especies.

El daño al medio ambiente que produce un fenómeno artificial puede ser entendido entonces como producto del cambio brusco del medio ambiente.

Pero un fenómeno no artificial (podríamos llamarlo silvestre), puede ser tan dañino o más, al medio ambiente que un fenómeno artificial. Por esto debemos tratar de evitar dichos fenómenos naturales tanto como cualquier fenómeno artificial que dañe al medio ambiente. Evitar que un enorme meteorito colisione con nuestro planeta es un acto tan ambientalista como disminuir la contaminación o evitar la destrucción de una selva.

Bolívar tenía razón

En 1812 un potente terremoto sacudió buena parte de Venezuela, en plena Guerra de Independencia contra el dominio español. En esa época la mayoría de la alta jerarquía eclesiástica se apresuró a culpar a los independentistas, alegando que el terremoto era muestra de la oposición de dios a la causa de la emancipación. Ante esta situación Simón Bolívar realiza esta famosa frase:

“Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

Algunas personas han criticado dicha frase, alegando que se opone a la defensa del medio ambiente. Pero a partir de las consideraciones que hemos hecho, se puede concluir que, a pesar de que muchos avances científicos eran desconocidos en la época de Bolívar, su frase no deja de ser correcta en muchos sentidos, aunque de alguna manera ingenua. Un terremoto no es, de ninguna manera, un fenómeno beneficioso para el medio ambiente. Se trata de un fenómeno natural brusco e impredecible para el que muchos seres vivos no tienen manera de protegerse, y que causa grandes daños a los seres humanos. Los seres humanos debemos luchar contra los fenómenos naturales que dañan a nuestra especie, a otras especies y al medio ambiente. En este sentido Bolívar tenía toda la razón en luchar contra la naturaleza cuando esta se opone a la vida. Sin embargo es ingenuo pensar que podemos hacer que la naturaleza nos obedezca. Sin duda podemos tener influencia en gran parte de la naturaleza que nos afecta directamente y que influye en nuestra vida, pero no hay manera de que tengamos influencia en la mayor parte del vasto universo natural.

Protección del medio ambiente

¿Por qué proteger al medio ambiente?

Un enfoque supersticioso del ambientalismo justifica la defensa del medio ambiente como una defensa de la naturaleza, ya sea por respeto o por temor a represalias de dioses o seres sobrenaturales. En el pasado esto llegó a ser una explicación aceptada por mucha gente. Desde la Biblia hasta la mitología azteca, pasando por un sinnúmero de mitologías y religiones, presentan creencias sobre catástrofes producidas por deidades. El profesor Vladimir Acosta relata en uno de sus programas cómo dichas creencias comenzaron a producir dudas y escepticismo con el terremoto de Lisboa de 1755 (http://www.aporrea.org/actualidad/n168675.html). Pero hoy en día siguen manteniéndose esas creencias en muchas personas.

“Dios perdona siempre, el hombre, a veces, la naturaleza, nunca” es una frase que algunos hemos escuchado. Pero ¿tiene sentido esta frase? ¿la naturaleza se venga de nosotros por el mal que le hemos hecho? No, no tiene sentido, la naturaleza actúa en base a leyes que no están basadas en nociones del bien y del mal. Más absurdo aun es pensar que los niños inocentes que mueren a causa de desastres naturales fallecen merecidamente.

La peor consecuencia de esta manera de pensar es la inacción que promueve. Si los desastres naturales y las enfermedades naturales son la venganza de algún dios o de un ente llamado la naturaleza, entonces no es sensato trata de evitarlos o de reducir sus consecuencias negativas, ya que esto de todas formas no detendrá la venganza y hasta podría exacerbarla.

Debemos proteger el medio ambiente, no por que esto puede producir la venganza de la naturaleza, sino porque esto modifica las condiciones que permiten la vida en el planeta, y que afectan la vida de seres humanos, de animales, de plantas y otros seres hacia los que podemos sentir empatía o que son beneficiosos para nosotros. Debemos proteger al medio ambiente porque al hacerlo nos protegemos a nosotros mismos y aseguramos nuestra felicidad presente y futura.