miércoles, 4 de noviembre de 2009


Otra agricultura para otro clima

Público...04/11/2009


El actual modelo de producción agrícola y ganadero industrial contribuye a profundizar en la crisis ecológica global con un impacto directo en la generación de cambio climático. Aunque a primera vista no lo parezca, la agroindustria es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Así lo ha puesto de relieve la campaña "No te comas el mundo", en el marco de las movilizaciones de estos días en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona sobre cambio climático, previa a la crucial cumbre de Copenhague (COP15) en diciembre donde debe aprobarse un nuevo tratado que sustituya al de Kyoto.

Según la campaña, entre un 44 y un 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero son provocadas por el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Una cifra resultado de sumar las emisiones de las actividades estrictamente agrícolas (11-15%), de la desforestación (15-18%), del procesamiento, transporte y refrigeración de los alimentos (15-20%) y de los residuos orgánicos (3-4%).

Y es que no podemos olvidar los elementos que caracterizan a este sistema de producción de alimentos: intensivo, industrial, kilométrico, deslocalizado y petrodependiente. Veámoslo en detalle.

Intensivo, porque lleva a cabo una sobreexplotación de los suelos y de los recursos naturales que acaba generando la liberación de gases de efecto invernadero por parte de bosques, campos de cultivo y pastos. Al anteponer la productividad, por delante del cuidado del medio ambiente y la regeneración de la tierra, se rompe el equilibrio mediante el cual los suelos capturan y almacenan carbono, contribuyendo a la estabilidad climática.

Industrial, porque consiste en un modelo de producción mecanizado, con uso de agroquímicos, monocultivos, etc. La utilización de grandes tractores para labrar la tierra y procesar la comida contribuye a la liberación de más CO
2. Los fertilizantes químicos utilizados en la agricultura y en la ganadería moderna generan una importante cantidad de óxido nitroso, una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, la quema de bosques, selvas... para convertirlos en pastos o monocultivos acaba afectando gravemente a la biodiversidad y contribuye a la liberación masiva de carbono.

Kilométrico y petrodependiente, porque se trata de una producción de mercancías deslocalizada en búsqueda de la mano de obra más barata y de la legislación medioambiental más laxa. Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa con el consiguiente impacto medioambiental. Se calcula que en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos ante una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas, a la vez que consumimos alimentos que provienen de la otra punta del mundo cuando muchos de éstos se cultivan también a nivel local.

La ganadería industrial es otro de los principales generadores de gases de efecto invernadero y su avance ha significado una mayor desforestación con un 26% de la superficie terrestre dedicada a pastos y el 33% a la producción de grano para piensos. Sus porcentajes de emisión equivalen al 9% de las emisiones de CO2 (principalmente por desforestación), el 37% de las de metano (por la digestión de los rumiantes) y el 65% del óxido nitroso (por el estiércol).

Este modelo de alimentación kilométrica y viajera, así como el alto uso de agroquímicos derivados del petróleo, implica una fuerte dependencia de los recursos fósiles. En consecuencia, en la medida en que el modelo productivo agrícola y ganadero industrial depende fuertemente del petróleo, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis climática están íntimamente relacionadas.

Pero a pesar de estos datos, podemos parar el cambio climático y la agricultura campesina, local y agroecológica, como señala el centro de investigación GRAIN, puede contribuir de forma determinante a ello. Se trata de devolverle a la tierra la materia orgánica que se le ha quitado, después de que la revolución verde haya agotado los suelos con el uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Para hacerlo, hace falta apostar por técnicas agrícolas sostenibles que pueden aumentar gradualmente la materia orgánica de la tierra en un 2% en un periodo de cincuenta años, restituyendo el porcentaje eliminado desde la década de los 60.

Es necesario apostar por un modelo de producción diversificado, incorporando praderas y abono verde, integrando de nuevo la producción animal en el cultivo agrícola, con árboles y plantas silvestres, así como promover circuitos cortos de comercialización y la venta directa en mercados locales. Con estas prácticas, se calcula que sería posible capturar hasta 2/3 del actual exceso de CO
2 en la atmósfera. El movimiento internacional de La Vía Campesina lo tiene claro cuando señala que “la agricultura campesina puede enfriar el planeta”.

Asimismo, hay que denunciar las falsas soluciones del capitalismo verde al cambio climático como la energía nuclear, los agrocombustibles u otras, así como los
lobbies empresariales que buscan mercantilizar el tratado de Copenhague. Desde distintos movimientos sociales se exige “justicia climática” frente a los mecanismos de mercado incorporados en el protocolo de Kyoto y que tendrán continuidad en Copenhague. Una justicia climática que debe ir a la par con la “justicia social”, ligando la lucha contra la crisis ecológica global con el combate contra la crisis económica que afecta a amplios sectores populares, en base a una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Para que el clima no cambie, hay que cambiar el mundo.

*Esther Vivas es autora Del campo al plato (Icaria, 2009). Artículo publicado en Público, 03/11/09.

martes, 3 de noviembre de 2009


El mercado del agua es un oligopolio
03-11-2009 Por Libio Pérez

La privatización del agua la pagan los consumidores, que tienen la suerte de tener el recurso hídrico al alcance de la mano. Porque un cuarto de la población mundial ni siquiera tiene acceso a aguas sanas; de hecho 30 mil personas en el mundo mueren a diario por esta causa. Habla un “guerrero del agua”.

Las cifras que entrega dan susto. Cerca de 1.500 millones de habitantes del planeta no tienen acceso a agua sana; en las últimas tres décadas han desaparecido unos 50 mil lagos y ríos en el mundo; muchos cauces de éstos llegan secos al mar como resultado de la industria forestal. Sólo en Estados Unidos cada persona que reside en una ciudad de gran tamaño gasta unos 800 litros de agua al día; aunque en ciudades como Los Ángeles (California) el promedio sube, porque hay que alimentar las casi 500 mil piscinas privadas que existen en la ciudad.

Riccardo Petrella es un economista italiano que en 1998 escribió “El manifiesto del agua” y dio municiones suficientes para crear una corriente planetaria en defensa de este recurso, al mismo tiempo que se transformó en una figura clave del movimiento altermundista.

Esa corriente mundial de defensa de los recursos hídricos lo trajo esta semana a Chile, donde tuvo como anfitrión al obispo de Aysén, Luis Infanti. El obispo, recalca Patrella, es el único prelado de la Iglesia Católica en el mundo que ha escrito una “Carta pastoral del agua”, donde levanta una férrea oposición a la construcción de represas en su región.

En Santiago, además de reunirse con autoridades de gobierno -como el ministro del MOP, Sergio Bitar, coordinador de la “Mesa del agua”- tuvo una cita con el ex Presidente Ricardo Lagos, en su calidad de enviado especial de la ONU para el Cambio Climático. Esta última reunión, para este promotor del pensamiento crítico, era muy importante. Su batalla en los próximos meses es que en la Cumbre de diciembre en Copenhague para el Cambio Climático entre en agenda el debate de sobre cómo hacer que el “oro azul” sea reconocido “como un derecho universal” y salga de la categoría de mercancía transable. Y dispara más cifras: 2.400 millones de personas viven sin servicios sanitarios; 3.000 millones sin sistema de tratamiento de aguas residuales. Resultado: 30.000 personas mueren todos los días debido a enfermedades provocadas por la ausencia de agua sana. La energía es importante para producir, pero sin agua no hay vida, repite.

“Es necesario luchar por alcanzar que la paz y la democracia se impongan decididamente en el porvenir de las sociedades, para evitar que el siglo XXI acabe convirtiéndose en el siglo de la guerra del agua”, advierte.

Y añade: El control sobre el uso de los recursos hídricos del planeta por parte de los “señores del agua” (Suez y su filiales en el mundo y Chile, Thames Water, RWE, Vivendi, Bechtel, Nestlé, Coca-Cola, Danone, etcétera) avanza a grandes pasos en todo el mundo gracias a la privatización y la mercantilización del agua.

-El agua ha sido privatizada en muchas partes del mundo, como en Chile, con el argumento de que el sector público no tiene recursos para las modernizaciones de los procesos de potabilización, y también por asuntos de gestión del sector, ¿por qué ahora la solución sería volver a estatizarla o nacionalizarla, en los casos cuya propiedad pasó a transnacionales?

-El argumento de la limitación de recursos financieros está en la base de la privatización, se dice que el Estado no tiene el dinero para hacerlo y que tampoco puede subir los impuestos. Dicen que sólo el capital privado puede hacer las grandes inversiones, para garantizar la distribución, para construir los canales, etcétera. Pero es un argumento falso, porque al final es el consumidor el que paga y financia las inversiones. Es el consumidor el que ve cómo cada mes suben sus cuentas. El Estado traspasa su responsabilidad a los privados y se exime de su responsabilidad con los ciudadanos. Los privados no sólo recuperan su inversión, también tienen ganancias. La privatización del agua sólo tiene argumentos que están en contra de los ciudadanos.

-¿De qué forma ha afectado la crisis económica global al recurso?

-La crisis financiera y económica ha impactado a través de una amplificación y reforzamiento del proceso de mercantilización del agua. Por tanto ha producido una mayor privatización de los recursos hídricos. Ahora el argumento es que el Estado está destinando recursos para reactivar la economía y por tanto no tiene recursos para administrar el agua. Los recursos ahora -dicen los gobiernos- son destinados a dar liquidez a los bancos, para que haya crédito, porque sin crédito no hay actividad económica. Agregan que no hay posibilidad de aumentar los impuestos, pues ello frena el crecimiento. También alegan que deben acelerar la asignación de recursos que lleguen a las empresas con capacidad de realizar inversiones y de producir ganancias, porque esas ganancias ayudan a pagar las deudas. Así se libera la capacidad del mercado para realizar nuevas inversiones; esa es la lógica capitalista en esta etapa de crisis. Como es necesario renovar los acuaductos -que en muchos países son muy viejos- de nuevo repiten que sólo los privados tienen los recursos para invertir. Por eso hay una nueva oleada de privatización del agua y su mercantilización.

-¿Es una lógica que no tiene salida?

-Lo que pasa es que si el agua es considerada una mercancía, se favorece la privatización; y si se privatiza el agua pasa a ser parte de un negocio. Pero hay otro impacto de la crisis actual, también amplifica la idea de la seguridad nacional del agua. Por ello el diseño supone la desalinización del agua de mar, la construcción de una nueva generación de represas y el reciclaje de aguas usadas. Algunas tienen resultados positivos.

-¿Es partidario de los proyectos de desalinización de aguas de mar?

-No me gustan las ideas de una nueva generación de represas y tampoco de la desalinización. Si fueran pequeñas represas para el consumo, y que preserven los ríos, no estaría mal; pero las represas, como en Chile, están destinadas a dar energía a los grandes proyectos mineros, destruyen los ríos y producen alta contaminación. En el caso de la desalinización es similar, las plantas son equivalentes en tamaño a la instalación de una refinería de petróleo, con un gran impacto ambiental, sin contar que requiere ser alimentada de grandes volúmenes de combustibles. Porque los costos de desalinizar en alta mar son todavía más grandes, por tanto necesariamente deben hacerse en la costa, con todas las consecuencias ambientales que ello implica.

-¿El uso de energía solar para producir agua desalinizada no es viable?

-La tecnología para hacerlo eficientemente requiere de perfeccionamientos que pueden demorar, según los técnicos entre 10 y 20 años, pero el impacto ambiental que se produce es ahora, como sucede en España, donde hay más de mil plantas. Pero las plantas desalinizadoras destruyen las costas. ¿No es más eficiente cuidar los lagos, los ríos, aprovechar las aguas lluvia que contaminar para producir agua dulce del mar? Las grandes empresas ya están destruyendo las fuentes de agua dulce de la tierra, ahora quieren ir por el mar. Eso no hay que permitirlo, porque al final esos costos también serán traspasados a los consumidores. El mercado del agua, como el de la minería y otros recursos, es un oligopolio. Ese paradigma económico debe ser combatido. www.ecoportal.net

Libio Pérez - La Nación - Chile



Reunión decisiva antes de la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague

Alai-amlatina...03/11/2009


La reunión que comienza hoy en Barcelona representa el ingreso en la fase final de la negociación de los acuerdos de Copenhague. El tiempo disponible es poco - apenas 5 días- y se espera que los horarios de las reuniones formales se extiendan hasta altas horas de la noche.

La última reunión celebrada en Bangkok (28 de setiembre a 9 de octubre pasados) aumentó dudas respecto a las posibilidades de alcanzar un acuerdo en Copenhague. Los países desarrollados quieren terminar con el “enfoque de dos vías” que ha venido rigiendo el camino de las discusiones hasta ahora conocidos como el de “cooperación a largo plazo” y el de “Protocolo de Kioto”. Este grupo de países prefiere un acuerdo único que pueda incorporar a Estados Unidos (que aún no ha ratificado el Protocolo de Kioto y por lo tanto es difícil incluirlo en una continuidad de este) y en el que todos los países, incluso los países en desarrollo, asuman compromisos de mitigación. Estos por su parte intentarán mantener las dos vías de discusión pues entienden que un acuerdo común que ponga en un mismo nivel a países desarrollados y en desarrollo va en contra del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que establece la Convención. Pare ellos el objetivo es lograr mayores compromisos de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados y una amplia provisión de fondos para adaptación y desarrollo.

La única noticia esperanzadora en Bangkok la había dado Noruega cuando comunicó en el plenario su decisión de reducir un 20% sus emisiones para el año 2020. Sin embargo en general el cuadro resultaba poco alentador: la suma de los compromisos de reducción de los países del Anexo 1 (industrializados) arrojaba un promedio de entre 11% y 18% cuando el mínimo exigible para evitar el cambio climático peligroso es una reducción de entre el 25% y el 40%.

Si bien se ha logrado reducir en algo el número de opciones en debate en los diferentes temas el paquete de desacuerdos sigue siendo voluminoso. En alguno de ellos como tecnología, adaptación y creación de capacidades se ha logrado algún avance. Pero en mitigación y mecanismos financieros la negociación está completamente estancada.

Hace una semana el Secretario General Ban Ki-moon estableció sus cuatro puntos de referencia para el éxito en las negociaciones en Copenahague en un artículo publicado por The New York Times. En primer lugar, que todos los países - desarrollados y en desarrollo - deben hacer todo lo posible para reducir drásticamente las emisiones de todas las fuentes. Segundo, el acuerdo debe fortalecer la capacidad de los países para hacer frente a un clima que ya está cambiando, afirmando que "el apoyo para la adaptación no es sólo un imperativo ético, sino que es una inversión inteligente en un mundo más estable, seguro". En tercer lugar, cualquier acuerdo debe ser respaldado por la financiación para permitir que los países más pobres a la transición a una economía baja en carbono. Por último, el Secretario General recordó que las naciones deben ponerse de acuerdo sobre una estructura equitativa de la gobernanza mundial.

La participación latinoamericana

América Latina no ha estado unida ni mucho menos a lo largo de todo el proceso de negociaciones internacionales de cambio climático. Las necesidades y características de cada país los posicionan de distintas maneras en estos temas. Entre los países latinoamericanos hay países exportadores de petróleo, países con grandes bosques que están siendo deforestados generando importantes emisiones de dióxido de carbono, países exportadores de materias primas agropecuarias que es el sector de mayor nivel de emisiones en la región, etc. Cada una de estas particularidades genera oportunidades y desafíos diferentes.

Durante la discusión del Protocolo de Kioto y sus acuerdos posteriores (Marrakech) América Latina tampoco había actuado unida. La principal división parecía girar en torno a la manera de incluir en los acuerdos la emisión y captación de carbono del sector forestal y bosques. En este proceso hacia Copenhague la principal división parece ser política. Hay una tendencia a que los países del ALBA y “allegados” (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba, El Salvador, Ecuador, Paraguay) adopten posiciones comunes y en franca oposición a los países desarrollados. Otro grupo de países parece asumir posiciones menos confrontativas y más proclives a buscar caminos de entendimiento que incluyan soluciones aceptables para todas las partes. En este grupo se incluyen Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú y Uruguay.

En general hay acuerdo entre los países de América Latina respecto a la necesidad de ver avances en Barcelona respecto a los compromisos de transferencia de recursos hacia los países en desarrollo y mayores niveles de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados. Pero en otros temas principales no hay tanta unanimidad. Por ejemplo en asumir alguna forma de compromisos de mitigación, en el papel del mercado de carbono y del Mecanismo de Desarrollo Limpio, en cómo integrar la agricultura y la conservación de bosques en los acuerdos, en el reconocimiento de la deuda ecológica, etc. Es probable que en esta reunión de Barcelona las diferencias entre los países latinoamericanos tiendan a profundizarse. En la medida en que las posiciones más extremas en la Convención se sigan polarizando, las diferencias entre los países de la región más proclives a la negociación se irán distanciando de aquellos otros más intransigentes.

De nunca acabar

Y este proceso tendrá aún más tiempo por delante para desarrollarse. Ya se está hablando en Barcelona de la posible “continuación” de la COP 15 (Copenhague) en algún momento durante 2010 pasando a una especie de cuarto intermedio al finalizar la reunión de Copenhague. Esto no es nuevo en la Convención de Cambio Climático. Una situación similar se vivió en la COP 6 de la Haya en el año 2000 que concluyó seis meses después en Bonn en lo que se llamó en aquel momento la “COP 6 bis”.

Al final de esta reunión en Barcelona el próximo viernes podrá tenerse una idea más aproximada acerca de la viabilidad de alcanzar algún acuerdo en la COP 15 de Copenhague o aún en una eventual COP 15 bis.


- Gerardo Honty es analista en energía y cambio climático de CLAES (Centro Latinoamericano de Ecología Social). Observador en la reunión de la Convención de Cambio Climático en Barcelona.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Declaratoria del Tercer Congreso de los Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar del Ecuador
02-11-09

Demandamos que se declare de interés nacional y público la recuperación del ecosistema manglar, como una barrera protectora natural frente a los efectos del cambio climático, principalmente a través de la reforestación de bosque de mangle y la recuperación de cursos naturales de esteros y estuarios. Exigimos el reconocimiento de nuestros derechos territoriales y la entrega del ecosistema manglar, de forma colectiva, a los pueblos ancestrales. Exigimos que se haga efectivo el derecho humano al agua, para lo cual es necesario recuperar el ecosistema manglar que garantiza agua para consumo y para la producción agrícola campesina de las poblaciones costeras.

“No a la privatización del ecosisitema manglar”

Guayaquil – Ecuador, 23 Y 24 de octubre de 2009

Reunidos en la ciudad de Guayaquil los días 23 y 24 de octubre del 2009, durante el tercer Congreso de los Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar “No a la privatización del Ecosistema Manglar” las comunidades de cangrejeros/as, concheros/as, carboneros/as, mangleros/as, jaiberos/as, almejeros/as, ostioneros/as, pescadores/as de los estuarios, pequeños campesinos representantes de los Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar del Ecuador, de las provincias de Esmeraldas, Manabí, Santa Elena, Guayas y El Oro nos ratificamos en nuestra decisión de reconocernos y autodefinirnos como Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar y demandar se reconozcan y se hagan efectivos nuestros Derechos Colectivos, nuestros Derechos Civiles y Políticos consagrados en la nueva Constitución de la República del Ecuador y en tratados y convenios internacionales.

Considerando,

que se ha demostrado, hasta la saciedad, que el modelo de producción de la acuacultura industrial del camarón es altamente destructivo y atentatorio para el ecosistema manglar y otros ecosistemas aledaños, así como para la vida de las comunidades de recolectores/as y pescadores/as artesanales y de pequeños campesinos/as de las zonas costeras,

que la acuacultura industrial del camarón pone en riesgo nuestro derecho a la alimentación y al trabajo y amenaza el futuro de nuestros hijos/hijas, al privatizar y destruir criminalmente nuestro territorio,

que nuestros derechos humanos son violentados sistemáticamente por las empresas camaroneras, que nos han desplazado de nuestros sitios de vida, que nos impiden el paso por los sitios por los que hemos transitado libremente toda la vida, que nos amenazan y amedrentan con disparos y otra formas de violencia,

que la destrucción del ecosistema manglar y las descargas contaminantes a los estuarios por empresas y desechos domésticos nos ha privado del derecho humano al agua, pues se ha afectado la capacidad ambiental del ecosistema para purificar las aguas,

que la destrucción del ecosistema manglar nos vuelve altamente vulnerables frente a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes en el marco del calentamiento global, como son sequías e inundaciones,

que los ecosistemas marino costeros y su biodiversidad, en nuestro País, están severamente afectados por actividades extractivas y contaminantes, poniendo en riesgo la pesca y recolección artesanales,

que las políticas del gobierno actual continúan beneficiando a grupos de poder económico y político que se han adueñado de nuestro País de forma abusiva e ilegítima,

Decidimos:

Pronunciarmos por la derogatoria del Decreto Ejecutivo 1391 de regularización de la acuacultura industrial del camarón y del artículo 16 de la Ley de Soberanía Alimentaria que ratifica esta regularización, ya que estos legalizan la impunidad y amenazan nuestros derechos humanos así como los derechos de la naturaleza.

Instamos a la Corte Constitucional del Ecuador se pronuncie por la inconstitucionalidad del Decreto 1391, en base a la demanda presentada por los Pueblos Ancestrales del Ecosistema Manglar, garantizando la justicia histórica que reclamamos como pueblos afectados por esta industria.

Exigimos que las autoridades transparenten la información sobre el proceso de regularización de las piscinas camaroneras para que la ciudadanía ecuatoriana, principalmente los Pueblos del Manglar, conozca lo que el Gobierno está haciendo con nuestro patrimonio natural.

Demandamos de la autoridad ambiental asuma su rol de defender los ecosistemas y los derechos de los Pueblos y no de las empresas.

Exigimos el cumplimiento de la Ley que protege el ecosistema manglar y los derechos de los pueblos ancestrales; se sancione a la ilegal acuacultura industrial del camarón y se indemnice por daños y perjuicios a los pueblos afectados directamente.

Instamos a la Asamblea Nacional para que se integre en los cuerpos legales que están siendo discutidos y aprobados, principalmente en la ley de agua, la recuperación y restauración inmediata del ecosistema manglar, tomando en cuenta la importancia que este tienen para la vida de sus Pueblos Ancestrales. Demandamos la recuperación inmediata de nuestro territorio, el ecosistema manglar, usurpado por la acuacultura industrial de camarón, ya que en este territorio se sustenta nuestra vida y está garantizado el futuro de nuestras generaciones.

Exigimos el reconocimiento de nuestros derechos territoriales y la entrega del ecosistema manglar, de forma colectiva, a los pueblos ancestrales, a través de la administración para hacer cumplir nuestro derecho al libre tránsito, a la soberanía alimentaria, nuestro derecho al trabajo, a mantener nuestra cultura y el equilibrio ambiental.

Exigimos que se haga efectivo el derecho humano al agua, para lo cual es necesario recuperar el ecosistema manglar que garantiza agua para consumo y para la producción agrícola campesina de las poblaciones costeras.

Demandamos que se declare de interés nacional y público la recuperación del ecosistema manglar, como una barrera protectora natural frente a los efectos del cambio climático, principalmente a través de la reforestación de bosque de mangle y la recuperación de cursos naturales de esteros y estuarios.

Asumimos el compromiso de realizar todas las acciones legales necesarias para recuperar el ecosistema manglar y mantenernos movilizados en defensa de este territorio, que es la defensa de nuestra vida.

Nos comprometemos a trabajar por el manejo comunitario del ecosistema manglar, que beneficie la soberanía alimentaria y la economía de los Pueblos Ancestrales, demandando de las autoridades se priorice los derechos de las poblaciones de recolectores de concha, cangrejo y otras especies.

Apoyamos la lucha de los pescadores artesanales para defender las 8 millas náuticas dedicadas a la pesca artesanal y a la protección de la vida marina. Apoyamos la expulsión de los barcos rastreros, bolicheros (cerqueros) del mar territorial ya que están afectando gravemente la plataforma marina, terminando con toda la biodiversidad del Océano, fuente de trabajo y de alimento de miles de familias costeras.

Fortaleceremos las alianzas con otros pueblos afectados por el modelo económico extractivista, con el objetivo de construir un país justo y solidario con respeto a la vida de la naturaleza y de los seres humanos.

Apoyamos la lucha del movimiento indígena y campesino, de los pueblos que resisten a las actividades extractivas del movimiento estudiantil, del movimiento de trabajadores, del movimiento de mujeres, de las minorías sexuales y vulnerables excluidas, por las justas reivindicaciones de respeto a la participación en la toma de decisiones y a la protección de los derechos del pueblo ecuatoriano. www.ecoportal.net


El suelo como Sistema Ecológico
02-11-09 Por Ana Salazar Martínez

Desde un punto de vista ecológico el suelo es el subsistema de los ecosistemas terrestres en donde se realiza principalmente el proceso de descomposición, fundamental para la reobtención y reciclado de nutrientes que aseguren el otro gran proceso vital: la producción, que se manifiesta para nosotros claramente en el subsistema epígeo.

El suelo constituye el estrato superficial de la corteza terrestre. Consta de rocas de distintos tamaños, sustancias de origen orgánico, aire, agua y organismos. Estos elementos están organizados: las partículas establecen relaciones topográficas precisas de acuerdo a su tamaño y ello da lugar a la formación de espacios que se comunican entre si como poros o canales y que pueden rellenarse con aire o agua. Estos espacios a su vez albergan organismos, generalmente pequeños, o partes de organismos, como las raíces de las plantas.

La formación del suelo es un proceso complejo conducido por fuerzas como el clima (especialmente la disponibilidad de agua y la temperatura), el material rocoso original, la topografía y los organismos que lo utilizan como hábitat. El resultado de la interacción de estos elementos con el tiempo, da lugar a unidades características, ordenadas en estratos denominados horizontes, de distintas características físico-químicas, que permiten por tanto albergar distintos organismos de acuerdo a sus requerimientos ecológicos.

En los suelos el agua drena por gravedad, con mayor o menor facilidad de acuerdo al espacio poroso que presenten, de modo que representan una fase de paso importante en el ciclo del agua. Según sus características órgano-minerales retiene o libera compuestos actuando como un filtro natural. También retiene agua por capilaridad posibilitando la existencia de pequeños organismos acuáticos.

Desde un punto de vista ecológico el suelo es el subsistema de los ecosistemas terrestres en donde se realiza principalmente el proceso de descomposición, fundamental para la reobtención y reciclado de nutrientes que aseguren el otro gran proceso vital: la producción, que se manifiesta para nosotros claramente en el subsistema epígeo.

Por otra parte, desde un punto de vista ecológico más amplio, el suelo sirve de refugio a gran cantidad de especies consumidoras que se ocultan en el anonimato en sus poros y oquedades. La diversidad biológica del suelo es muy alta e incluye desde bacterias hasta pequeños vertebrados.

La mayoría de los pequeños (menores a 2 mm) realizan su ciclo vital completo en este ambiente. Esos son los más desconocidos por las dificultades de estudio: algas, bacterias, protozoos, hongos y pequeños invertebrados, especialmente artrópodos. Otros pasan en el suelo sólo las etapas de la metamorfosis en las que son más débiles, evitando así a sus depredadores, pero su vida adulta transcurre en el subsistema epígeo o aéreo: es el caso de numerosos insectos tales como coleópteros o dípteros.

Los habitantes edáficos de mayor tamaño (mayores a 2 cm), como grandes arácnidos, pequeños mamíferos y reptiles, utilizan el suelo principalmente para construir sus madrigueras y proteger sus crías.

Un representante de la familia de ácaros actinédidos, depredadores de pequeños artrópodos y sus huevos en el mantillo de bosques esclerófilos.
Desde un punto de vista energético, todos estos organismos se enlazan en complejas redes tróficas cuyo depósito inicial de mayor energía es la materia orgánica que proviene del subsistema aéreo y que forma el "mantillo" y la de las raíces y sus exudados, incorporados directamente; hojas, troncos, frutos, ramas, raíces, cadáveres etc, son los principales sustratos para la descomposición. Este depósito es utilizado por los descomponedores en general: bacterias y hongos que mineralizan y producen el cambio necesario de materia orgánica a inorgánica: de "resto inútil" a "nutriente vegetal"; el resto de los organismos se divide entre una gran diversidad de saprófagos que fragmentan, mezclan y cambian la naturaleza física de la materia orgánica, favoreciendo su mineralización y un gran conjunto de depredadores que regulan los tamaños poblacionales de sus presas, influyendo en la velocidad de traspaso de energía a través de esta gran red. Como característica especial de esta trama trófica, la materia resintetizada a partir de restos orgánicos, vuelve tarde o temprano a engrosar el depósito inicial a causa de la muerte.

La acción humana creciente sobre el planeta afecta también al suelo, de modo que, en la actualidad el manejo de este subsistema se ha convertido en la clave de su calidad.

Hoy se reconoce que el suelo cumple cinco funciones vitales para el planeta (Manual de Calidad de Suelo, USDA):

  • Sostener la actividad, diversidad y productividad biológica,
  • Regular y particionar el agua y flujo de solutos,
  • Filtrar, drenar, inmovilizar y desintoxicar materiales orgánicos e inorgánicos, incluyendo desechos municipales y de la industria,
  • Almacenar y posibilitar el ciclo de nutrientes y otros elementos biogeoquímicos y
  • Brindar apoyo a estructuras socioeconómicas y protección de tesoros arqueológicos

El suelo funciona siempre bajo las mismas leyes naturales; sigue manteniendo su plan de organización interno, reflejando ahora en dicho plan, la intervención humana. Los cambios del ambiente físico-químico producto de la actividad humana (cambio de componentes por vertido de basura, compactación por tránsito vehicular, aumento de la erosión por deforestación, etc.) afectan directamente el hábitat de los organismos edáficos.

Estas modificaciones constituyen intervenciones en el sistema natural y de acuerdo a su calidad (que se hace), escala de efecto espacio-temporal (en que magnitud, abarcando cuanto espacio y por cuanto tiempo) y a la capacidad de retorno al equilibrio del sistema natural, será la nueva organización que se establezca.

Uno de los componentes que refleja rápidamente estas nuevas condiciones de cambio en búsqueda del nuevo equilibrio son los organismos edáficos. Entre ellos mayoritariamente los pequeños artrópodos, habitantes continuos del suelo que se han convertido en buenos bio indicadores de la calidad del suelo y en consecuencia del nivel de intervención antrópica.

Esto nos permite contar con interesantes aplicaciones en el campo de las metodologías de evaluación de los recursos naturales y los impactos a los que se ven sometidos.

Tyrophagus sp., un ácaro común en el polvo doméstico y en productos almacenados. Su abundancia en suelo es indicación de intervención antrópica.

Es decir, entendiendo las propiedades y relaciones existentes ente los distintos componentes de los sistemas edáficos naturales, es posible concebir distintas herramientas que permitan por ejemplo evaluar la calidad de los suelos con la perspectiva de calificar la factibilidad de cierta actividad que se pretende instalar en él. También será posible caracterizar cualitativa y cuantitativamente el impacto producido por intervenciones antrópicas previas.

Estas herramientas de evaluación son sin duda poderosas, pues trabajan con un aspecto extremadamente sensible a los cambios, como lo es la miriada de pequeños organismos que habitan silenciosamente el suelo bajo nuestros pies.


domingo, 1 de noviembre de 2009



Copenhague pondrá en evidencia la actitud de cada país respecto del Cambio climático
01-11-2009 Por Ricardo Natalichio

Uno de los principales efectos negativos que ya está teniendo sobre nuestra vida diaria la insustentable utilización de los recursos naturales y su consecuencia mas devastadora, el calentamiento global, es la dificultad de acceso al agua potable.

Desde el inicio de la era industrial el agua ha sido un factor clave en la cadena de producción de la mayor parte de los bienes de consumo masivo.

El deshecho de efluentes líquidos, junto con la emisión de gases contaminantes han sido históricamente ignorados como una parte del proceso productivo y así se permitió durante siglos que las fábricas contaminaran impunemente tanto la atmósfera como los depósitos de agua dulce, esenciales para la supervivencia de todo ser vivo que habite el planeta.

El resultado de semejante desidia fue extremadamente conveniente para estas empresas que vieron reflejado en sus cuentas el beneficio económico de la falta de inversión en políticas preventivas de contaminación y tratamiento de sus efluentes, tanto como la falta de presiones impositivas y controles estatales sobre los impactos ambientales de su actividad.

Por otro lado y como siempre que alguien gana otros pierden, el planeta entero sufre hoy innumerables calamidades ambientales y escasez de recursos vitales que lamentablemente son solo el principio de un futuro poco promisorio.

Ríos, lagos y hasta los inmensos océanos son víctimas de la contaminación a tal punto que en muchos casos de fuente de vida han pasado a ser focos de transmisión de enfermedades y sinónimo de muerte.

Sin embargo, la vida moderna tal como ha sido pergeñada continúa precisando cada vez mas y mas recursos naturales para satisfacer sus ficticias necesidades de consumo. Vivimos en una “sociedad de consumo” y consumir -palabra derivada del latín “consumere”- significa gastar o destruir. Eso es lo que venimos haciendo durante los últimos siglos, gastando y destruyendo todo lo que la Tierra nos ofrece.

El volumen y la velocidad con la que gastamos y destruimos ha ido aumentando exponencialmente a tal punto que ya hemos sobrepasado la capacidad del planeta de absorber nuestros desperdicios, entonces nos encontramos ante la peor encrucijada posible.

Un apocalíptico escenario largamente anunciado por científicos y ecologistas se presenta ante nuestros ojos y los tiempos para reaccionar se acortan.

Muchos cambios en nuestro modo de vida son necesarios para detener o al menos reducir los terribles impactos de la modificación del clima sobre el planeta.

Entre el 7 y el 18 de diciembre 2009 Copenhague, la capital de Dinamarca, va a ser anfitriona de la 15ª Conferencia sobre el Clima de la ONU (COP 15). El objetivo de esta Cumbre es alcanzar un acuerdo global y ambicioso sobre el clima del planeta.

Mientras muchos países en vías de desarrollo muestran un compromiso muy constructivo, las naciones mas ricas continúan con la actitud, egoísta y suicida de mezquinar inversiones económicas relevantes para reducir las emisiones más duras de gases de efecto invernadero. Esa postura en la que priman los intereses económicos de las grandes corporaciones por sobre la humanidad entera, es la bomba de tiempo que si no es desactivada nos llevará al colapso del clima global.

Parece ser que en un mundo en el que todo es negociable, los cuantiosos beneficios económicos de las grandes multinacionales son la excepción a la regla. Copenhague 2009 podría cambiar el rumbo de las cosas pero, a vista de las negociaciones preliminares, lamentablemente lo mas probable es que sea sólo un balde más de agua tibia. www.ecoportal.net


La cuestión agraria en Colombia
01-11-2009 Por Tatiana Roa Avendaño

La cuestión agraria ha estado en el centro del histórico conflicto político armado colombiano, atravesado por la disputa por la tierra. Hay una alta concentración de la propiedad de la tierra, siendo esta una de las principales características de la estructura rural. Un proceso de contrarreforma agraria se esta viviendo actualmente en el país, con ingredientes como: el uso de la fuerza de las armas o de dineros derivados de actividades ilícitas para intimidar al movimiento campesino eindígena que lucha por la tierra y para provocar el desplazamiento en zonas de interés para las élites agrarias.

Introducción

A través de su historia, Colombia ha mantenido un agudo conflicto agrario con implicaciones en los ámbitos sociales, políticos, económicos y culturales del país. La cuestión agraria (1) ha estado en el centro del histórico conflicto político armado colombiano. No hay duda, el conflicto ha estado atravesado por la disputa por la tierra.

En este país como en otros países latinoamericanos, es evidente la existencia y permanencia de la estructura latifundista de la tenencia de la tierra, los usos de la misma se realizan en contravía de su vocación y quienes se benefician de políticas y programas son los señores de la tierra: terratenientes, latifundistas, élites agropecuarias e inversionistas extranjeros.

Las cifras oficiales demuestran una tendencia imparable a la concentración de la propiedad, al aumento de las tierras dedicadas a la ganadería extensiva, a la disminución de la producción de alimentos y al aumento de los desplazamientos forzados de las comunidades campesinas asentadas en los departamentos con mayor concentración de la propiedad rural (CODHES/UNICEF, 1998; Machado, 1998).(2)

Durante el siglo pasado, el campesinado colombiano empeoró sus condiciones de vida y considerables extensiones de territorios e importantes ecosistemas han sido destruidos por los procesos de colonización que propiciaron las políticas agrarias.

La realidad es que el campo colombiano, escenario del conflicto armado, ha sufrido importantes trasformaciones en los últimos años. Hay una tendencia regresiva de los cultivos transitorios mientras que los de ciclo largo evidencian un fortalecimiento. Esta tendencia ha estado asociada a conflictos en torno a la tierra, al desplazamiento, a precarias relaciones laborales y, a los subsidios o apoyos estatales. Es el caso hoy tan en boga, de las plantaciones para la producción de agrocombustibles a partir de la caña de azúcar y la palma aceitera (3).

En Colombia, campesinos, aparceros, indígenas, trabajadores agrícolas, negros, tienen una larga y dura historia de contienda y confrontación con terratenientes, empresarios agrícolas y empresas trasnacionales. Son muchos los hechos que recuerdan esta historia. Es conocida la Masacre de las Bananeras en 1928, durante el movimiento huelguístico que lideró el destacado dirigente agrario Raúl Mahecha (4) y que Gabriel García Márquez recuerda magistralmente en Cien Años de Soledad. La huelga contra la United Fruit Co., da cuenta de la permanente confrontación en que han vivido los trabajadores agrícolas como el resto del campesinado (5) colombiano.

Aún en la actualidad, los movimientos campesinos, indígenas y de trabajadores agrícolas continúan enmarcando sus demandas en la lucha por tierra y reforma agraria, en los últimos años, a través de la Minga Indígena, Campesina y Negra se han incluso demandado la “liberación de la madre tierra” y la defensa del territorio, incorporando estas nuevas demandas a las ya existentes. Es a través de lacontienda política, como el campesinado ha logrado sus avances y conquistas. Bien lo dice Bernardo Mancano Fernandes (6) (2004: 5) que considera que la formación del campesinado “no ocurre solamente por la reproducción ampliada de las contradicciones del capitalismo. Lo otra condición de creación y recreación del trabajo campesino es una estrategia de creación política del campesinado: la lucha por la tierra”.

La disputa y el control sobre la tierra han sido permanentes. En Colombia, como en otros países, la histórica oposición de los señores de la tierra, actores políticos representados en: terratenientes y, latifundistas y las élites gobernantes impidió que avanzaran las tibias leyes de reforma agraria que seprodujeron en el país, los pocos avances que se querían fueron truncados por estas élites agrarias nacionales y extranjeras que buscaban proteger sus intereses. Por el contrario, durante el siglo anterior, las desigualdades crecieron y la concentración de la tierra es hoy aún mayor; los apoyos estatales para modernizar y mecanizar sus predios, a través de créditos e infraestructura se quedaron en manos de unos pocos. Más recientemente, durante los últimas semanas, diversos medios de comunicación destaparon la “olla podrida” que ha terminado siendo el Programa Agro Ingreso Seguro – AIS (7), que destinó mayoritariamente sus subsidios hacia familias de terratenientes, reinas de bellezas y personas al frente de proyectos agroindustriales, poniendo al descubierto los intereses de un gobierno que ha continuado privilegiando a gran latifundista y agroindustrial.

Es por esto, que en los diversos procesos de paz la cuestión agraria ha sido un eje preponderante y lo será para un futuro proceso de paz o período de posconflicto. La clave de un panorama distinto para Colombia, solo es posible con profundas trasformaciones de éstas.

Este ensayo busca analizar la cuestión agraria en Colombia, las dinámicas y la contienda política del campesinado colombiano en las demandas por tierra y reforma agraria desde inicios de siglo XX a finales del siglo pasado. A través de la reconstrucción de algunos hechos históricos, buscaremos identificar los repertorios de contienda, los actores políticos, los procesos de movilización y desmovilización, así como las oportunidades políticas del movimiento campesino (8).

Los orígenes de las luchas campesinas por la tierra

La creación política del campesinado colombiano se ha dado a través de una valiente lucha contra la explotación latifundista y el monopolio de la tierra. Los campesinos establecieron en diversas ocasiones formas colectivas de trabajo agrario, herencia de los pueblos indígenas y, en múltiples momentos defendieron la tierra incluso a través de rebeliones armadas. “Sea de manera espontánea u organizada, el campesinado ha demostrado una gran capacidad de lucha y resistencia, al tiempo que ha hecho producir la tierra como nunca lo hicieron los grandes propietarios, con el fin de alimentar y abrigar al pueblo” (Fals Borda, 1975: 51).

A comienzos del siglo XX, estas luchas campesinas en Colombia eran meramente locales, están los casos de Viotá, (Cundinamarca), del páramo de Sumapaz en el mismo departamento (9), del Caribe donde las luchas campesinas estuvieron guiadas por las ideas socialista, que como todo en su época, habían llegado primero a la costa que a Bogotá (10).

También, en la región conocida como Eje Cafetero, los campesinos, peones, colonos, aparceros y arrendatarios levantaron un movimiento que llamaron ligas campesinas (Fals Borda, 1975: 118). Sus repertorios de contienda (11) tenían que ver con asuntos como “sembrar libremente café y establecer trapiches en las haciendas [...]; cambiar el reglamento de la hacienda establecido en 1886, [...] no pagar los arriendos, [...] (Los campesinos) se declaraban habitantes de tierras baldías y no volvían a pagar arriendos” (Mondragón, 2003).

La contienda política del campesinado en esos años tuvo la influencia política e intelectual de los agraristas, en cabeza de Erasmo Valencia, el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán y una “izquierda que defendió el campesinado y se arraigó en él desde sus orígenes, a través de las organizaciones socialistas o marxistas, en particular el Partido Socialista Revolucionario y luego el partido Comunista” (Ibid, 2003).

Las tesis centrales de estas tres corrientes campesinistas planteaban: i) el bienestar nacional depende de los agrarios era el lema agrarista de Erasmo Valencia, ii) Gaitán proponía una economía regulada y la intervención del estado con criterio social y, iii) los comunistas demandaban una revolución agraria y antiimperialista dirigida por la clase obrera (Ibid, 2003).

Si bien el programa comunista era más radical y extenso, coincidían con el programa gaitanista en cuanto al destino de la propiedad de la tierra de la reforma agraria, que sería entregada a los campesinos gratuitamente. La diferencia más importante entre estos dos programas, consistía que mientras Gaitán pedía la incorporación de las regiones indígenas a la economía nacional, mientras, el Partido Comunista reivindicaba el reconocimiento de las comunidades indígenas, de su completa libertad y de la autodeterminación de sus propios gobiernos (Ibid, 2003).

Lo cierto es que el programa del campesinado colombiano, nunca incluyó dentro de sus repertorios de contienda, la reivindicación de la inalienabilidad ni la propiedad colectiva o comunal de la tierra y mucho menos la nacionalización. Por esta razón, según Héctor Mondragón (2003), de acuerdo a los programas escritos, “un triunfo de una revolución agraria en Colombia en el siglo XX se habría parecido más a la revolución boliviana de 1952, que a las revoluciones mexicana, rusa, china o cubana”. Todo ello no obstante, el movimiento indígena, entre ellos el Quintín Lame y otros indigenistas socialistas como Blanca Ochoa de Molina y Antonio García, si tenían y tiene aún, incluida en sus repertorios de contienda, la inalienabilidad de las tierras de las comunidades, desde un punto de vista cultural (Mondragón, 2003).

La contienda política por la reforma agraria de 1961

A inicios de los años 1930 se vive en Colombia un auge de la lucha de masas que permitió importantes conquistas al movimiento popular, lo que hizo que en 1942 se constituyera la primera organización campesina: Federación Campesina e Indígena, dentro de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). En 1947, la Federación se transforma en la Confederación Campesina e Indígena, la cual “integraba la visión campesina con la indígena, más o menos en la forma que los entendían los comunistas y los socialistas en los años 30” (Mondragón, 2003).

De esta manera, el movimiento campesino e indígena de la época logra articular, las luchas étnicas y culturales de los pueblos indígenas con la lucha de clases, que recogiendo la voz del investigador Orlando Fals Borda, pueden resultar complementarias y articuladoras. Como lo expresa en su memorable obra Historia doble de la costa (12), allí se pregunta sobre las relaciones campesinos e indígenas, y afirma con fuerza: “la experiencia de estos años nos enseña que cuando la étnia sigue viva por cualquier razón histórica, conviene emplear sus componentes culturales para afirmar e impulsar las luchas de clase del pueblo” (Fals Borda, 2002: 21B). El sociólogo colombiano señala el ejemplo de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC y el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, que incorporaron en sus luchas estas tesis, igual que lo hicieron importantes lideres indígenas como Manuel Quintín Lame, indígena Nasa (13) que promovió importantes movilizaciones y recuperaciones de tierra en el Cauca, al sur occidente de Colombia. (Fals Borda, 2002: 21B)

Pero si bien, hubo importantes avances en la organización campesina durante estos primeros años del siglo XX, al llegar la Violencia, la organización de campesinos e indígenas es literalmente aniquilada. Se produce así una desmovilización del campesinado producto de la terrible represión.

La Violencia, creciente desde 1946, incrementada con los ataques contra Viotá en oviembre de 1947 y contra las comunidades del Cauca en enero de 1948, fue generalizada después del asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948 y se ensañó contra la Confederación y cobró la vida de la mayoría de sus dirigentes, entre ellas la de su presidente, envenenado en 1952 (Mondragón, 2003).

La Violencia también produjo la desmovilización indígena que se encontraba en ascenso en los departamentos de Cauca, Tolima, Huila, Caldas, y en la Sierra Nevada y Tubará en el Atlántico. La Liga de Indios de la Sierra Nevada de Santa Marta que gracias a su aislamiento geográfico había logrado mantenerse tuvo que ser disuelta en 1956. Algunas de las reivindicaciones indígenas sólo tuvieron eco a finales del siglo XX, cuando la Constitución de 1991 (14) recogió varias de sus demandas, luego de las innumerables y largas luchas tanto de movimientos indígenas no armados como armados (15).

En los años 1950, la única organización campesina que logra subsistir es la Federación Agraria Nacional (FANAL), que había sido creada en 1946 por los padres jesuitas al tiempo con la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) (Fals Borda, 1975: 126). Sin embargo, es tal el acoso sobre los líderes campesinos, que muchos de los más importantes optaron por la lucha armada (16). La Violencia “obligó a muchas comunidades a emigrar a otros sitios, armarse y defenderse [...]. La lucha [...] se convirtió en lucha de clases por el control de la tierra” (Fals Borda, 1975: 121) A mediados de los años 1950, el gobierno autoriza medidas para el desalojo masivo de arrendatarios, aparceros, colonos y ocupantes campesinos de tierras. La lucha por la tierra se libraba en lugares donde históricamente habían existido enfrentamiento de clase: Tolima, Córdoba, el Magdalena Medio y los Llanos Orientales. En ellas surgen guerrillas liberales.

La movilización campesina se retoma a finales de los años cincuenta del siglo pasado, se produce una radicalización de la contienda política campesina y dentro de sus repertorios esta la demanda por una ley de reforma agraria, como en efecto ocurrió posteriormente. En 1958, se firmaron tratados de paz con todos los guerrilleros que entre otras cosas abrían el paso a medidas de reforma agraria y que propiciaron la reorganización del campesinado. Los tratados de paz crearon un clima favorable a la expedición de una ley de reforma agraria aunque el recién establecido Frente Nacional, surgido por acuerdo entre liberales y conservadores para manejar el poder, dificultaba el camino” (Mondragón 1963).

Además, de las demandas y las protestas del campesinado, la convergencia de la movilización campesina con diversas oportunidades políticas, llevaron a que finalmente se aprobara la Reforma Agraria de 1961. Estas oportunidades políticas tuvieron que ver con: i) el triunfo de la revolución cubana, ii) la Alianza para el Progreso que buscaba neutralizar las tendencias revolucionarias que pudieran proyectarse desde Cuba y, iii) las orientaciones reformistas y desarrollistas promovidas desde la CEPAL, que favorecían una nueva fase de industrialización sustitutiva (Fajardo, 2000, Mondragón, 2002a, Fals Borda, 1975).

Pero, mientras de un lado se había logrado la Ley de Reforma Agraria, la presión del gobierno sobre el campesinado crecía. Es así como en 1964 se produjo el ataque a Marquetalia (17) por parte del Ejército. Ante la agresión, la respuesta de estos campesinos fue la creación de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Tanto las FARC como la otra recién constituida guerrilla el Ejército de Liberación Nacional, ELN, con el sacerdote Camilo Torres en sus filas, incluyen en sus programas la cuestión agraria. El programa campesino volvía a expresarse en las luchas guerrilleras (Mondragón, 2003).

Por ese año de 1964, crecen la contienda del campesinado por la tierra, éstos buscaba hacer sentir su voz con el propósito de hacer cumplir la ley de reforma agraria de 1961. En el mismo año varias tomas de haciendas se realizaron en Cereté (Córdoba) y Manatí (Atlántico) (Ibid, 2003).

Un nuevo actor político empieza a jugar con fuerza dentro del campesinado y tendrá un rol importante en la cuestión agraria: la iglesia. Un proceso renovador se estaba produciendo en su interior. De un lado, algunos de los sacerdotes más progresistas, seguidores de la Teología de la Liberación que promueven el movimiento de Comunidades de Base, articulado al Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Brasil, algunos crean el grupo de Golconda, comienzan a influir en las organizaciones campesinas. Aunque como dice Mondragón (2003) “el proceso de radicalización en FANAL y en la iglesia no tenía necesariamente una orientación guerrillera”.

Lo cierto es que también los procesos de urbanización creciente, demandaban garantizar el abastecimiento del creciente consumo de alimentos en las ciudades. De esta forma, un replanteamiento de la cuestión agraria llevaría a impulsar la adopción de tecnologías modernas en el campo y resolver los asuntos de tenencia de la tierra. Adicionalmente se pretendía articular a la estrategia de industrialización sustitutiva un conjunto de productores agrícolas que, al recibir tierras, iban no sólo a originar bienes agropecuarios para el mercado, sino que a su vez, se trasformarían en demandantes de productos industriales y de capital (18).

De esta manera, en el caso colombiano las políticas de industrialización sustitutiva, ponían el acento en la tenencia de la tierra y la ampliación de la frontera agrícola con cierto mejoramiento técnico, sin que esto significara necesariamente la mecanización. La política central para el agro en los años 60, buscaba dar un segundo aire a los procesos de modernización, que ya se encontraba en su última fase, ampliando el mercado interno. Luego de amplios debates, incluso con sectores más radicales del liberalismo, la propuesta de Reforma Agraria se concretó con la Ley 135 de 1961.

En síntesis, la Reforma Agraria Integral, como fue denominada esta ley, tuvo como objetivos la solución a las problemáticas de la generación de empleo, el abastecimiento alimentario y la superación de la violencia, con medidas que pretendían la democratización del acceso a la tierra, la asistencia técnica calificada, la dotación de créditos e infraestructura y la capacitación cooperativa (19) Sin embargo, la Reforma Agraria Integral no obstante no pretendía grandes transformaciones, desde sus inicios tuvo una fuerte oposición de los sectores latifundistas que se aliaron para impedir la redistribución de tierras y la reestructuración productiva del campo, revertiendo incluso orientaciones que se habían dado durante la década anterior, como fue señalado por la primera evaluación realizada a la Reforma Agraria y que tuvo lugar a principios de la década de los años 70 del siglo anterior (20) (Fajardo, 2000).

Adicionalmente, el pacto político y electoral conocido como El Frente Nacional (21) que estaría vigente entre 1958-1974, acordado entre las élites políticas colombianas del Partido Liberal y el Partido Conservador colombiano, para impedir la continuidad en el poder del General Gustavo Rojas Pinilla o el surgimiento de una tercera fuerza política; fue otra de las limitaciones para democratizar los procesos de Reforma Agraria.

Un nuevo momento...

Terminando la década de 1960 se crea la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC (1967), en Febrero de 1971 se crea en Toribío (Cauca) el Consejo Regional Indígena del Cauca, con dos demandas fundamentales: la recuperación de tierras y el fin de terraje, los cuales se constituyen en los primeros repertorios de contienda de este importante movimiento indígena, que aún hoy subsiste, y que posteriormente incluirían “la ampliación de los resguardos, el fortalecimiento de los cabildos y la recuperación de la cultura y la historia indígenas” (Fals Borda, 1975: 127). El CRIC se vincula a la Secretaría Nacional Indígena de la ANUC.

En menos de 9 meses, la Anuc realiza 600 tomas de tierra, y por esta razón el gobierno reprime con fuerza el movimiento y busca su división, creando la Línea Armenia. Mientras el ala más radical convoca al Segundo Congreso Nacional en Sincelejo (Sucre), posteriormente, sería conocida como Anuc - Línea Sincelejo (Fals Borda, 1975: 129). Otras organizaciones campesinas jugarían un importante rol, es el caso de la Acción Campesina Colombiana (ACC).

A finales de los años ochenta se produjo un auge de movilizaciones campesinas y de tomas de tierra; se fortalecieron notablemente las organizaciones indígenas y los sindicatos de trabajadores bananeros de Urabá. Este auge coincide con el fortalecimiento de proceso políticos como el de la Unión Patriótica (UP), A Luchar (AL) y el Frente Popular, y de organizaciones gremiales campesinas como Federación Nacional Sindical Agropecuaria (FENSA), Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas (ANTA) y sectores de laANUC, y la ANUC Unidad y Reconstrucción (ANUC- UR) (Mondragón, 2003).

En febrero de 1988, la recién creada FENSUAGRO, organización agraria de segundo grado, que surgió de la Federación FENSA, levanta una importante jornada nacional de movilizaciones campesinas y fortalece la creación de nuevos sindicatos agrarios y de procesos de lucha por la tierra de los pequeños y medianos campesinos.

Sin embargo, la reacción del Estado fue una dura represión militar contra el movimiento campesino e indígena, son tristemente recordadas las masacres en las zonas bananeras y el asesinato de los líderes que estuvieron al frente de las Marchas Campesinas del Nororiente: Valentín Basto y Martín Calderón.

La Ley de Reforma Agraria nunca afectó ni puso en riesgo el latifundio. Fue mayor la presión de los terratenientes, de forma que en lugar de que produjera la expropiación de tierras, por el contrario, en lo fundamental se priorizaron y promovieron procesos de colonización y titulación de baldíos, ampliando la frontera agrícola y haciendo que la colonización avanzará hacia zonas frágiles de las selvas andinas e incluso amazónicas, destruyendo importantes territorios.

El desplazamiento de los campesinos sin tierra a nuevas zonas de colonización, no resolvió las condiciones de vida del campesino sino por el contrario las deterioraron, al tener que asentarse en lugares cada vez más inhóspitos, sin infraestructura, de suelos pobres, limitaciones para el manejo del agua, lejos de los mercados y sin apoyo técnico y financiero, además de los conflictos ambientales que ello provocó. Para investigadores agrarios como Héctor Mondragón, Orlando Fals Borda y Dario Fajardo, esta es una continua condición para el fortalecimiento de la insurgencia campesina que a finales de los años 1990 estaba ya bastante consolidada.

Hacia un mercado de tierras

Para mediados de los noventa, el país atravesaba por una de las más prolongadas crisis económicas de su historia reciente. La agricultura se encontraba bastante debilitada afectada por la aplicación de políticas comerciales aperturistas. La población que sufría la crisis no tuvo otro camino que las economías ilegales, entre ellas los cultivos de uso ilícito (Fajardo, 2006).

No obstante en esos años, se produce una sobreoferta de coca, provocada dos factores que convergen: de un lado el Proceso 8000 (22) que abre algunas acciones contra las estructuras financieras del narcotráfico y, la masiva vinculación de gente al cultivo de coca debido a la crisis agraria. Con los golpes a las estructuras financieras y precios bajos, se provoca una profunda crisis en las zonas de cultivos. De esta forma, campesinos, cosecheros, cultivadores y no cultivadores de hoja se movilizan a mediados de 1996, en lo que se conoció en Colombia como la "Marchas cocaleras", desarrolladas en el Caquetá, Guaviare, Putumayo y sur de Bolívar (Fajardo, 2006).

En este contexto se promueve la Ley 160 de 1994, que crea el Sistema Nacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino, establece un subsidio para la adquisición de tierras y reforma el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria. Esta ley es el fundamento del mercado subsidiado de tierras, más conocido como mercado de tierras, que promueve el Banco Mundial, BM (Mondragón, 2002a). Tuvo como principio básico la negociación voluntaria de tierras.

De hecho el BM otorgó el 30 de junio de 1996, un crédito de 1,82 millones de dólares, para financiar experiencias piloto y una Unidad Técnica, con el propósito de sentar las bases a una reforma agraria basada en el mercado. El programa se ofreció como una salida a las interferencias burocráticas y la innecesaria intervención del Estado (Ibid, 2002a).

Mientras de un lado, el Sistema Nacional de Reforma Agraria no operó como un concepto articulador, del otro se establece el mecanismo de mercado de tierras como sustituto neoliberal a una reforma agraria efectiva. En la práctica este mecanismo se constituyó en un detrimento del Estado y de los campesinos aspirantes al subsidio de tierra, dadas las condiciones asimétricas de negociación con que se presentan los actores involucrados en las mesas de concertación.

El contexto de la crisis del agro, de las movilizaciones campesinas, de la ley agraria más neoliberal, del tránsito hacia un nuevo gobierno otorga una concesión a colonos y campesinos, esta es el reconocimiento y la inclusión de las reservas campesinas (23), de las cuáles en 2002 funcionaban tres en Caqueta, Guaviare y Cundinamarca, se han aprobado otras Putumayo, Guaviare y sur de Bolívar y estabán por aprobarse otras en el Magdalena Medio y Cundinamarca (Mondragón, 2002). No entraremos a analizar esta figura pero si vale la pena señalarla como un hecho importante de conquista de las luchas sociales.

Como era de esperarse, los intentos de hacer una reforma agraria a través del mercado de tierra fracasaron. De esta forma, el presidente Andrés Pastrana, sustituye este programa por el de alianzas estratégicas (24) entre grandes y pequeños propietarios y empresarios y que el Banco Mundial llama asociaciones para la producción (Fajardo, 2006).

En muchos casos, los grandes propietarios o empresarios han utilizado tácticas coercitivas violentas para forzar a campesinos a vincularse a estas asociaciones. Han sido bastante conocidos los casos de Jiguamiandó y Curvaradó en el departamento del Choco (25) y Tumaco sur de Colombia, que han merecido la tención internacional por las profundas implicaciones sobre los derechos humanos, los derechos colectivos y territoriales de las comunidades negras de este territorio.

Es indudable que los grandes beneficiarios de las políticas agrarias han sido los señores de la tierra.

Son innumerables los estímulos, incentivos y exenciones (26) que se han promovido para privilegiar los cultivos de tardío rendimiento, de exportación y para agrocombustibles en su mayoría propiedad de grandes terratenientes, medianos y grandes empresarios e inversionistas internacionales.

A manera de conclusión

La realidad del campo colombiano ha estado caracterizada por la alta concentración de la propiedad de la tierra, siendo esta una de las principales características de la estructura rural del país. Según un reporte del Banco Mundial de 2003, el coeficiente de Gini agrario era del 0,74, en 1974, en 1996 subió a 0,81 y, a inicios del 2000 alrededor de 0,85.

Los pocos esfuerzos por transformar la realidad del campo han fracasado. Por el contrario un proceso de contrarreforma agraria se esta viviendo actualmente en el país, con ingredientes como: el uso de la fuerza de las armas o de dineros derivados de actividades ilícitas para intimidar al movimiento campesino e indígena que lucha por la tierra y para provocar el desplazamiento en zonas de interés para las élites agrarias.

En adición, los dos últimos gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez han venido promoviendo paquetes de leyes que tendrían a ampliar la repercusión en el sector agrario del país (27), además del desmonte a los pocos apoyos al pequeño campesino y por el contrario el fomento y el paquete de subsidios para la agroindustria y los grandes propietarios, el más reciente y sonado caso del Agro Ingreso Seguro confirma las motivaciones que han tenido las políticas agrarias en Colombia.

Según la Alta Comisaría de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Colombia es el país con más desplazados en el mundo: tres millones de personas, cifra que para algunas ONGs de Derechos Humanos es sin embargo modesta frente a la cruda realidad nacional. Históricamente, los terratenientes colombianos han utilizado su poder político local y han establecido fuertes lazos con los poderes militares tanto del estado como de otras fuerzas armadas por fuera de ley, para reprimir las históricas movilizaciones de campesinos e indígenas.

En 1972 establecieron el Acuerdo de Chicoral, que sepultó en definitiva el proyecto de Reforma Agraria, al materializar sus imposiciones en las Leyes 4ª y 5ª de 1973 y 6ª de 1975, legalizando la contrarreforma agraria. En las últimas décadas, sectores de terratenientes apoyaron la conformación de grupos de autodefensas o paramilitares para reprimir la organización campesina y para desplazar familias campesinas, colonos, indígenas o negras que se interponen en sus proyectos productivos (28). Y no más, el pasado 25 y 26 de septiembre, en el municipio de Melgar (Tolima), un “nuevo pacto del Chicoral”, como lo bautizó el periódico El Espactador, se estaría constiyendo.

“(A) instancias del Centro de Pensamiento Primero Colombia, del que hace parte el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, se reunieron 60 líderes agrarios de 10 departamentos y dos sindicatos agrícolas de Antioquia y el Valle, para dar los primeros pasos hacia la constitución de la Federación Nuevo Liderazgo Campesino, una organización que busca edificar una alianza entre empresarios, industriales y el Estado para orientar a las comunidades campesinas” (29).

Otra estrategia utilizada por las élites agrarias, fue la organización asociaciones de productores para lograr su “representación […] en agencias gubernamentales encargadas de diseñar políticas monetarias, fiscales y de regulación de la tenencia de la tierra” (Andrade, 2005: 37). En el caso colombiano, ya desde 1934, los terratenientes organizaron la Asociación Patriótica Económica Nacional, APEN, para oponerse abiertamente al movimiento de masas (30). Estas asociaciones tienen un peso importante en las decisiones políticas en lo que respecta a su gremio, participan en las entidades gubernamentales y las comisiones que el gobierno crea para diseñar las políticas que afectan al agro y ocupan en muchos casos los espacios que la constitución de 1991 abrió para la participación de la sociedad civil.

Como en el resto de América Latina, las políticas agrarias conllevaron a que fueran los agricultores capitalistas quienes se beneficiaran de la “liberalización de los mercados de tierras, mano de obra y capital, de la creciente apertura de la economía a la competencia internacional, del nuevo impulso exportador y de la eliminación de medidas de apoyo al sector campesino. Con más tierra más capital y recursos técnicos, con mejores lazos con los mercados nacionales y en especial los internacionales, con su mayor influencia sobre la política agrícola, los agricultores capitalistas pudieron explotar mejor que los agricultores campesinos las nuevas oportunidades que ofrecieron los mercados” (Thorp, 1998: 252).

El asunto es que mientras no se resuelvan los conflictos de tierra en Colombia, éstos seguirán siendo el caldo de cultivo del conflicto armado más antiguo del continente. Además, pone en entredicho el futuro del país que actualmente importa más de 8,1 millones de toneladas de alimentos anuales, mientras destina sus mejores tierras y grandes recursos económicos a través de subsidios y auxilios, para producir materias primas que se exportan a muy bajos precios, con pocos beneficios para Colombia.

Lo paradójico es que en medio de la más importante crisis alimentaria mundial, mientras se debieran estar promoviendo políticas públicas que revaloricen al campesinado y, enfrenten la crisis; la dirigencia colombiana solo ve el campo y la producción campesina en términos de productividad y competencia, sin entender que tan solo con profundas transformaciones en la cuestión agraria estará la base para la autonomía y la soberanía alimentaria y la paz de este herido país.

Es esto lo reclaman, en la actualidad, los movimientos sociales colombianos ligados a la tierra, la naturaleza y el territorio, caminando la palabra a través de la Minga de los Pueblos, han logrado llamar la atención sobre la importancia de liberar la madre tierra para recomponer no sólo las relaciones entre los seres humanos sino de también nuestras relaciones con la naturaleza. www.ecoportal.net

Tatiana Roa Avendaño, ambientalista colombiana. Quito, 15 de octubre de 2009 . Ambientalistas en Acción - CENSAT AGUA VIVA - Ilustración: Angie Vanessa Cárdenas Roa www.acdesign.tk realizada para el afiche de divulgación de la VI Semana Mesoamericana por la Diversidad Biológica y Cultural.