lunes, 19 de abril de 2010

Una conversación con Eduard Rodríguez Farré sobre la homeopatía y medicinas “alternativas”
"La homeopatía es una idea que desde un punto de vista científico, no tiene ningún valor: todo tratamiento homeopático es un placebo”

Rebelión..19/04/2010


: “[…] Salvador López Arnal

Miembro fundador del Comité Antinuclear de Catalunya (CANC) en 1977, Eduard Rodríguez Farré es médico especializado en toxicología y farmacología en Barcelona, en radiobiología en París y en neurobiología en Estocolmo. Ha dirigido durante muchos años el Departamento de Farmacología y Toxicología del CSIC en Barcelona. Como experto en toxicología ha asesorado al gobierno cubano en la epidemia de la neuropatía óptica, a la OMS en el síndrome del aceite tóxico y a la Unión Europea sobre la investigación en programas de salud pública y sobre la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Actualmente es miembro del Comité Científico de la UE sobre Nuevos Riesgos para la Salud. Socio fundador de la asociación Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), Eduard Rodríguez Farré es coautor, autor principal para ser más exacto, junto a este entrevistador, deCasi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente, El Viejo Topo, Barcelona, 2008 (con prólogo, presentación, epílogo y notas finales de Enric Tello, Joaquim Sempere, Joan Pallisé, Jorge Riechmann y Santiago Alba Rico).

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Hablemos hoy, si te parece de los argumentos negacionistas del SIDA. De hecho, para empezar de algún modo, las personas que mantienen esta posición crítica no aceptan el término “negacionistas”. Se presentan más bien como investigadores libres que quieren superar las cortinas de inexactitud y ocultación que la ciencia, digamos, oficial coloca sobre asuntos decisivos. Primer argumento apuntado: nadie ha presentado pruebas del aislamiento del VIH, del virus de inmunodeficiencia humana. Los cuatro requisitos, desarrollados a partir de los postulados de Koch, no se han cumplido en el caso del VIH. Nadie ha publicado micrógrafos del VIH. Nadie ha obtenido ejemplares aislados del VIH para poder establecer sus proteínas y su información genética. Nunca se han realizado experimentos de control. Nadie ha conseguido repetir el supuesto hallazgo de Robert Gallo de 1994, y tampoco Luc Montagnier aisló un nuevo virus

Todo esto que dices tiene muchos nudos y tendríamos que ir por partes. Primer punto… Déjame antes un segundo, como primer preámbulo, antes de entrar en materia. Todo esto que acabas de decir me recuerda la historia de los homeópatas. Todos estos grupos, sean los partidarios de la homeopatía, sean los negacionistas del SIDA, los que están en contra de las vacunas, afirman que ellos son los alternativos, los alternativos y los modernos y, luego, a continuación, suelen hablar de medicina oficial respecto a la cual ellos señalan senderos novedosos y eficaces. Pero esos dos conceptos son completamente falaces, es una falacia naturalística. No existe realmente una medicina oficial.

¿Por qué no? ¿Qué te hace ser crítico con la designación?

En ningún lugar, en ningún departamento, centro de investigación o facultad, se recibe un boletín oficial o unas directrices que obliguen a mantener una determinada posición. Por ejemplo, en este hospital que tenemos al lado, l’Hospital Clínic de Barcelona, hay abiertas muchas controversias sobre muchos temas. En ciencia no hay dogmas. La ciencia y la dogmática son ámbitos con intersección vacía.

¿Qué es la ciencia para ti?

La ciencia lo que pretende, lo que hace de hecho, es establecer unos criterios experimentales a partir de los cuales se construyen, se conjeturan, hipótesis, teorías que son siempre revisables. El médico, el científico que considera que algo es un dogma indiscutible no es un buen científico. Será otra cosa, pero no es un buen científico. Es lo mismo, esta es mi opinión personal, que cuando algunos científicos dicen que buscan la verdad. Yo desconfío de estas afirmaciones. En ciencia no buscas la verdad, buscas los hechos. La verdad, en este contexto, me limito a este contexto, tiene una connotación más bien religiosa, de cosa establecida para siempre. En ciencia se buscan hechos reproducibles y que puedan establecerse aquí o en cualquier laboratorio o institución similar del mundo. La interpretación de estos hechos bien establecidos es lo que lleva a controversias. Establecer, intentar establecer a partir de hechos contrastados, teorías revisables. Esta podría ser mi definición de ciencia.

Estás hablando especialmente de las ciencias de la vida.

Sí, sí, hablo fundamentalmente de las ciencias biológicas. Al menos en las ciencias de la vida, lo usual generalmente es lo siguiente: primero están los experimentos y a partir de los experimentos o de los datos de observación epidemiológicos, o los hechos naturales, a partir de ahí, decía, se establecen hipótesis o teorías que luego se vuelven a comprobar en el laboratorio y a partir de todo ello se van desarrollando, van surgiendo, nuevas cuestiones y avances. Pero no hay, en absoluto, una hipótesis, una teoría o un dogma oficial. Nada de eso. De hecho, ¿qué implica “oficial”? Implica que hay un gobierno o una autoridad que determina unas directrices. Puede haber, desde luego, consensos sobre una serie de temas y discusión abierta sobre otros. Muchos puntos, muchos nudos, son objeto de discusión. Esto ocurre hasta en las ciencias físicas cuyos procesos y desarrollo no tienen por qué coincidir con los de las ciencias de la vida. Las hipótesis sobre la expansión del universo, sobre si el universo es cerrado o abierto, están en discusión desde hace unos cuantos siglos.

¿De dónde crees que ha surgido esta forma de referirse a la ciencia establecida, aceptada?

Lo ignoro. Pero esta forma de hablar, el uso de la expresión “ciencia oficial”, no es correcto ni justo. Para hablar de estos grupos de medicinas “alternativas” deberíamos hablar de medicina antiguas en realidad. Esta sería una designación mejor. Una vez la Comunidad europea me encargó que estuviese trabajando, observando, estudiando, junto con un profesor italiano del gran Instituto Mario Negri, a un grupo de homeopatía que había solicitado una subvención. El profesor italiano, mi colega, se fue el primer día dando un portazo. Yo aguanté más pero lo que es inaceptable es que se llamen alternativos y progresistas y tú seas, así, despectivamente dicho, la medicina convencional y oficial. Ya está bien. La homeopatía es mucho más antigua que la actual medicina científica.

Es así, tal como dices, como medicina alternativa es como es presentada en wikipedia por ejemplo.

Wikipedia, Wikipedia, no sacralices Wikipedia por favor, que a veces, y con relativa frecuencia, deja mucho que desear. Sigues sensat!

No sacralizo wikipedia, puedes estar tranquilo. Pero perdona, vuelvo al tema, un argumento científico contra la homeopatía, ¿qué desarrollo tendría. ¿Por qué la homeopatía no es un saber, digámoslo así, aceptable?

La homeopatía tiene su origen en el siglo XVIII. Esto de entrada. La medicina que practicamos hoy en día tiene su origen en Claude Bernard. Fue entonces, con su obra, cuando se produjo la ruptura epistemológica por decirlo de forma más académica. Estamos hablando de la mitad del siglo XIX. Es entonces cuando irrumpen los grandes avances en ciencias biológicas, y en medicina sobre todo. Es la época de las vacunas, por ejemplo, y de la teoría bacteriana. Se conocían ya las bacterias pero no se había establecido una relación entre ellas y las enfermedades.

¿De quién surgió la idea de la homeopatía?

La homeopatía es una idea de Hahnemann, un médico del siglo XVIII. Desde un punto de vista científico, la homeopatía no tiene ningún valor. Una cosa es que pueda curar por sugestión o por placebo. Lo que solemos decir los farmacéuticos: todo tratamiento homeopático es un placebo. ¿Por qué? Porque la homeopatía se basa en las diluciones. Frente a la alopatía, y esto es además terminología muy antigua, del siglo XVIII, la homeopatía pretende curar con lo similar. En aforismo, en aquella época se habla con aforismos, lo cual también hoy estaría totalmente fuera de lugar, la homeopatía se basa en el similia similibus curantur

Lo semejante se cura con lo semejante.

Exacto, mientras que la alopatía que, es la medicina científica actual, se basa en tratar con lo que experimentalmente puedas demostrar que cura. “Alo”, como se sabe, viene de distinto, de diferente. Si tú tienes fiebre el homeópata te va a dar un producto que da fiebre pero diluido en diluciones tan infinitesimales que ya no queda propiamente una molécula.

Ni una molécula dices. Pero, entonces, ¿qué se suministra exactamente en estos tratamientos?

Agua. Ellos hacen diluciones en número, digamos para entendernos, infinito. A partir de una dilución de árnica, por ejemplo, uno de los elementos clásicos, van haciendo diluciones y diluciones. Quien dice árnica puede decir quinina o una sustancia similar. Pero creo que, efectivamente, también usan la quinina y la corteza de sauce. Fue entonces, decía, en aquel lejano siglo XVIII, cuando surgió la homeopatía y todavía siguen en ello. No están hablando de principios puros activos, están hablando de productos naturales… o, bueno, bien pensado, también de productos artificiales. También utilizan metales, pero esto es más bien la medicina de tipo homeopático influida por la medicina china o por la ayurvédica, la tradición médica de la India.

Su tesis sería entonces…

Si un producto irrita, y tú tienes una irritación cutánea, vamos a usar este producto pero muy diluido. Parten, pongamos, de 1 gramo por litro. De esta solución separan 1 mililitro y lo vuelve a disolver en otro litro. De esta nueva solución, extraen otro mililitro que disuelven en otro litro. Y así sucesivamente. Hacen tantas diluciones que cuando se calcula la concentración que hay en la última solución de la serie, lo que sería propiamente el medicamento, lo que ellos suministrarán a los pacientes, ahí ya no queda nada.

No queda nada, Eduard, porque el proceso iría más allá de la constante o número de Avogadro que afirma que el número de moléculas que hay en un mol de una determinada sustancia sería de 6,022 por 10 elevado a la 23. Este número, una constante físico-química, es independiente de la sustancia que consideremos.

Exacto, exacto. Hubo una gran disputa en los años noventa que acaso valga la pena explicar. Lo que solemos establecer en farmacología es la curva dosis-respuesta. A medida que vas aumentando la dosis vas teniendo una respuesta biológica, farmacológica, curativa en el efecto. Vas aumentando la dosis, en una relación que suele ser logarítmica, y vas obteniendo una respuesta que, en los experimentos que se realizan sobre ello, llega a matar al animal que se usa en la experimentación. Lo has intoxicado. Pero las primeras dosis no tienen efecto. Existe un umbral generalmente, aunque no siempre. No es el 100% pero en la inmensa mayoría de casos, a partir de una determinada dosis, empiezas a tener efectos. Con las concentraciones que los homeópatas utilizan te vas a la parte negativa. El efecto estaría en la parte negativa de la serie porque la dosis que se suministra al paciente es inferior al número de Avogadro, es realmente inferior a esa constante química bien y fuertemente establecida.

Es decir, que en la solución que se suministra no queda ni una molécula.

Ni una.

¿Y qué respuesta dan los homeópatas ante el argumento que acabas de explicar?

La disputa ha aparecido incluso en Nature. Yo personalmente la tuve en Bruselas con una profesora de Montpellier que es homeópata. Es cierto, responden los homeópatas más avisados y documentados; es cierto, admiten, que no queda ninguna molécula pero queda la memoria en el agua del paso de la molécula.

Pero esto, ¿qué significa exactamente? Cuando se usa esa metáfora, ¿qué significa memoria ahí, en ese enunciado aforístico?

No lo sé, creo nadie lo sabe, científicamente nadie lo sabe. No deja de ser una especulación… Es una medicina, la homeopática, que se basa puramente en especulaciones.

Pero perdona, Eduard, ellos suelen y pueden decir: en especulaciones, claro, cómo no, pero también en resultados. Curamos, y curamos mucho afirman.

Apelan a los resultados, es cierto, pero con esto ya estamos en otro nudo. Como te he comentado antes, si yo cojo un grupo de pacientes A y un grupo de pacientes B, lo que llamamos el ensayo controlado…

¿Ensayo controlado?

El ensayo científico y controlado consiste, actualmente, en lo siguiente: para saber si un medicamento tiene efecto o no, como en medicina siempre se tiene el factor nada secundario del médico, del terapeuta, y del paciente, de la relación médico-paciente y la expectativa del paciente de curarse, si utilizamos el placebo...

Te interrumpo de nuevo. Define o describe placebo por favor.

Placebo es darle a un grupo de pacientes con la misma afección, o a un grupo de personas sanas, dos tipos de sustancias muy distintas. Si lo que se quiere ver es un efecto, siempre se hace antes en un grupo de personas sanas, a las cuales se les dice que van a tener un efecto determinado tras la toma de un fármaco. Les digo, por ejemplo, que van a tener sueño, que se van a poner nerviosos. Con los pacientes ocurre lo mismo con el dolor, incluso en pacientes amputados. Se les da exactamente a ambos grupos la misma capsulita, con la misma forma, pero unas tienen polvos de talco o tienen azúcar, por ejemplo, y las otras tienen el principio activo.

¿Qué resultados se obtienen?

Con el placebo, llegamos a tener, depende del médico que lo da y del tipo de paciente, pero se llegan a tener hasta el 40% o el 50% de efectos positivos, incluso en dolores muy fuertes.

Se llegan a tener, dices, síntomas de mejoría en un 40 o 50% de los casos a pesar de no haber suministrado ningún principio activo.

Sí, efectivamente. Si el medicamento en cuestión es morfina por ejemplo, y experimentamos con grupo de pacientes doloridos, un 30 o un 40% sin tomar nada, sólo con el placebo, se van a encontrar aliviados. Si les suministramos morfina el porcentaje será del 80%.

Lo mismo ocurre con los antidepresivos. Por ejemplo, toda esta historia de la hierba de San Juan, el ipericum. En Estados Unidos fue un boom, se llegó a vender tanto como el Profac.

¿Qué paso?

Se hizo un estudio controlado. Tú das un antidepresivo a un grupo de personas, la hierba de San Juan a otro y das un placebo al grupo restante, y la hierba de San Juan da el mismo resultado que el placebo. Pero el placebo, entre los depresivos, daba un 30% de mejoría. Siempre ocurre así. Actualmente, la eficacia de un medicamento respecto a un placebo hay que medirla siempre con lo que llamamos “tratamiento de doble ciego”.

“Tratamiento de doble ciego”. Hablamos de ello en la próxima entrega.

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