jueves, 8 de octubre de 2009


El escándalo Trafigura es solamente uno de los miles de casos de vertederos ilegales del mundo rico.

The Guardian...08/10/2009


Fue repugnante, monstruoso, inhumano... pero apenas diferente de lo que sucede en África casi todos los días. La compañía de operaciones petrolíferas Trafigura acaba de aceptar pagar una compensación a 31.000 mil personas de Costa de Marfil después de que el Guardian y el programaNewsnight de la BBC obtuvieran los mensajes de correo electrónico enviados por sus operadores (1). Revelan que Trafigura sabía que los derrames de petróleo enviados allí en 2006 estaban contaminados con desechos tóxicos (2). Pero el contratista de Costa de Marfil encargado de bombearlo del buque cisterna lo vertió en áreas habitadas de la capital y del campo. Decenas de miles de personas enfermaron y 15 de ellas murieron (3). Es uno de los peores casos del mundo de exposición a tóxicos químicos desde la filtración de gas de la fábrica Union Carbide de Bhopal. Pero en todos los demás aspectos, el caso de Trafigura es uno más. Solamente otro caso en el que el mundo rico realiza vertidos ilegales.

El día que el Guardian publicó los mensajes de correo electrónico de la compañía, también publicaba un artículo sobre un buque naufragado a 480 metros de la costa italiana (4). Los detectives encontraron el barco por el soplo de un mafioso. Parece que llevaba bidones de desechos nucleares y que la mafia usó explosivos para hundirlo. El informante, Francesco Fonti, dijo que su clan había pagado 100.000 libras para deshacerse de él. Lo interesante de esta historia es que por lo visto los desechos eran noruegos. Noruega es famosa por sus duras leyes medioambientales, pero una carga de desechos nucleares no se pierde sin que algún alto responsable mire para otro lado.

Los fiscales italianos están investigando el hundimiento de otros 41 barcos. Pero la mayoría de ellos no se hundió, como el barco de Fonti, frente a la costa italiana; se perdieron frente a la costa de Somalia. Cuando el gran tsunami de 2004 azotó la costa somalí, lanzó y abrió miles de bidones sobre las playas y pueblos somalíes hasta 10 km tierra adentro (5). De acuerdo con Naciones Unidas, contenían desechos clínicos de hospitales occidentales, metales pesados, otras basuras químicas y desechos nucleares. La gente empezó a sufrir de infecciones cutáneas inusuales, a sangrar por la boca, a tener infecciones respiratorias agudas y hemorragias abdominales (5a). Los bidones habían sido hundidos en el mar, afirmó un portavoz de la ONU, por una razón obvia: a las compañías europeas les costaba alrededor de 2,50 $ deshacerse de esta manera de una tonelada de desechos, mientras que tratar el problema correctamente hubiera tenido un precio “de unos 1.000 $ la tonelada”(6). En el lecho marino de Somalia está la imagen de Dorian Gray de Europa: el esqueleto en el armario del lánguido nuevo mundo que hemos creado.

Las únicas personas que han tratado físicamente de detener estos vertidos son los piratas somalíes. La mayoría de ellos solo se hace a la mar por sangre y botín; pero algunos de ellos han formado patrullas costeras para detener la sobrepesca y los vertidos ilegales de flotas extranjeras (7,8,9). Algunos de los barcos que han sido protegidos de los piratas por el destacamento combinado 151 –la operación policial del mundo rico en el Golfo de Aden– habían ido a pescar ilegalmente o a verter residuos tóxicos. Los barcos de guerra no hicieron ningún intento por detenerlos.

La ley no podría ser más clara: la convención de Basilea, apoyada por las directivas europeas, prohíbe a las naciones de la UE o la OCDE verter residuos peligrosos en los países más pobres (10,11,12). Pero las leyes que no se aplican son inútiles. Por ejemplo, aunque se supone que todos nuestros equipos electrónicos desechados serán reciclados por compañías con licencia para ello, de acuerdo con Consumers International alrededor de 6,6 millones de toneladas de estos salen ilegalmente cada año de la Unión Europea (13).

En su mayor parte se desembarca en el África Occidental. Una investigación hecha por el Mail on Sunday descubrió que ordenadores que habían pertenecido al National Health Service británico eran rotos y quemados por niños en vertidos de Ghana (14). Intentaban extraer el cobre y el aluminio quemando el plástico, con el resultado de que inhalaban plomo, cadmio, dioxinas, furanos y retardantes de las llamas brominados (15). Comprobaciones hechas en otros grandes vertederos ilegales del mundo, como Guiyu en China, mostraron que el 80% de los niños de esa ciudad tenían niveles peligrosos de plomo en sangre (16).

En febrero, colaborando con Sky News y el Independent, Greenpeace colocó un dispositivo de seguimiento por satélite en un aparato de televisión desechado dejado en un centro de reciclaje de Basingstoke dirigida por el Hampshire County Council(17,18). Pasó por las manos de la compañía de reciclaje de la compañía, dirigiéndose luego a los muelles de Tilbury y de allí a Lagos, donde los periodistas lo compraron en un mercado callejero. De acuerdo con las leyes de la Unión Europea, los equipos electrónicos usados solo se pueden exportar si todavía funcionan, pero Greenpeace se había asegurado de que el aparato de TV fuera inutilizable. Un mercado negro dirigido por bandas criminales abandona en los países pobres nuestros desechos electrónicos, pero desde que la directiva europea que prohíbe esta práctica se incorporó a la ley británica en enero de 2007, la Environment Agency no ha hecho una sola acusación (19). Lance su tele vieja por encima de un seto y tendrá graves problemas. Pero lance 10.000 teles viejas en Nigeria y no debe temer que le pase nada.

Si la mafia se estableciera como una fuerza efectiva en este país, lo haría haciéndose cargo del sector de eliminación de desechos. En todo el mundo, la cosa nostra, los yakuza, las triadas, la bratva y el resto ganan gran parte de su fortuna deshaciéndose de nuestras verdades incómodas. A las naciones ricas les conviene –incluso, parece ser, al Gobierno de Noruega – no hacer demasiadas preguntas, siempre que los desechos vayan a países lejanos de los que sabemos poco. Solo cuando la mafia comete el error de hacer los vertidos en su propia costa el Estado se pone quisquilloso.

La historia de Trafigura es una metáfora del capitalismo de las corporaciones. El esfuerzo de todas las empresas es mantener los beneficios y pasar los costes a otro. Los riesgos de precios se pasan a los campesinos, los riesgos de seguridad y salud a los subcontratistas, los riesgos de insolvencia a los acreedores, los riesgos económicos y sociales al Estado, los desechos tóxicos se traspasan a los pobres y los gases de efecto invernadero se pasan a todos.

Otro artículo aparecido el mismo día se refería a la venta hecha por Barclays de 7.000 millones de libras de activos de hipotecas inmobiliarias y las obligaciones de deuda colaterales a un fondo de las Islas Caimán (20). Todos los medios los describieron como activos tóxicos. Todo el mundo entiende la metáfora aunque no lo hayan pensado a fondo: los bancos tratan de traspasar su pasivo mientras se aferran a sus activos. Quizá no resulte sorprendente saber que Trafigura también tiene un hedge fund, o que Lord Strathclyde, líder de los conservadores en la Cámara de los Lores, es uno de sus directivos(21).

Ese partido, como el nuevo laborismo, aboga por la desregulación continua de las empresas. El caso de Trafigura, al igual que la crisis financiera, sugiere que en el mundo de los negocios hay personas lo bastante implacables como para cerrar los ojos ante casi todo si piensan que pueden ganar dinero. El mundo de la empresa sin regulación apenas si se puede distinguir del crimen organizado. Y la regulación cuyo cumplimiento no se fuerce estrictamente es una invitación abierta a jugar con la vida de los pobres. Directivos fastidiosos, el poder del Estado y una burocracia que husmee –las interferencias que todos dicen odiar- son lo único que se interpone entre la civilización y el infierno corporativista.

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