viernes, 2 de octubre de 2009




Publicado por Miguel Jara el 25 de Septiembre de 2009

La Organización Mundial de la Salud (OMS), otrora prestigiosa institución que lideraba todo lo referente a la salud humana, lleva algunos años sembrando dudas en torno a sus actuaciones. Una de las mayores gotas que han colmado el vaso de la paciencia de muchos fue la campaña de marketing del miedo en torno a la gripe aviar de la que la OMS fue inexcusable protagonista en 2005. Recuerden que en aquella ocasión se creó una agencia de la ONU (la OMS pertenece a la Organización de las Naciones Unidas) para luchar contra la gripe aviar. Su coordinador, David Nabarro, nada más estrenarse en el nuevo cargo indicó que por dicha epidemia podrían morir en el mundo 150 millones de personas. Desde entonces han fallecido por el virus de la gripe aviar unas 400 personas en todo el planeta.

OMS

El organismo ha llegado a cifrar en 2.000 millones de personas el número de posibles infectados por la gripe A. Pero hace tiempo que anunció públicamente que dado que analizar caso por caso para comprobar que se trata de A y no de otro tipo de virus de la gripe conlleva el gasto de ingentes recursos, se dejaría de informar sobre los casos confirmados, como publica la revista Discovery DSalud este mes en un especial que ha dedicado a la gripe A. Las administraciones sanitarias comienzan a recular e incluso muchos medios de comunicación que han participado de la campaña de marketing del miedo ahora hacen llamados a la responsabilidad y la calma.

portada

Pero en la OMS no parecen muy preocupados por su pérdida de credibilidad. Supongo que la mayor parte de ustedes desconocen la existencia de un gas natural radiactivo, el radón (Rn), que es la segunda causa del cáncer de pulmón en el mundo, sólo por detrás del tabaco, según la doctora María Neira, directora del departamento de salud pública de la OMS (según la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. el Rn es el primer cancerígeno pulmonar). Bueno, pues la Organización Mundial de la Salud ha dividido por diez el umbral de tolerancia al radón aceptado hasta ahora. Según la Agencia EFE, en un informe publicado en la página web de la organización, la tasa fijada en 1960 de 1.000 becquereles (Bq) de radón por metro cúbico de aire, como límite máximo que puede ser inhalado por un persona al año, es reducido ahora a sólo 100 becquereles. La intención es buena:minimizar el peligro para la salud en los espacios residenciales.

El radón es un gas que surge de la desintegración de otros elementos radiactivos existentes en la tierra, como el uranio-238, y su difusión al aire depende de la permeabilidad del suelo. Este gas radiactivo tiende a acumularse en espacios cerrados y mal ventilados, y se filtra a través de las fisuras, de las tuberías u otros intersticios.

Radon1

En el nuevo documento, la OMS detalla algunas recomendaciones para reducir la exposición de las personas al radón en las viviendas, entre ellas las medidas que se deben adoptar desde el momento de la construcción de los edificios para aislarlos del suelo y reducir las fisuras por donde se filtra el gas. Los expertos aseguran que diagnosticar la presencia de radón en las habitaciones que están en contacto con el suelo (especialmente sótanos) es muy barato.

Por mi parte consultaría al arquitecto especializado en salud ambiental Carlos Requejo, cuyas explicaciones no tienen desperdicio:

Es bueno que se hable del gas radón y que se reduzcan los límites, pero lo mejor es que se cumplan. Esto no ocurre en la construcción, donde más del 50% de edificios europeos superan el nivel legal de radón, y en España peor. Es impresionante el cinismo de la OMS. Hace décadas que hay países con normativa más estricta que la incoherente OMS. Respirar de modo habitual 100 Becquerelios de Rn por metro cúbico es una barbaridad y según los criterios de la Domobiótica no podemos aceptar más 30 Bq/m3″.

Como siempre que tatamos sobre niveles de contaminantes que podemos tolerar los seres humanos hay que tener en cuenta que la única dosis segura -radiactiva en este caso-es la dosis cero.

Respecto a las radiaciones ionizantes, como las del radón, continuaría Requejo, el Reglamento de Protección Radiológica afirma que no existe una dosis inocua.

Según el doctor Neil Cherry, biofísico, epidemiólogo y asesor del Parlamento Europeo, en su informe al Parlamento Europeo (mayo 2000), concluye que el nivel de seguridad de las radiaciones electromagnéticas es cero. De acuerdo a los estudios científicos más relevantes, cualquier incremento de radiactividad por encima de la radiación natural tiene potenciales efectos genotóxicos: afecta al ADN, reduce las defensas del sistema inmunitario, puede ser cancerígeno y daña el patrimonio genético de la vida.

Se habla mucho del riesgo del gas radón en las plantas bajas, los sótanos, los aparcamientos subterráneos, puesto que sale del suelo y al ser seis veces más pesado que el aire tiende a acumularse en las zonas más bajas de las construcciones. Pero no se habla de que la mayor parte de materiales de construcción (hormigones, morteros, ladrillos, esmaltes, gres o granito), son radiactivos por sí mismos y emisores de radón, concluye este arquitecto.

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